MIGUEL MIHURA
Revisando y archivando fotografías, no puedo por menos que
esbozar una sonrisa cuando he abierto el archivo de la última obra en la que
participé con mis compañeros del Aula de Teatro y Poesía. Bueno, no es ninguna
novedad. Siempre que reviso las imágenes de alguna de las obras que hemos
representado, esbozo una sonrisa, cuando no lanzo una carcajada. Siempre digo,
que la gente que acude a vernos se ríe y disfruta con nuestras propuestas, pero
nada comparado con nuestro deleite. Nos divertimos lo que no está escrito.
Creo que nunca lo he confesado en este caleidoscopio vital.
Soy de naturaleza, tímido, aunque no lo parezca. Pertenecer a este grupo
amateur de teatro leído y dramatizado, me ha servido, entre otras cosas, para
vencer algunos aspectos de mi timidez. Cuando subo al escenario, me olvido de
mis complejos, que no son pocos, y vivo como si fuese mía la vida del personaje
que me toca representar. Hago del apañado escenario, aunque sea por unos
minutos, mi propia casa. Disfruto de cuanto pasa en una ficción que acabo por
creérmela. Y cuando se apagan las luces de la función y la sala se queda vacía,
se me hace un nudo en la garganta. Vuelvo a ser yo.
Ahora estamos en pleno parón veraniego. Es el momento de
otros disfrutes. Ya llegará el otoño, y volveremos a empezar.
No sé por qué he dicho todo esto. Cuando me he puesto
delante del ordenador, mi intención era hablar de la obra de Miguel Mihura, “Milagro
en casa de los López”. Sin más, como una cosa más de las diez mil que me gustan.
He estado tentado de borrarlo e ir al grano. Pero finalmente, he pensado
dejarlo. Lo escrito, escrito está, y en este caso, no hace daño. Así, que de
esta guisa se queda.
Tendría que haber empezado diciendo que “Milagro en casa de
los López”, es una comedia en dos actos, estrenada en el Teatro Talía de
Barcelona el 23 de septiembre de 1964. Se trata de una de las comedias más
espiritualistas, cargada de originalidad, fantasía y arte en los diálogos del
escritor y dramaturgo Miguel Mihura.

Mercedes y Jerónimo son un matrimonio acomodado que vive en
una mansión, encerrados desde hace veinticinco años con la sola compañía de sus
criados, Teresa y Jacinto. Aunque la razón de su encierro voluntario es todo un
misterio, la constante convivencia forzosa los lleva a desear que algo único y
excitante ocurra en su monótona vida. Un inocente deseo al azar, tener gente en
la casa como huéspedes, desata una serie de acontecimientos cómicos y enredos
imposibles. El hecho de que una joven recién llegada a la ciudad, que ha sido
llevada hasta la casa por un misterioso taxista, y con la dirección de la
mansión y los datos personales de los protagonistas escritos en un papel, es el
detonante de una de las más divertidas y surrealistas comedidas de Miguel
Mihura.
MIGUEL MIHURA
Madrid, 1905/1977. Hijo del empresario y actor teatral
Miguel Mihura Álvarez, después de terminar sus estudios secundarios en el
colegio de San Isidoro, abandonó su instrucción académica para dedicarse al
dibujo humorístico en diversas publicaciones, como “Muchas Gracias”, “Buen
Humor” y “Gutiérrez”. En esta etapa compartió viñetas y artículos con autores como
Antonio Lara “Tono”, Edgar Neville o Enrique Jardiel Poncela.
A mediados de los años 30, Mihura comenzó a trabajar en el
cine como guionista y dialoguista, debutando con el cortometraje “Una De
Fieras” (1934), si bien su labor más recordada en la industria cinematográfica
fue la escritura de los diálogos en “Bienvenido Mr. Marshall” (1953) de Luis
García Berlanga.
En los años 30 y hasta 1939 dirigió la revista La
Ametralladora. Unos años después, en 1941, creó y también dirigió la mítica “La
Codorniz”, en la que también escribieron sus amigos Neville y Tono.
Aunque empezó a escribir antes de la guerra, su
reconocimiento fue tardío, pues solo estrenó con regularidad a partir de la
década de los cincuenta: en 1932 escribió Tres sombreros de copa, que no publicó
hasta 1947, y no fue representada hasta 1952 (veinte años después de ser
escrita); se trata de una comedia considerada una de las obras maestras del
teatro humorístico y que anticipa algunos aspectos del teatro del absurdo; en
ella se enfrentan el mundo de las restricciones y convencionalismos y el de la
libertad y la imaginación, tema que será constante en su obra.
Miguel Mihura está considerado como el primero de los
escritores teatrales de humor y ha sido traducido a 14 idiomas. En 30 años, su
producción no alcanza ni la veintena de títulos, aunque eso sí, la mayoría de
enorme éxito. Su ingenio, imaginación y fantasía son inagotables, pero su
severo sentido autocrítico le hizo meditar mucho antes de lanzarse a la
aventura del estreno. Mihura construye meticulosamente sus comedias, equilibra
los actos con técnica perfecta y da a los personajes un aire tan gracioso y tan
certero que resulta un regalo para el espíritu.
REPARTO
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