Días de parque infantil, de columpio recuperado, de migas de pan, de ir de la mano. Días de ensaladilla rusa y pechuga empanada a la orilla de un río, junto a una fuente o al cobijo de un árbol vestido. Días de paseos solitarios, sin rumbo y sin metas. De olor a brasa y vino viejo. Es domingo.
El sonido es distinto, suena a lento, a casi tardío. Hasta el gesto es otro, hasta los gestos son diferentes. Y las actitudes, y los hechos.
Un domingo es un cuadro inacabado, el párrafo encontrado que le faltaba al verso, el atavío con el que recibir lo esperado, una página en blanco o dos si fuera necesario. Un domingo es el tranquilo café que despertó la mañana no recuerdo cuando.
.