lunes, 19 de febrero de 2018

00646 Las Citas a Ciegas

CON LOS LIBROS


Desde la biblioteca municipal de Sariñena se nos propone para estos días una “cita a ciegas con un libro”.  Una original idea que cumple su tercera edición y que en esta ocasión también cuenta con los lectores más pequeños. Tras una selección de medio centenar de títulos, en su mayoría de autores poco conocidos o menos prestados, los ejemplares son envueltos en papel de regalo. Se puede decir que son libros “sorpresa”, que no se descubren hasta que el lector los ha solicitado. Según la bibliotecaria del centro, Luisa Casañola, “la temática es muy variada y se da la oportunidad a nuevos géneros y autores, así como una segunda oportunidad a determinados libros”.

Con esta iniciativa se pretende que el libro encuentre su lector y que el lector encuentre su libro.  Me gusta la propuesta de mantener una cita a ciegas con los libros. Nunca se me hubiese ocurrido una cita a ciegas con la palabra, el sentimiento, el verso, la tradición, la fantasía, la intriga, el amor o el desamor, el apego, la confesión, la vivencia personal... y además, una cita envuelta en papel de regalo. Nada se sabe de ellos, ni de su decir, ni una reseña, ni un sugerente título, ni una portada que nos pueda atraer o atrapar. Nada, solo que están allí en espera de una cita.

Una cita atractiva y poco arriesgada, que ya no estamos para sobresaltos ni para aventuras descontroladas.




00645 Los Pimientos Asados con Ajo

VERSATILIDAD

Recojo aquí la versión más humilde de los pimientos asados; simplemente con ajos. Humildad, sabor y versatilidad para una propuesta gastronómica, que en una ocasión leí cómo era clasificada en el apartado de "cocina para novatos". Y así es, este puede ser un buen principio para que cualquiera se pueda familiarizar con la cocina, cogerle el gusto y disfrutar de uno de sus muchos aromas.

Tan sencillo como asar unos pimientos al horno, quitarles la piel y las semillas de su interior y trocearlos en tiras longitudinales. Freír en una cazuela unos ajos en aceite de oliva virgen, si nos gusta el picante podemos incorporar un par de cayenas,  y cuando estos empiecen a coger color, añadir los pimientos y sazonar. Cocinar unos minutos a fuego medio, y como se dice ahora, y ya.

No queda más que disfrutar y saborear de tan sencillo preparado. Como aperitivo, entrante, a modo de montadito, como acompañamiento a carnes y pescados, en ensalada, para un pica pica, en verano,  en invierno o en las estaciones intermedias, en comidas, cenas o para matar el gusanillo entre horas. Siempre a mano y siempre dispuestos.


domingo, 18 de febrero de 2018

00644 Pajaritas Marineras

PAJARITAS DE PAPEL

Volaron o se las llevó el aire. Quisieron conocer mundo, respirar otros aires con sabor a sal y espuma blanca o llevar perfúmes de verde albahaca a un hogar donde el recuerdo las aguardaba. Bajaron de su verde pedestal del paseo de un parque para para jugar con el vaivén de la libres olas o llevar los juegos de una infancia todavía deletreada."¡Oh pajarita de papel! Águila de los niños con las plumas de letras sin aplomo y sin nido".

Volaron para quedarse a jugar con el mar, con un  niño y un barco de madera.

En el parque Miguel Servet de la capital oscense se localiza uno de los símbolos de la ciudad de Huesca. Se trata de una obra del artista oscense Ramón Acín, (1888-1936) que dejó como legado a su ciudad natal: el monumento a Las Pajaritas. Dos grandes y blancas figuras de papiroflexia dispuestas una enfrente de la otra y que se asientan sobre unos cubos. "Cuando el Ayuntamiento de Huesca dio a conocer el proyecto de construir un parque para la ciudad, Ramón Acín escribió un artículo en el Diario de Huesca (6 de junio de 1927) elogiando la idea, y pensando, como sensible pedagogo que era, en los niños. ´Las aguas, las escuelas, los árboles. He aquí los tres problemas capitales de la ciudad. Todo para los niños; la higiene, la cultura, la alegría y la salaud. Los niños son la única esperanza de un mañana mejor".

Ramón Acín fue ilustrador y diseñador gráfico, pintor y escultor, autor de numerosos artículos en prensa y revistas de Huesca y Barcelona, profesor de Dibujo en la Escuela Normal de Maestros, pedagogo renovador y destacado militante anarcosindicalista. Fue fusilado en Huesca el 6 de agosto de 1936.


viernes, 16 de febrero de 2018

00643 El Conejo al Ajillo

DE CHUPARSE LOS DEDOS

En algún momento de este caleidoscopio vital he dejado constancia de mi gusto por esta carne y compartido alguna receta. Así que iré directamente al grano e intentar que desde aquí llegue el olor de una de las recetas con pedigrí de arraigo y tradición: el conejo al ajillo. Uno de esos guisos, y sin que sirva de precedente, obligado comer con las manos y chuparse los dedos. Y no lo digo como una frase hecha sino literal: chuparse los dedos para acabar de saborear esa película viscosa que se queda impregnada en ellos y que sabe a delicia.

Todo lo que suena a ajillo me resulta fenomenal, pero si le unimos el conejo, es una cosa ya bárbara. Pensando, pensando puede que fuera una de las primeras cosas que aprendí a elaborar. Su sencillez y resultado debieron atraparme. Hay varias maneras de hacerlo, según se tenga por tradicional costumbre. A partir de la base, conejo y ajos, hay quien le añade unos cuadraditos fritos de patatas, hierbas, pimienta, caldo de carne... todas las propuestas son buenas, No obstante, como más me gusta es sin añadiduras; bueno, con un chorrito de vino blanco. Así lo aprendí en su día y así lo hago, pero incluso hasta el vino puede sobrarle. Lo importante y la gracia del guiso está en los ajos y en su lenta cocción.

Así que manos a la obra. Cubrimos de aceite virgen de oliva la base de una tartera o sartén grande. Todavía en el frío aceite, echamos una decena de dientes de ajo pelados y comenzamos a guisar con el fuego muy bajo. Dejamos que se vaya aromatizando el aceite con los ajos y cuando estos empiecen a dorarse, incorporamos las piezas del conejo, previamente bien troceadas, sazonadas y pasadas por harina. Subimos ligeramente el fuego y dejamos que el conejo se vaya haciendo y tomando color. Fundamental, que no se nos quemen los ajos. Cuando el conejo está casi a punto, añadimos un generoso chorro de vino blanco y dejamos que el guiso ligue la salsa. También fundamental, sin prisas, despacito. Ya está. Solo queda chuparnos los dedos.





jueves, 15 de febrero de 2018

00642 Los Espárragos

SIEMPRE AGRADECIDO

Bienvenida sea esta planta y verdura al listado de gustos y querencias. ¡Qué buena aliada también en la cocina y qué cómplice es en días de nada! Porque a ver, ¿qué despensa que se precie no tiene una lata de espárragos a la espera de su oportunidad? Amigos del jamón y de las menestras, de los huevos escalfados, de ensaladas, de pasteles de verduras, de puddings, de pinchos y de mayonesas. Y para qué contar cuando llegados los meses de febrero y marzo aparecen en los mercados los frescos espárragos nacidos en tierras navarras, riojanas o aragonesas.  Hervidos y servidos templados con aceite y sal. Sin más. De pecado.

Se dice que los espárragos son muy apreciados ya desde la antigüedad, tanto por sus usos culinarios como por las propiedades medicinales que posee. Con un mínimo aporte calórico, dado su bajo contenido en hidratos de carbono, los espárragos son un alimento imprescindible para una dieta sana en cualquier ciclo de la vida. Poseen vitaminas A, C, E, B1, B2 y B6, además de antioxidantes y minerales como el hierro, calcio, fósforo y sodio. Contribuyen a la formación de glóbulos rojos y son un gran depurativo.

No obstante, y seguro que mientras esto lees te ha venido a la cabeza, algún pero tienen que tener. Y es que algunos de sus componentes se metabolizan y excretan en la orina, dándole un inconfundible y "ligero" olor un tanto desagradable. Pero se le puede perdonar. ¡Son tan buenos y sabrosos!

Ah! y qué decir de su uso como botiquín casero de primeros auxilios. Siempre recordaré, siendo niño, cómo unos espárragos ayudaron a desincrustar de mi garganta una espina de pescado. ¡Qué mal lo pasé! Y qué aliviado me sentí cuando los espárragos, no sé en qué número, consiguieron arrastrar la espina. Aunque solo sea por esto, siempre agradecido al espárrago.

miércoles, 14 de febrero de 2018

00641 Regresar a Casa

DECIR GRACIAS

Ya está todo hecho. Al menos así lo creo, aunque siempre me queda la sensación de que me falta algo por hacer. Mientras recojo repaso lista. He esquivado un par de golpes bajos y saltado alguna que otra zancadilla, mis propósitos siguen firmes, he tendido la mano a quien me la ha solicitado, me he puesto en otros pellejos para entender el sentir de otras pieles, he despistado al desánimo y le he dicho a la soledad que no estaba, he apagado las luces y puesto la alarma, he aprendido de otro reír, llevo los cordones atados y anotado tres frases nuevas, la paciencia e impaciencia siguen conmigo, he confesado mi ignorancia y realizado un par de llamadas para decir te recuerdo, me he tocado el corazón para comprobar que latía, he aplaudido un gesto y hasta leído un poema. Con todo, me sigue quedando la sensación de que me dejo algo por hacer.

Vuelvo a repasar y creo que ya está todo por hoy, solo me queda regresar a casa. Volver al punto de partida, recuperar ese momento en el que me quité las zapatillas. Calzarlas de nuevo para pisar un suelo seguro y de cobijo. Todo está bien. Se hace necesario que todo esté bien. Afuera hace frío. Lo puedo leer en el cielo entre las líneas de un colorido atardecer. En casa se está bien. Lo puedo percibir por las risas, los pasos descalzos, los sonidos de diario y un olor que reconforta mi ser.

Desde el sillón miro tras los cristales cómo el cielo se ruboriza en bello espectáculo. Mientras tanto, en casa, los minutos del día vencido pasan, pasan y pasan como si no importaran nada. Todo está bien. Hasta el silencio se encuentra a gusto y bien.

Vuelvo a repasar... y sí, me faltaba algo; decir gracias.





martes, 13 de febrero de 2018

00640 Al Buen Producto...

... DISIMULO ALGUNO

Pocas ensaladas conozco tan generosas en sabor y sencillez como la compuesta por tomate, cebolla y aceitunas negras, aunque en mi caso, hasta estas últimas sobran. Una ensalada que nos ha acompañado durante toda la vida y que no necesita presentación ni explicación alguna más allá de la relación personal con ella. Con su simple visión comienzan los recuerdos, que como no podía ser de otra manera, se inician en la cocina de mi abuela Genoveva. En esas improvisadas cenas antes del regreso a casa en las que había que comer algo sí o también. Aún puedo escuchar las palabras de la abuela, "cómo os vais a marchar sin cenar, preparo cualquier cosa y cuando lleguéis a casa, un vaso de leche y a la cama". Y allí que se presentaba mi abuela con unas "chullas de jamón", unos huevos fritos y una ensalada de tomate, cebolla y aceitunas negras arrugadas, pongo por caso.

A partir de ese momento, se agolpan más visiones que localizo en Hecho, en comidas campestres, en el huerto o traídas de instantes de antojos. Y es que es una ensalada, como dice una amiga, "rica y apañada". Estoy totalmente de acuerdo. Es de esas ensaladas que solo necesitan de un buen producto, nada de apaños ni disimulos. Solo producto, buen producto, y dejar que actúe el singular sabor de los alimentos. Una ensalada sin trampa ni cartón. Sin red, a cuerpo descubierto. Un buen tomate, de la huerta oscense o de la vecina Barbastro y su color rosa, a ser posible; cebolla, de Fuentes; de aceitunas negras no opino porque no las cato, las aparto, es el único alimento que todavía no he podido superar; un buen aceite de oliva virgen, con cuerpo, de los de almazara cercana; y sal. Bueno, y ya puestos a levitar, un buen pan para mojar y un vaso de vino para acompañar este otro mínimo momento de felicidad.