miércoles, 17 de mayo de 2017

00482 Las Últimas Nieves

CUANDO EL SOL ANUNCIA RETIRADA


No es un adiós, es un hasta luego desvestido del frío invernal. Una promesa necesaria que volverá a pintar horizontes para mí inalcanzables. Recuerdos de un ventanal abierto a tantas mañanas de aires norteños que posaron sobre las cumbres un vistoso manto blanco de mariposas que dejaron allí en descanso sus diminutas alas.

Recrearos ojos en el último descanso por este año, en el último aliento invernal antes de que las crisálidas emprendan de nuevo su vuelo y dejen al aire la milenaria piedra. Estampa soñada al cobijo de una lumbre que no cesa. Admiro, remiro y suspiro entre la luz de un sol que anuncia retirada.

No es un adiós, es el hasta luego de un paisaje que penetra en el alma. Las últimas nieves se desvanecen para ser agua, río y vida. Mi mirar se despide emocionado con un sentido hasta la vista mientras el ventanal se cierra despacio, suavemente, en señal de cortesía.





00481 El Queso

UN REGALO DE LOS DIOSES


No sé por dónde empezar. Enumerar los que me gustan resultaría un castigo de memoria y escritura. Me gustan todos, aunque con algún tipo de queso disfruto más que con otro. Citar el que podría ser mi preferido sería tan injusto como la pregunta trampa de a quien quieres más a papá o a mamá. Decir que me alimentaría solo de queso, ya está dicho. Y que un momento de placer lo encuentro delante de un surtido de quesos, un buen pan, un buen vino y una grata compañía, también dicho queda.

Está clara mi devoción por el queso, una querencia que me acompaña desde niño, aún cuando por aquel entonces el muestrario al que podía acceder era muy limitado. Pasados algunos años, cuando con mi familia nos trasladábamos a Francia o Andorra y visitábamos unos grandes almacenes, mientras mis acompañantes adultos dedicaban su tiempo de ocio a comparar precios con España de artículos varios, yo me perdía entre las vitrinas dedicadas a los quesos y sus olores. Grandes, pequeños, triangulares, envasados, con aromas, de bola, que no sé por qué me hacían tanta gracia, tiernos, curados, de colores, de aspecto horrible pero que seguro tenían que estar de vicio, curados, tiernos, cremosos, de hierbas, ahumados, con especias..... era mi quesoland particular. Pasados algunos otros años, es decir, en la actualidad, sigo con la misma práctica y entretenimiento. Tengo debilidad por el muestrario de quesos y descubrir nuevos sabores.


Hubo un tiempo, cuando comía o cenaba fuera de casa, que mi postre consistía en queso. Me gustaba acabar con unos trozos de queso. Sin predilección, el que me ofrecieran en el restaurante en cuestión.Si no tomaba queso parecía que no había comido o cenado. Dejé de seguir esta apetitosa costumbre por los continuos decires de los comensales. ¿Te has quedado con hambre? ¿No has tenido suficiente? Yo que no soy de muy replicar, me limitaba a mirar los platos de mis compañeros de mesa, con sus natillas, tartas de chocolate, flanes o lo que hubiere. Pareciera que el plato de queso era más contundente.

Algo tendrá el queso cuando para los antiguos griegos este alimento "era un regalo de los dioses".







lunes, 15 de mayo de 2017

00480 La Alegría

SENCILLA CALIDEZ


Cada vez que veo una alegría no puedo dejar de recordar a mi madre. Cómo disfrutaba de su presencia y del contar de sus flores y cómo también, cuando por una causa u otra comenzaba a mustiarse hasta desaparecer, que era cada año, repetía, "no puedo tener alegría ni en maceta". Para estas cosas era de un sentenciar tremendo.

Nunca he tenido en casa una alegría en maceta. A veces, por ese maternal recuerdo, he estado tentado en adquirirlas pero finalmente he declinado el intento. A pesar de lo que dicen de sus sencillos cuidados, siempre me ha parecido una planta complicada de sacar adelante. Quizás sea por la pretérita experiencia. Si la tengo ahora es fruto de la casualidad y de la generosidad de Juan. Un día traeré a Juan hasta este caleidoscopio vital. Es un ser fantástico, un héroe anónimo que sin él saberlo me regala cada día una lección de vida. El caso es que entre sus aficiones está la jardinería. Tiene buena mano y un magnífico lugar donde cuidarlas. El día que conocí por primera vez su vergel, y de ello hace casi dos meses, de todas las formidables plantas que engalanan el espacio, una me atrajo especialmente; una hermosa y florida alegría con diminutas flores rojas. Me acordé de mi madre y su sentencia y no pude dejar de esgrimir una sonrisa. Desde ese entonces la visito todos los días. Me gusta fumarme un cigarrillo mientras la observo. Me relajo en su mirar.

Hace pocos días le pedí a Juan si podía cogerme un esqueje de su alegría. Me dijo que los que quisiera y cuando me disponía a cortar uno para llevármelo a casa me chistó, seguido de un "espera y acompáñame". Fui tras él hasta una maceta grande donde había trasplantado recientemente unas alegrías. De un cuarto próximo sacó una maceta pequeña donde alojó una de las plantas recién trasplantadas. Unos treinta centímetros de alegría con nueve flores. Huelga decir la ilusión que me hizo.

Cuando llegué a casa la coloqué en la terraza siguiendo las instrucciones de Juan. Que tenga luz pero que no le de el sol directo y sobre todo, cuando esté en plena floración, no dejes secar la tierra, que siempre tenga humedad. De momento parece sentirse a gusto y hasta me da la impresión de que ha crecido. Eso sí, no la llamo alegría sino miramelindo, por si acaso.









jueves, 11 de mayo de 2017

00479 Una Maqueta Muy Especial

MONASTERIO DE VILLANUEVA DE SIJENA



La casa que viera nacer al teólogo y científico Miguel Servet fue convertida en 2002 en un centro de interpretación para el conocimiento de la vida y obra del sabio aragonés. Su visita al completo centro expositivo es ya de por sí un atractivo aliciente, ya no solo por los importantes fondos bibliográficos que atesora, sino por facilitar el acercamiento a la figura de este inquieto hombre del siglo XVI interesado por la astronomía, meteorología, geografía, jurisprudencia, teología, física, matemáticas, anatomía o el estudio de la Biblia y cuyo reconocimiento posterior se debió a su trabajo sobre la circulación pulmonar.

Desde hace un mes, a todo lo dicho, se ha sumado un nuevo, elaborado y curioso encanto: una maqueta a escala del Monasterio de Villanueva de Sijena, Monasterio femenino de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, fundado el 25 de abril de 1188 por la reina Sancha de Castilla, esposa de Alfonso II el Casto, rey de Aragón. La autoría de la impresionante maqueta es de los miembros de la Asociación Belenista de Fraga, quienes a partir de una fotografía del año 1975, imágenes aéreas y distintas investigaciones, han conseguido recrear un día cualquiera en los inicios y esplendor del monasterio.

Marcial Yusá, presidente de la Asociación Belenista de Fraga, me contó que la maqueta, en su origen, sirvió estas pasadas navidades para albergar un Belén y cuya escena del Nacimiento se ubicaba en el interior de un molino de harina que suministraba a las 600 personas que por aquel entonces dependían del monasterio. Todos los años, desde hacer 38, la asociación confecciona maquetas para belenes y pasadas las fechas navideñas, abandonan o destruyen. En esta ocasión, y dada la envergadura del proyecto, se determinó cederla al Ayuntamiento de Villanueva de Sijena, que finalmente decidió instalarla en la Casa Natal de Miguel Servet.

Según me dijo Marcial, el número de horas invertidas en la confección de la maqueta es incalculable. Se trabajó en ella desde el mes de agosto todos los sábados por la tarde y algunos días más de extra hasta bien entrado diciembre. Solo para su montaje en su nueva ubicación fueron necesarios cuatro días.

La maqueta no escatima en detalles y el espectador se pierde en ellos entre signos de admiración: Doña Sancha y su hija, caballeros de la Orden de Malta, cuerpo Real de la reina, palomas sobre los tejados, un fructífero huerto, el Palacio Prioral, la Iglesia Monacal, el claustro, ábsides y arquivoltas, monjes y hermanas trinitarias... y un toro abrevando en unas cristalinas aguas, tal y como narra la leyenda y la tradición. Según se cuenta, el emplazamiento escogido para construir el monasterio, fue una isla que se encontraba en el centro de una laguna cercana al río Alcanadre y donde aparecía la Virgen de la cercana iglesia de Sijena, la Virgen del Coro. Trasladada en repetidas ocasiones a su emplazamiento en la iglesia parroquial, esta siempre volvía a la isla, por lo que la reina Sancha, enterada del acontecimiento, ordenó levantar un monasterio en su honor en el centro de la isleta. El hallazgo de la imagen fue obra de un toro que separándose del rebaño, se acercaba una y otra vez al lugar. Por cierto, las figuras que salpican la maqueta también son nacidas de las manos de los miembros de la asociación fragatina.

En síntesis, un monasterio en miniatura que recrea la vida en torno a una joya arquitectónica aragonesa y en la que se imaginan unos bienes culturales y patrimoniales ajenos a su posterior expolio.













miércoles, 10 de mayo de 2017

00478 A la Segunda Va la Vencida

CHURROS DE PATATA CON PARMESANO


Vi y aprendí su elaboración en el facebook de mi prima María Pilar. Me llamó la atención su sencillez y aparente buena pinta. Me hizo gracia la propuesta, hice acopio de ingredientes y me puse manos a la obra. No tenía patatas suficientes, así que opté por hacer un puré con copos de patata. Añadí los ingredientes que indicaba la receta, introduje la masa resultante en la churrera, calenté aceite y empecé a hacer los churros. ¡Qué churro de churros salieron! ¡Qué desperdicio! ¡No había por donde cogerlos! No merecían ni una triste foto para muestra del desaguisado culinario. Los comimos.  En casa no tiramos nada, pero qué despropósito. De sabor no estaban mal, pero de aspecto eran horribles.
Al día siguiente volví a visionar el vídeo. La cosa estaba meridianamente clara. Había que hacerlos con patata natural y conseguir una masa homogénea, suave y consistente. Reconozco que para según qué cosas soy algo terco. Una elaboración tan sencilla como esta no podía vencerme. Adquirí patatas y seguí paso a paso y sin más añadiduras, las indicaciones del vídeo.

Primero los ingredientes: 1 kilo de patatas, 160 gramos de queso parmesano rallado, 2 huevos, 6 cucharadas de leche, 2 cucharadas de Maizena, sal, pimienta y aceite para freír.

Cocí las patatas, las machaqué bien con la ayuda de un tenedor y les fui añadiendo el resto de ingredientes. Mezclé bien hasta conseguir un puré suave y consistente. La masa resultante tenía mejor aspecto que la del día anterior. Iba por buen camino. Rellené la churrera con la masa y empecé a hacer churros sobre la sartén con aceite bien caliente. En esta ocasión, la masa del churro no se "espachurraba" y se le podía dar la vuelta en la sartén con suma facilidad. La cosa prometía. Salieron ocho apetitosas, crujientes y doradas roscas. 
Cuando llegaron las niñas a comer y vieron los churros sobre la mesa, en los ojos se les dibujaron chiribitas y en sus bocas una exclamación: "¿Churros para comer?. Sí, churros de patata con queso parmesano, acompañados con una salsa de tomate picante de bote. Dimos buena cuenta de los churros. Creo recordar que solo quedó una rosca que no llegaría a la cena. Eso sí, cada rosca una bomba de relojería. 

Mereció la pena y una vez más se cumplió el dicho de "a la segunda va la vencida"






martes, 9 de mayo de 2017

00477 El Cielo Se Pinta Solo

A GRANDES TRAZOS


Me gustaría conocer a quien pinta el cielo. Hace tiempo que deseo conocerle, pero por más que busco, todavía no he dado con él. No sé si es un artista desaliñado o de punta en blanco con pañuelo al cuello. Si se ha formado en una escuela de Bellas Artes o es autodidacta. Si es introvertido o un engreído de sí mismo. No sé nada acerca de él. Sólo sé que me gusta lo que hace y que daría todo por beber de sus mismas fuentes.

Su paleta de colores no tiene precio. Maneja los azules como nadie sabe hacerlo, intensos, descuidados y hasta rasgados. De sus grises qué decir, su estado de ánimo le delata. En ocasiones suaves, de ligero abatimiento y serena templanza en contraposición a las pinceladas de oscuro enfado y enfrentado desafío que casi da miedo mirarlo. Entonces no le busco. No quiero conocerlo. Bastante tengo con los de aquí abajo. Preferiría encontrármelo cuando pinta el cielo de imaginación y fantasía y con un sol que quiere despedirse del día. O cuando los añiles pugnan por sobrevivir entre los blancos y la luz parece adormecida. Pero donde más admiro su maestría es cuando dibuja mares de quietas olas sobre una tierra inexistente. Lo que daría por acompañar su brazo y sentirme parte de ese trazo medido y acertado.

Hoy ha pintado el cielo desganado. No sé si es un boceto, algo abstracto o fruto también del cansancio. También me gusta. No sé que ha intentado, pero también me gusta. Es el color, la primera impresión al observarlo lo que me ha dejado cautivado.

Una vez más, como tantas otras veces,  he buscado al pintor entre el color y  las nubes,  y no lo he encontrado. Será que el cielo se pinta solo, a grandes trazos.

lunes, 8 de mayo de 2017

00476 De Vez en Cuando

MUNDANOS PLACERES


De vez en cuando aprieto las articulaciones de los nudillos de las manos para averiguar si todavía emiten sonidos y si el dolor se hace todavía soportable. De vez en cuando me imagino en otra piel y sentir su olor más cercano. Por imaginar, imagino que soy feliz y apuesto por saber a cuantos contagio.

De vez en cuando, muy de vez en cuando, hago como que no siento, que soy ajeno, que no sufro ni padezco. Hablo solo aunque esto suponga, por un desacuerdo, meses sin hablarme. De vez en cuando me hago el tonto para no quitar la razón al listo.

De vez en cuando digiero un suspiro para que no lo enfríe el aire. Entorno los ojos y los defiendo de una realidad que ciega. De vez en cuando mezo los sueños entre sábanas floridas, que descansen, que se hagan fuertes ante lo que se avecina.

De vez en cuando, muy, muy de vez en cuando, me regalo una dicha; un plato de embutidos, con  pan con tomate. Sin abusar, despacio, con deleite, saboreando, poco a poco, pacientemente, disfrutando de un venial pecado que purgaré con su ausencia en sucesivos meses.

¡Qué bien sientan los "de vez en cuando", si estos vienen de la mano de mundanos placeres!