TAN IGUALES, TAN DISTINTOS
Regresan los caracoles hasta este caleidoscopio vital, y lo
hacen de la manera que quizás más me gusten; a la llauna. Se trata de una forma
tradicional de cocinar caracoles en una bandeja de hierro, muy típica en
Valencia y Cataluña. Llauna proviene de la bandeja metálica donde se hornean.
Básicamente se busca una cocción que conserve los jugos del caracol y una capa
externa ligeramente crujiente cuando se gratinan.
Recuerdo perfectamente la primera vez que los probé de esta
guisa. Me parecieron deliciosos. Fue en la ya desaparecida Casa Barrau,
en la localidad altoaragonesa de Binéfar, a escasos kilómetros de Lleida,
el reino del caracol, del cargol o caragol catalán. De aquello han pasado más
de una treintena de años, y lo recuerdo como todo un descubrimiento, de tal
manera que siempre que tengo oportunidad de deleitarme con este plato, no me lo
pienso dos veces. Hasta entonces, los había consumido en guisos o simplemente
cocidos en agua y acompañados de un buen alioli.
Ya he comentado en alguna ocasión, refiriéndome al caracol,
que aquí no hay término medio: o se ama, o se odia; la indiferencia no cabe. De
hecho, según he podido leer, mientras en las zonas mediterráneas el caracol es
muy apreciado, en el resto de Europa está considerado como algo “repugnante”.
Aunque pudiera parecer un plato humilde, -si así fue, fue otrora, no en la
actualidad-, los patricios romanos consideraban al caracol como una auténtica
delicia. Sería precisamente durante el Imperio romano, cuando los caracoles
alcanzarían la mayor de sus consideraciones. En la Edad Media perdió el caracol
buena parte de su prestigio, si alguno le quedaba. Ya en el siglo XVII, para
acabar de rematar, Alonso de Covarrubias, en su Tesoro de la Lengua Castellana,
advierte sobre este gasterópodo, “su carne es dura de digestión, y de ruin y
grosero mantenimiento para gentes delicadas”. Será en el siglo XIX, cuando
Antonin Carâreme los introducirá en las nobles mesas, al ofrecérselos al zar
Alejandro I a la bourguignonne, un icono de la cocina francesa.
En la actualidad, Cataluña y Chipre abanderan el consumo de
caracoles en todo el mundo. Precisamente, en la localidad catalana de Lleida se
viene celebrando desde 1980 L’Aplec del Caragol, un encuentro festivo y
gastronómico en torno a la cocina de este pequeño animal. La cita anual se
organiza para finales del mes de mayo, en un intenso fin de semana, con la
participación de 124 peñas, 16.850 peñistas, 200.000 visitantes y una previsión
de consumo de 14 toneladas de caracoles. L’Aplec se inicia el viernes por la
tarde y se prolonga durante el sábado y domingo con verbenas, conciertos,
música, castellers, concursos y un sinfín de actividades. El caracol se cocina
de múltiples formas: a la gormanda, -plato tradicional de la cocina catalana,
especialmente popular en Lleida, que consiste en caracoles cocinados en cazuela
de barro con un sofrito de ajo, guindilla, harina, perejil, y a menudo beicon o
jamón, resultando en una salsa espesa y picante-, a la cazuela… pero la más
popular es a la llauna, a la “lata”, en una plancha metálica plana con asas. “Los
caracoles dejunats, en ayunas, se colocan sobre una lata de uno en uno y boca
arriba, y la lata sobre las brasas. Una vez cocinados, se extraen del caparazón
con un palillo largo, y se mojan con alioli, una salsa hecha a mano en el
mortero con aceite y ajo o a la vinagreta.
“Los caracoles ‘a la llauna’ son una tradición, una fiesta y
un símbolo de la gastronomía de las Terres de Lleida. Esta receta te guiará
para preparar este delicioso plato, al horno o a la brasa, que evoca el
espíritu de las fiestas populares. Simplicidad y cocción directa para disfrutar
con calma y buena compañía”.
Ingredientes para 4 personas (como entrante o picoteo): 1
kilo o 1,5 kilos de caracoles (preferiblemente de la variedad sapenco, ya
purgados), sal gorda (para la base de la ‘llauna’), sal fina, pimienta
negra molida, aceite de oliva virgen extra, opcional para aliñar (hacia
el final de la cocción), 1 cabeza de ajos, un buen manojo de perejil fresco,
un poco de guindilla o pimentón picante (si gustan picantes), un chorrito
de coñac o brandy (opcional).
Utensilios necesarios: una ‘llauna’ especial para
caracoles o una bandeja de horno metálica, pinzas largas (si se hacen a la
brasa), mortero.
Tiempo de preparación: Preparación previa (purga): los
caracoles deben estar purgados (en ayuno) al menos una semana antes. Limpieza
(opcional): 5-10 minutos. Cocción: 15-25 minutos. Dificultad: baja-media
(la principal dificultad radica en el manejo de los caracoles y el punto de
cocción).
Pasos a seguir: Primero, asegúrate de que los caracoles
estén bien purgados. La limpieza externa es opcional: algunos prefieren
cocinarlos directamente para conservar toda su ‘baba’, mientras que otros los
pasan por un poco de agua para quitar tierra o impurezas del caparazón, sin
sumergirlos del todo. Prepara la ‘llauna’. Si no es una ‘llauna’ especial con
concavidades, cubre el fondo de la bandeja metálica con una capa generosa de
sal gorda. Esto ayudará a estabilizar los caracoles y a distribuir el calor. Coloca
los caracoles sobre la sal gorda (o en las concavidades de la ‘llauna’), con la
abertura hacia arriba y bien juntos, para que no se vuelquen durante la
cocción. Aliña los caracoles. Espolvoréalos generosamente con sal fina y
pimienta negra molida. Riégalos con un buen chorro de aceite de oliva virgen
extra.
Cocción: Al horno: precalienta el horno a 200-220°C con
calor arriba y abajo (y si tiene grill, actívalo los últimos minutos).
Introduce la ‘llauna’ en el horno y cuece durante unos 10-15 minutos. A la brasa: coloca
la ‘llauna’ sobre las brasas de un fuego de leña o carbón, a una altura que
proporcione un calor intenso, pero no directo para evitar que se quemen
rápidamente. La cocción será más rápida, unos 8-12 minutos. A media cocción (a
los 7-10 minutos), puedes retirar momentáneamente la ‘llauna’ y, si lo deseas,
añadir un aliño adicional. Una opción clásica es una picada de ajo y perejil
mezclada con un poco más de aceite de oliva y distribuida por encima de los caracoles.
También puedes añadir un chorrito de coñac o guindilla en este momento. Vuelve
a introducir la ‘llauna’ en el horno o a la brasa y continúa la cocción unos
5-10 minutos más, o hasta que los caracoles empiecen a dorarse y su carne esté
cocida y tierna. Sirve los caracoles
inmediatamente, bien calientes, en la misma ‘llauna’ de cocción.

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