SORPRENDENTE E INESPERADO
En casa nos encantan las gulas. Siempre hay en el
frigorífico un par de paquetes para algún “por si acaso”. Son un buen recurso y
nos han sacado de no pocos apuros. Acostumbramos a tomarlas en ensaladas, con
huevos fritos, en revueltos o con los tradicionales ajos fritos y sus
correspondientes cayenas. En esta ocasión, las recojo en un cocinado
sorprendente, inesperado e inimaginable; rebozadas. Todo un rico
descubrimiento. Un aperitivo rápido de preparar, crujiente y delicioso.
Fue Gloria la que me sorprendió, de forma inesperada, con esta
inimaginable propuesta a la hora del aperitivo. Es una mujer inquieta, despierta
y muy interesada por el conocimiento, sea cual sea la materia, y la gastronomía
no es una excepción. Ya he comentado en alguna ocasión que se maneja de manera
sobresaliente entre fogones, lo que implica que probemos platos memorables.
De entrada, el plato me llamó la atención. Nunca pensé que
las gulas se pudieran rebozar. Y eso, que yo soy de los que rebozaría y
empanaría todo. Antes de probar el primer bocado, Gloria nos informó acerca del
proceder de la tapa. Aparentemente, tenían un aspecto magnífico. Solo quedaba
probarlas. Cogí el primer haz de gulas rebozadas, lo unté ligeramente en el
alioli, me lo llevé a la boca y… ¡Qué bueno! Un bocado crujiente, sabroso y
sutil. A partir de aquí, fueron cayendo como el que come pipas. No sé a quien
se le ocurrió esta idea, pero vaya desde aquí mi aplauso. Mis felicitaciones a
Gloria se las di en directo.
Ingredientes: 250 gramos de gulas, harina de trigo o de
garbanzo y aceite de oliva virgen extra.
Elaboración: Enharinar un pequeño puñado de gulas y freír en
pequeñas tandas en aceite muy caliente durante unos 2 minutos, hasta obtener un
color dorado. Sacar del fuego y dejar escurrir sobre papel absorbente. Servir
caliente, acompañadas de alioli.
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