UN ICONO DE LA PASTELERÍA JAQUESA
Sigo recogiendo en este caleidoscopio vital dulces típicos de nuestra piel de toro. En esta ocasión, se localiza en la localidad altoaragonesa de Jaca, la Perla del Pirineo, y no puede tener un nombre más sugerente; Lazos de Jaca. En síntesis, un dulce elaborado a base de hojaldre de mantequilla y cubierto con yema confitada y en forma de lazo.
Me he reencontrado con esta popular delicia gracias a una
amiga que recientemente vino a cenar a casa y tuvo a bien obsequiarnos con
estos dulces lazos. Fue verlos y removerse el cajón de los recuerdos. Rememorar
aquellos días, lejanos ya, en los que visitar Jaca llevaba aparejada, al
regreso a casa, la adquisición de este icono de la repostería jacetana. Con el
café, mientras saboreaba uno de los tres lazos que me comí, compartí con el
resto de la mesa una anécdota en torno a este pequeño, pero gran pastel. En una
ocasión, en una breve escapada a esta bella localidad por motivos de un
esporádico e infausto trabajo, antes de regresar a casa compré, para obsequiar
a mi madre, una caja de Lazos en la Pastelería La Suiza, obrador donde fueron
creados en 1946. Con mis pasteles en la mano, todavía apuré mi estancia
degustando un café en una céntrica terraza de la localidad jaquesa. Me dirigí
al coche, por aquel entonces un Seat 127 amarillo de no sé qué mano, y cuando
estaba ya al volante, me di cuenta de que no llevaba la caja de pasteles. Me
bajé del coche y corrí todo lo que pude hasta la cafetería que había abandonado
apenas hacía diez minutos. Por aquella época todavía me respondían bien las
piernas y el corazón. Al llegar, me acerqué hasta la mesa en la que había
estado tomándome el café. Vacía, sin gente ni Lazos. Pregunté a los camareros.
No habían visto la caja. Decepcionado, me dirigí de nuevo a La Suiza a comprar
otra caja de Lazos. Al entrar en la pastelería, una amable y sonriente dependienta
salió del mostrador para acercarme una caja de Lazos. Me explicó que me había
dejado la caja al pagar y que cuando se dieron cuenta ya había desaparecido.
Al regresar a casa le conté a mi madre lo sucedido. Tampoco
le extrañó. De estas anécdotas ya sumaba unas cuantas.
Volviendo a los Lazos o Lacitos, como popularmente también
se conocen, además de exquisitos, se me antojan muy atractivos por el llamativo
color y su característica forma. Por lo que leí en una ocasión en un reportaje
con motivo del 75 aniversario de su creación, su elaboración es sencilla,
aunque laboriosa. En síntesis, “hay que preparar el hojaldre, dejarlo descansar
en el horno, cortarlo, darle forma y una vez cocidos los lazos en el horno,
sumergirlos en yema confitada caliente de uno en uno para terminarlos con un
glaseado”. Decirlo resulta fácil, ahora, ponerse a elaborarlos, es otro cantar.
Lo mejor es visitar Jaca y obsequiarte con este delicado manjar.
No obstante, he estado curioseando recetas por si encontraba
alguna que pudiese servir para mis entendederas. Aquí dejo un enlace, que no
digo yo que algún día me atreva a emularlo.
https://www.juliaysusrecetas.com/2015/04/lazos-de-jaca-con-glasa-de-yema.html


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