viernes, 5 de diciembre de 2025

01720 La Tortilla de Berenjenas

TORTILLA OTOÑAL


Está claro que la berenjena me encanta, a tenor de las entradas que le he dedicado en este caleidoscopio vital. En esta ocasión se presenta de forma sencilla y casi desnuda, sin florituras.

El caso es que este año el huerto me ha obsequiado con un buen número de ejemplares y además, de un aspecto de llamar la atención. Durante todo el verano la berenjena ha estado muy presente en mi dieta y yo encantado.

El ciclo del fruto ha llegado a su fin y es el momento de recoger los pocos que quedan en el huerto. En lo concerniente a las berenjenas, las que todavía se asoman en las ya deterioradas plantas, son de pequeño tamaño. Alguna grande también he recogido, aunque bastante maltrecha por la presencia de los caracoles. Este año, los animalitos con la casa a cuestas también han disfrutado, como yo, del huerto.

Siguiendo con mi lema de "aquí no se tira nada", he limpiado bien las moradas lágrimas para abrir la veda de las tortillas de berenjenas. ¡Y cómo las he disfrutado! ¡Qué cenas más gustosas y familiares nos han deparado! 

Se trata de una de mis preferidas tortillas otoñales. Más bien para cenar y acompañada de unas rodajitas de pan con tomate. Me resulta una tortilla cálida y de grato recuerdo. Creo que esta es la última del año. En el frigorífico todavía quedan algunas pequeñas berenjenas, pero me temo que poco o nada se podrá aprovechar ya. Me quedaré y guardaré su regusto hasta la nueva temporada. En cuatro fríos y unos cuantos soles volverán a alegrar el huerto.





miércoles, 3 de diciembre de 2025

01719 De Chiripa

 POR CASUALIDAD


Fue en un viernes de una mañana otoñal, en un paseo sin norte, de los de ver, caminar, vislumbrar y admirar. Y a cada paso, en el silencioso bosque, un crujir de hojas de secas bajo encinas que despedían sus frutos imposible ya de retener.

Detuve mi caminar, me puse en cuclillas y cogí al azar dos bellotas todavía verdes. Me gusta la apariencia de este fruto. Las deposité en la palma de mi mano izquierda y las inmortalicé en una instantánea para mis cosas de andar por casa. Un divertimento como otro cualquiera. Después, las dejé caer de mi mano para confundirse en la tierra con el resto de ejemplares y seguí mi paseo sin norte disfrutando de un paraje que parecía querer abrazarme en cada paso, en cada mirada, en cada aliento.

Al llegar a casa, retomé mi deleite revisando las fotografías realizadas a lo largo de mi paseo matinal. Hay que intentar que las bellas imágenes encuentren su acomodo en la memoria, algo cada día más complejo. Al llegar a las bellotas, algo me llamó poderosamente la atención, y que en su momento me pasó totalmente desapercibido. Una de los frutos sostenía dos minúsculas gotas de agua, dos pequeñas lágrimas de rocío. Observé la imagen detenidamente mientras a mi cabeza acudían algunas reflexiones; lo inadvertidas que nos pasan las cosas insignificantes, hasta el punto de ser incapaces de ver toda su grandeza... o que muchas de las cosas que nos pasan suceden por casualidad o porque la suerte nos ha sido favorable. Vamos, lo que viene siendo de chiripa. Y comencé a pensar, ya puestos a seguir entreteniéndome, en la cantidad de cosas y situaciones que me han sucedido y en las que la suerte oportuna o una casualidad feliz han tenido su protagonismo. Ha sido curioso el resultado, al igual que las dos bellotas con sus dos gotas de rocío.