sábado, 24 de octubre de 2026

01805 El Tomate con Surimi

 FESTIVAL DE COLOR


Esta es la vigésima entrada que le dedico al tomate. Es fácilmente deducible que no es que me guste, sino que me encanta. Y sobre todo en los últimos años que voy descubriendo y catando otras variedades para mí desconocidas. Como reseña, decir que este año en el huerto he contado con quince variedades distintas.

Desde finales del mes de agosto comienza la recolección con los primeros escasos ejemplares que van madurando.. Es a mediados de septiembre cuando llega la gran avalancha tanto para mi regocijo como para el de mis amigos, familiares y vecinos. 

En lo que a mí concierne, desde que maduran los primeros tomates, los consumo a diario. Bien sea en la comida o en la cena, incluso hay días que en la comida y en la cena, pongo en la mesa un plato de este delicioso y sabroso fruto. Además, me creo un afortunado, preparo un plato de tomates variados para mayor disfrute de matices y sabores.

Habitualmente los condimento con aceite y sal. Es más que suficiente. Y por supuesto, el pan para untar que no falte. Alguna vez bromeo cuando digo que me encanta el tomate, como excusa para mojar pan. También es cierto que, sobre todo para cenar, evito untar y soy más cauto con el aceite y la sal. Dicho esto, para variar de vez en cuando, me gusta acompañar al surtido de tomates con algún que otro invitado. Unos días es el orégano, otros el ajo, el atún, un par de huevos cocidos, una lata de sardinillas... o unos tacos de surimi o palitos de cangrejo. Y es que el tomate tiene "amigos" en todas partes.

Cuando acompaño los tomates variados con surimi, algo que acostumbra a ser excepcional, ya que no conviene abusar de este alimento procesado, me encanta su aspecto visual, tan colorista y atractivo. Es el primer reclamo, un gancho infalible que te anticipa que lo mejor está por llegar. Ya lo creo que es así. A mi entender, el surimi le aporta al tomate un sabor suave, casi neutro y ligeramente dulce, que para nada le quita protagonismo al tomate.

En fin, que cuando tengo delante de mí este plato, parece quererme decir, ¡Bienvenido al festival del color! Y entro con mucho gusto.




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