ESPECTACULAR TOMATE
El tomate azul, también conocido como morado, ha sido este
verano otras de las novedades en mi huerto. Ya había tenido la oportunidad de
probarlo y conocido su excelencia, pero nunca lo había visto en planta en mis
viveros de referencia. Fue en el mes de mayo, cuando fui haciendo acopio de
plantas para trasladarlas al huerto, que en una de las ocasiones me la
ofrecieron. Adquirí diez matas para ver qué pasaba. Sobrevivieron cinco, y a
pesar del calor y de la visita de la araña roja, maleficio de las tomateras, he
podido volver a disfrutar de su característico sabor. No he cogido tanta
cantidad de tomates como de las otras variedades plantadas, pero sí los frutos
suficientes como para darme algún que otro homenaje e incluso compartirlos con
los amigos. También es cierto que les ha costado mucho madurar en comparación
con el resto de las tomateras. Con todo, al año que viene, si tengo fuerzas y humor
para continuar con el huerto, contaré con él. Ya lo creo. Me parece un
espectáculo de tomate. Sus tonos oscuros, entre rojizos, morados y azulados me
han deleitado y atraído en mis días veraniegos de huerto.
Se trata de un tomate sorprendente, de intenso y afrutado
sabor. Su carne, de un atractivo rojizo, es muy jugosa, apenas tiene semillas y
desprende un aroma que recuerda a la ciruela. Su piel es algo más fina que los
tomates de ensalada.
Por lo que he podido leer, “su característico color proviene
de una acumulación de antioxidantes y compuestos que se encuentran de forma
natural en otras partes de la planta, y que esta variedad se va a la piel del
fruto, que se torna azul-índigo dependiendo de la exposición solar. Cuanto más
sol, más color adquieren y más oscurecen, pasan del azul eléctrico al azul
oscuro, luego índigo y al final casi negro, azul muy oscuro”.
Lo dicho, un espectáculo de tomate que ha llegado a mi vida
para quedarse.



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