POR LOS PLATOS COMBINADOS
Llegó el día de sacarlas a la mesa. Fue Gloria la encargada de elaborarlas. Como todos los días me fui al huerto por la mañana y al regresar a casa, me encontré sobre la mesa un plato combinado con un aspecto fenomenal. Y es que los ingredientes aportaron lo suyo: anchoas fritas con pan rallado, pimientos de Padrón, piparras, berenjenas fritas enharinadas y las susodichas croquetas.
Comenzamos a comer. Por el rabillo del ojo miraba a mi hija Jara. Su cara de satisfacción le estaba delatando. "Está todo buenísimo, comenté. Y las croquetas de pollo al chilindrón, todo un acierto". Jara se me quedó mirando. Esperaba que coincidiera con mi parecer, cuando pronunció un "me encantan loa platos combinados y mezclar los distintos sabores. Y las croquetas, exquisitas".
Me la quedé mirando, quería contagiarme de su satisfacción. Yo solo pude decir que también me encantaban los platos combinados y sobre todo los platos combinados caseros. Esos que se organizan con sobras y con alguna cosa más. Seguimos disfrutando del plato. Mientras comía pensé que estaba bien compartir gustos, aunque sean culinarios, aunque se trate de un "disfrutón", como dice Jara, plato combinado. La brecha generacional entre padres e hijos cada día la noto más. Ya no tanto, en este caso por mi hija, sino por mí. Los puntos de vista sobre la vida, la sociedad, la política, el cine, la literatura, costumbres, formas de vida... son algunas de las cuestiones en las que observo más, no diré desencuentro, pero sí criterios diferentes. Por eso, aunque un plato combinado, un simple plato combinado, nos implique en el mismo gusto, me hace feliz.
Cada día, creo que ya lo he comentado en alguna ocasión, mi nivel de exigencia para encontrar eso que llaman felicidad, está más bajo. Y es que cada día, se hacen más necesarios este recurso.



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