DULCES Y SABROSAS
Durante la limpieza, todavía pude recolectar alguna que otra borraja y alguna acelga. Y lo más de lo más; medio centenar de cebollas tiernas. Aparecieron en un caballón donde el verano pasado había plantado cebollas dulces. Estaban escondidas entre un buen número de hierbas y cardos silvestres. Me di cuenta de su presencia por el característico tallo verde de esta hortaliza subterránea. Rescaté de la tierra la primera cebolla y vi que presentaba un buen aspecto. Se trataba de una cebolla tierna, una cebolla que se recolecta, no era mi caso, de forma prematura, antes de que el bulbo alcance su tamaño definitivo y la planta se seque. Cogí, como digo, medio centenar. Todas las que encontré. Bueno, alguna más había, pero me las cargué sin querer mientras me deshacía de las malas hierbas.
Hay muchas formas de consumirla, pero en casa, como más nos encanta, es cortada muy fina, ligeramente frita y en tortilla. Personalmente, me parece un excelente y humilde bocado. Para sobresaliente, si está acompañada la tortilla con unas rebanaditas de pan tostado untado con tomate, aceite y sal.
No hace muchos días, consumimos los últimos ejemplares. Mal acostumbré mis cenas con su presencia. Y lo cierto es que las hecho en falta.
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