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martes, 25 de junio de 2024

01378 Los Bosques

HAY QUIENES PASEAN POR EL BOSQUE Y SOLO VEN LEÑA PARA EL FUEGO


Durante algunos días, cada vez que salía de casa, me topaba con un anuncio en el que se podía leer en grandes letras: “Hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece”. Nunca me fijé qué anunciaba, pero me gustó la frase. Jamás la había oído ni leído, y desde el primer día me llamó poderosamente la atención, además de parecerme genial. Desconozco su autoría. He mirado en ese lugar que todo lo sabe y no alcanza a estar muy seguro. Todo apunta a que se trata de un proverbio. Sea de quien sea y cuando la escribiera, me parece muy apropiada para los tiempos que vivimos.

Esos días, cada vez que la leía, y fueron unas cuantas, me entretenía con su reflexión. El mundo da la impresión de que se desvanece y muere. Nos lo recuerdan cada día las noticias catastróficas que nos llegan de uno y otro lado del planeta, los actos nacidos y promovidos por la maldad humana, las acciones inconcebibles y aisladas de mentes retorcidas y enfermas. Es lo que nos llega cada día y nos ancla en una continua pesadumbre y malestar. Da la impresión de que hay quienes pasean por el bosque y solo ven leña para el fuego.

Y en medio de todo esto, parece que nos hacen olvidar que el mundo sigue creciendo a través de las buenas noticias, de esas noticias que no venden ni interesan, porque están en desuso o simplemente porque no es algo que se lleve en nuestros días. Son los árboles que tanto ruido hacen en ese bosque que va creciendo en silencio. Ese bosque, que es el mundo, lleno de gente solidaria, de personas que trabajan cada día por hacer la vida de los demás más cómoda, gente que se esfuerza por hacer un mundo mejor y en silencio, sin esperar nada a cambio. Sí, hacen más ruido los árboles que cada día van cayendo en nuestro gran bosque, pero con todo, yo, como la inmensa mayoría de personas, seguiré aferrándome y estaré al lado de la gente que, de forma anónima y callada, sigue haciendo crecer el bosque y consiguen que continuemos creyendo en la raza humana.

 




miércoles, 1 de noviembre de 2017

00573 Los Bosques y Arboledas

RECONFORTANTE BIENESTAR




Me resultan parajes excepcionales, amables y entrañables. Sus formas y olores me reconfortan y distraen. Su sonido me anticipa un estado de bienestar. En una ocasión leí que el premio Nobel José Saramago contaba que  su abuelo, antes de morir, fue a despedirse de los árboles del huerto dándoles un abrazo mientras lloraba, porque sabía que no los volvería a ver nunca más. Saramago no llegó a precisar si el gesto de su familiar era de pena o de agradecimiento. Lo más posible es que fuera por ambas razones. Yo, de momento no los abrazo, me limito a contemplarlos desde un permanente y sereno asombro. A pasearlos y coleccionar contrastes como si de un pasatiempo se tratara. Me siento bien entre bosques y arboledas

Siempre he creído que ese estado de reconfortante bienestar era fruto del entorno apacible y envolvente que desprendía el paraje. Pero acabo de leer que hay algo más que una mera percepción personal. En Japón, Canadá, Estados Unidos o Alemania se habla desde hace años de los bosques terapéuticos o sanadores, e incluso hay estudios que versan sobre los beneficios en los sistemas nervioso, circulatorio e inmunológico de las personas que visitan de forma habitual los bosques y que tiene que ver con la inhalación de las sustancias aromáticas que desprenden los hongos, los aceites y las resinas de los bosques. Se trata de sustancias mediadores cerebrales que aumentan la serotonina y regulan la noradrelanina. De hecho, el 80% de la farmacología actual proviene de los bosques.

La próxima vez que acuda a un bosque, que espero sea a no mucho tardar, me abrazaré también a los árboles, no para despedirme de ellos como el abuelo de Saramago, sino para aspirar sus esencias y agradecerles tanto bien.