jueves, 26 de abril de 2018

00670 Los Mercados de Flores

COLOR Y OLOR



En la misma proporción que me gustan los mercados municipales de abastos me encantan los de flores. Afortunadamente, de momento, no soy alérgico a flor alguna, así que entre ellas me encuentro fenomenal. Sus colores, olores, belleza, variedad, disposición y todo su conjunto me atraen de forma especial. Siempre que me topo en alguna ciudad o pueblo con alguno de ellos, tras un pausado y feliz paseo, acabo diciendo lo mismo, "me las llevaría a casa todas".

Se me antojan escenarios donde nada negativo puede pasar. Es como traspasar una línea de dichosa calma y pulcritud. A diferencia de otro tipo de mercados, estos son claros y silenciosos. Los otros, no digo que su bullicio no tenga su aquel, pero estos, los de flores y plantas, me resultan tan armoniosos y bellos que solo puedo rendirme ante su presencia.

Rara es la vez que en ellos no descubro una flor nueva y si no es así, aunque las tenga vistas, me siguen pareciendo excepcionales. En algún momento de este blog ya comenté que no me gusta absolutamente nada ir de tiendas ni mirar escaparates; me agota y acaban con mi paciencia. Pero en este caso, el tiempo no tiene medida y el disfrute no sabe de cansancios.

Sí, me gustan los mercados de flores y de plantas. Me relajan y hacen que me sienta bien. Me alegran la vista y en ocasiones, hasta el corazón.

martes, 24 de abril de 2018

00669 Las Tapas Como Bodegones

IRRESISTIBLES


Habíamos comido como auténticos lechones. Sobremesa larga y una vuelta para "bajar" todo lo que se pudiera,  hasta que el habitual agujero del cinturón recuperara su protagonismo, cedido  a un orificio vecino.

El paseo resultó agradable, pasear por Bilbao siempre es agradable, hasta que el agua de lluvia, como no podía ser de otra manera, nos invitó a recogernos. Era pronto en la tarde noche, así es que decidimos tomar una caña en un establecimiento que querían mis hermanos que conociéramos por su originalidad decoración. Y alli que nos fuimos. Pedí para variar un café americano que tuve que cambiar por una caña tras la invitación de mi hermano a que me asomara a la barra. Sobre una tabla de teja negra se exponían dos tapas que me parecieron dos bodegones.

Mis ojos se quedaron prendados de su colorido, contenido y presentación. De mi estómago quería salir una voz para decirme, "no te atreverás, no hagas lo que estoy pensando". Me fijé atentamente en ese pan de cristal ligeramente bañado en tomate y sobre el que descansaban unos pimientos asados cortados en finas tiras y acompañados de dos buenos lomos de boquerón en suave vinagres y unas anaranjadas, aperladas y refrescantes huevas de trucha. Examinada la pieza,  me pareció oír de nuevo esa voz interior, "no, no lo hagas; basta por hoy". No me pude resistir. El arte nunca puede caer en la indiferencia. Gustará más o menos, pero nunca caer en manos de la indiferencia. Y este, me atrapó.

El establecimiento en cuestión lleva por nombre "El Origen" y se encuentra junto al parque Doña Casilda y el Museo de Bellas Artes de Bilbao. El lugar resulta muy acogedor. Una cascada de agua te da la bienvenida. Bien de precio para una grata y acogedora estancia.



lunes, 23 de abril de 2018

00668 Imaginar Caras de Felicidad

INUSITADA ALEGRÍA

Mi Iphone me transmite que de memoria va justito y que espabile, que le libere de imágenes, videos, y si es posible, que elimine alguna que otra conversación de was. Vamos, que en cualquier momento me dirá directamente que pasa de mí. Así que voy a ser obediente y dedicaré unos minutos a ello.

Empiezo por el was, y sí, es verdad, tiendo a eliminar pocas conversaciones. Esta, esta, esta otra, y un par de grupos bien activos. En cuanto a los vídeos, muchos de ellos ni los he visionado. Algunos son muy largos, "vídeos pereza", así los llamo. No dudo de su calidad, ni de su contenido,  ni de su puesta en escena, ni de su mensaje, pero no encuentro nunca esos tres, cuatro e incluso cinco minutos para prestarles atención. Lo siento, pero "sí deseo eliminar este vídeo".

Ya por último, las imágenes. Hace poco hice limpia y no sé cómo, vuelvo a tener 2.093. Las descargo al ordenador y desde aquí haré la selección. Mientras van pasando reconozco encuentros familiares, el fin de semana en Escalante, Cantabria, unos huevos fritos, chistes y memes, paseos por la Sierra de Guara, otros huevos fritos, playas, acontecimientos profesionales en Sariñena, viajes recientes de amigos, elaboraciones gastronómicas, más huevos fritos, nevada en Huesca y Los Monegros, plantas y flores, y sí, más huevos fritos con patatas y jamón.

Media docena de imágenes de huevos fritos enviadas por otros tantos remitentes. De algunos sé el motivo del envío, de otros, simplemente, las han enviado junto a un "buenos días, iniciamos bien el día" o "si te apetecen, todavía estás a tiempo". Miro las imágenes atentamente y estoy en condiciones de afirmar, que pocas hay en un plato que alegren más la vista y el espíritu que unos huevos fritos en compañía de algún predicamento y sus correspondientes patatas fritas. Y hasta puedo imaginar la cara de felicidad de los autores de las fotografías. Porque unos huevos fritos no se comen con desgana, se hace con alborozo e inusitada alegría, como si de una fiesta se tratara. No es cualquier cosa. Se trata de unos huevos fritos, de la humildad gastronómica hecha deleite y satisfacción.

domingo, 22 de abril de 2018

00667 Suma Sencillez

ALCACHOFAS CON CEBOLLA

En la cocina, como en la vida misma, no hay que indagar mucho para sacarle un buen sabor. Nos podemos complicar la vida todo lo que queramos, faltaría más, pero no olvidemos que en las cosas simples y sencillas también podemos encontrar un buen acomodo para el bienestar.

Pienso esto mientras disfruto de unas amables alcachofas de la buena y vecina tierra navarra. Ni salteadas siquiera. Solo con ajo y cebolla. Suma sencillez, máximo deleite.

Son unos buenos ejemplares y están en su justo punto de maduración. Una vez limpias y dejado al descubierto sus "corazones", partidos por sus mitades, en lugar de hervir la hortaliza, la cocinaré al vapor; que quede tersa y con todo su potente sabor.

Aceite de oliva virgen en una sartén, fuego lento, unos dientes de ajo cortados a láminas y una cebolla también cortada, serán más que suficiente para el posterior maridaje con las alcachofas. Que la cebolla pierda lentamente su blanquecino color y muestre su transparencia. Sin prisa, como un recreo. En ese mismo instante se incorporan los tersos corazones con el añadido de medio vaso de agua de su cocción. Sigue el fuego lento hasta la práctica evaporación del agua. Sal al gusto.

No hay más para el máximo deleite desde la suma sencillez.






jueves, 19 de abril de 2018

00666 El Pastel de Tía María Engracia

COMO UN SANDWICH VEGETAL PERO A LO GRANDE


Quienes habitualmente siguen este blog, saben que me gusta tunear el nombre de las recetas y sobre todo, ponerles nombres propio; los nombres de quienes me enseñaron a hace la elaboración culinaria tras la consiguiente degustación.

En esta ocasión, y ahora que ya empieza a apetecer tomar platos refrescantes, traigo hasta aquí un delicioso y fresco pastel al que en casa se le conoce como el "Pastel de la Tía María Engracia". Fue ella quien nos lo ofreció en un viaje relámpago a Torredembarra donde mi hermana estaba pasando el verano. Hacía calor y lo recuerdo con auténtico agradecimiento. Entró en el paladar como un alivio.

Al parecer se trata de un pastel muy popular pues cuando lo he traído a colación, siempre hay alguien que me dice que lo hace y aporta una variación. Pero la base, la forma y la delicia en el paladar sigue siendo la misma que la de aquella primera vez. No obstante, la patente para mi unidad familiar sigue siendo para mi hermana.

El último que hice constaba de los siguientes ingredientes: pan de molde, atún en escabeche, aceitunas verdes sin hueso, pimiento rojo, anchoas, pepinillos, lechuga, mayonesa y tomate rallado.

Su preparación no puede ser más sencilla. En un bol vamos depositando el atún desmigado, las aceitunas cortadas en cuatro partes, tiras de pimiento rojo, anchoas troceadas y los pepinillos también troceados. A continuación, incorporamos una mayonesa, casera, o cualquiera de las excelentes mayonesas que encontramos en los supermercados, y mezclamos bien. Reservamos. En una fuente cuadrada o rectangular, cubrimos su base de tomate natural rallado y sobre él, vamos colocando piezas de pan de molde. Las untamos de mayonesa y a continuación, cubrimos los panes con la masa que hemos preparado previamente y terminamos la operación cubriendo todo con lechuga cortada muy fina. Repetimos la operación dos o tres veces en función de la altura de la fuente. La última capa de pan de molde la untamos con tomate natural rallado y tal cual, introducimos la fuente en el frigorífico por espacio de tres o cuatro horas como mínimo. Antes de servir a la mesa, desmoldamos el pastel de la fuente sobre una bandeja y en la parte superior, que recuerdo estará el tomate impregnado al pan, acabamos con mayonesa y lechuga bien menuda. Solo restará cortar unas porciones y servir. Mi hermana, a la que le encantan las buenas presentaciones, creo recordar que tapaba los bordes del pastel también con mayonesa y que la lechuga la colocaba en torno al mismo y no encima del pastel. Enfín, fuera como fuese una auténtica delicia.

Y ya lo siento hermana, pero un amigo al que agasajé con tu pastel en una cena, y que el resto de comensales si nos descuidamos, ni lo probamos, cuando hace referencia a él, lo denomina "El pastel de Fernando". Pero que conste que yo reivindico tu autoría.







miércoles, 18 de abril de 2018

00665 Los Cogollos

CON ANCHOAS

Y si son de Tudela, de verdad de la buena, mucho mejor. Hoy los acompaño con unas anchoas de Santoña, mañana con un buen boquerón y otro día con salmón, por poner algunas notas de color. Resulta curioso pero todavía recuerdo la primera vez que los vi, caté y alabé. No sé el motivo, pero mi memoria pez así quiere que sea. Fue en Alerre, en su ya desaparecido restaurante, en la década de los 80 del siglo pasado. Dicho así, parece que le doy más prestancia a mi flaca memoria. Allí estaba, por aquel entonces, mi amigo "Baby" sorprendiéndonos en cada visita que hacíamos. Cuando no era una salsa, era un producto o una especialidad que no dejaba de asombrar. Era algo distinto a lo que estábamos acostumbrados. Y fue en una de esas visitas cuando fui sorprendido con unas "lechugas pequeñas", tiernas y sabrosas, acompañadas de unas anchoas. Me pareció muy original, como todo lo que allí se hacía.

Me gustan los cogollos, es cierto, pero no es menos cierto que no me gustan todos. Anda que no he dejado veces sobre el plato, casi sin tocar, especímenes con el apelativo de cogollo, duros o amargos, a los que no había por donde meterles el diente. Los que me gustan son los de Tudela, una variedad de lechuga arrepollada, bañada por las aguas del río Ebro, algo más grandes de lo habitual, de hojas de un verde intenso y de corazón casi amarillo.

Ahora que salimos de los fríos, comenzaré a tenerlos en cuenta en mi dieta diaria con sencillos "apaños" que iré compartiendo en este lugar. Esto es solo un anticipo.


martes, 17 de abril de 2018

00664 Los Dibujos en el Café

LATTE ART

Que estamos rodeados de arte en el más amplio sentido de la palabra, no me cabe la menor duda.  Donde menos te lo esperas, alguien nos sorprende con alguna genialidad o creación que no nos deja indiferente. Y es cosa de agradecer. 

En alguna que otra ocasión, a través de un reportaje televisivo, suplemento dominical o incluso mediante un was de los que merece la pena conservar, he tenido conocimiento de las filigranas que profesionales de la hostelería son capaces de hacer en los cafés con leche o cortados, ayudados de la espuma de la leche. Dibujos perfectamente estudiados y largamente practicados para añadir al servicio un plus digno de aplauso. A esta suerte artística se le denomina "Latte Art".

Leo que el origen de esta técnica es incierto y que desde el siglo XIX los baristas italianos decoraban sus espressos con figuras mezcla de la espuma y la bebida. A finales del siglo XX, ya había toda una tradición del arte latte en cafeterías de Milán, Italia y del norte de Estados Unidos. 

Esta "divertida y original" forma de presentar el café con leche o cortado cuenta con dos técnicas: el vaciado, donde cuentan la gravedad y el movimiento estratégico para los trazos, y el etching, que utiliza herramientas como paletas y cubiertos para dibujar la bebida. Según los expertos baristas, el arte de dibujar sobre un espresso no es solo moldear el líquido y la mezcla del café con la crema o la leche; se requiere que el café esté preparado a la medida y temperatura exacta.

Como ya he dejado escrito en este recopilatorio de cosas que me gustan, yo soy de café americano. Rara vez se me podrá ver tomando un café con leche o un cortado, pero estaría dispuesto a hacerlo con más frecuencia solo por ver las filigranas que los artistas del latte art pueden llegar a desarrollar. Huelga decir que mi compañero comensal que se tomó el cortado que ilustra esta entrada se lo tuvo que tomar frío, tras pasar por los ojos del resto de compañeros de mesa. Incluso hubo quien se arrepintió de no haber pedido un cortado y así lo hizo después de ser atrapado por el vistoso dibujo sobre el café.