miércoles, 15 de agosto de 2018

00778 Las Frambuesas

LAS FRESAS DEL BOSQUE

Fruta hermosa de aspecto y deliciosa de sabor. Sugerente, apetitosa, llamativa y extraordinaria. Dicen que consumir una taza de frambuesas frescas al día aporta al individuo la cantidad diaria suficiente de proteínas, calcio, potasio o vitamina B9. Además, es rica en antioxidantes naturales, fibra soluble, ácido fólico y vitamina C.

Popularmente es conocida como la fresa del bosque. Crece con mayor frecuencia en claros de bosques o prados, en especial donde el fuego o las talas han dejado un espacio abierto para que medre esta colonizadora oportunista.

La madurez de las frambuesas llega con los meses de verano y otoño; es la mejor época para consumirla en fresco. Para elegir los mejores ejemplares y de calidad es necesario que presenten colores rojos intensos, la piel tersa y dura, y grosor considerable.

En la mesa, su sabor agridulce, así como sus aromas a frutos rojos del bosque hace que resulte un ingrediente muy a tener en cuenta en postres y dulces, además de ser una gran aliado con las carnes rojas y sus diferentes salsas.

Las frambuesas que ilustran esta entrada fueron adquiridas mientras dábamos un paseo por la hermosa localidad portuguesa de Faro. Era mediodía cuando transitábamos por el apacible casco antiguo de la localidad. Un joven anunciaba de forma sonora la venta de este agradable y sabroso fruto. El hambre todavía no había llamado a nuestros estómagos, pero al oír la palabra "framboesa", se encendieron las alarmas. Para qué decir más cuando vimos los recipientes de frambuesas y los hermosos ejemplares de este fruto que allí se exhibían. El paseo por las calles de Faro, ya de por sí grato y encantador, se tornó dulce y aromático.

Mi próximo reto en el huerto, plantar frambuesos. A ver qué pasa.




martes, 14 de agosto de 2018

00777 La Ensaladilla Rusa

CON UNAS HOJAS DE LECHUGA

Me sorprende que hayan pasado cuatro veranos desde que iniciara esta aventura doméstica y que uno de los platos estrella de la época estival todavía no dejara su registro en este caleidoscopio vital.

Me da la impresión de que con la llegada del verano, la ensaladilla rusa se convierte en un festival. De tapa en la barra de los bares, de ración en una terraza o chiringuito, en el camping, en la nevera para acompañarnos a cualquier excursión y su correspondiente comida campestre... Bien fresquita, sabrosa y untuosa, siempre es bienvenida la ensaladilla rusa.

De ella, entre otras muchas cosas, me gusta su informalidad. No conozco dos iguales; parecidas sí, pero no idénticas. Es de las elaboraciones gastronómicas realizadas al gusto y tradición de quien la prepara. Obviamente, hay dos elementos base de toda ensaladilla rusa: la patata y la mayonesa. Y a partir de aquí, todo un mundo de posibilidades y explicaciones. Que si guisantes, zanahoria, espárragos, atún, judías verdes, pimiento rojo, anchoas, aceitunas, huevo duro, pepinillos... y hasta cebolla. La ensaladilla rusa todo lo soporta.

En casa, la experta en ensaladilla rusa es Gloria. La borda. Dice que la clave está en una buena patata y cocinarla al vapor en lugar de hacerlo en agua hervida. A partir de aquí, una buena y compacta mayonesa,  y cuatro ingredientes: aceitunas, anchoas, atún y  pepinillos. Al frigorífico, y a la hora de servir acostumbra a acompañarla con unas hojas de lechuga. Me parece deliciosa.

El origen de este popular plato es bien curioso. Su nombre original es ensalada Olivier. Una de las teorías más divulgadas sobre la ensaladilla rusa es la de un cocinero belga de origen francés llamado Lucien Olivier. Según se cuenta, Olivier emigró a Rusia en el año 1860 para abrir un restaurante de alta cocina en Moscú, en las proximidades del Hermitage. En su restaurante Olivier ofrecía lo mejor de la gastronomía francesa y no tardó en triunfar gracias a la aristocracia zarista y a los grandes intelectuales que aquí se reunían.

En el menú, la estrella era una ensalada denominada "mayonesa de caza", que luego cambiaría el nombre por el de "Salat Olivier". La receta estaba compuesta por carnes de caza, caviar, lengua de ternera, trufa, pepinillos, patatas cocidas y aceitunas. Y todo cubierto con una mayonesa.






lunes, 13 de agosto de 2018

00776 Que la Vida Fluya

ES EL TIEMPO


Llevo ya consumidos unos cuantos cigarrillos intentando decidir si me gusta o se trata de una necesidad. Una me va y otra me viene. Al final, la necesidad me dice que,  sin miramientos, inscriba esta actitud en el listado de las cosas que me gustan. 

Sigo sin estar muy convencido. Pero igual es el tiempo de dejar que la vida fluya y dejarse llevar por ella. No forzar, no esperar, no ansiar, no ir contra corriente, no esforzar, no estancar en aguas inútiles, no más. Ya me lo conozco y también su final. Igual es el tiempo dejarse llevar por un agua ilusionada entre verdores, arroyos y cómplices murmullos de hojas y ramas, de aire y espumas blancas. Igual es el momento de dejarse llevar en volandas y no pisar tierra hasta que aparezca una luz dorada. Hasta entonces, que la vida fluya entre abrazos, caricias, algún que otro te quiero  y palabras que sanen el alma.


domingo, 12 de agosto de 2018

00775 Las Albóndigas de Choco

ESPECTACULARES

Se trata de un delicioso manjar, por lo menos así me lo parece, de la gastronomía tradicional onubense. Conocí esta delicia en mi primer viaje a Huelva y me fascinó. 

De entrada, me llamó la atención ver en el mercado de "El Carmen" puestos dedicados única y exclusivamente a la venta de chocos, que no son otra cosa que los ejemplares jóvenes de sepia. Esto y cómo una buena parte de los cefalópodos que se vendían, una vez limpios, se servían tras ser pasados por una picadora de "carne". Mientras miraba atentamente los trajines de los vendedores, pregunté a una clienta sobre el destino gastronómico del choco picado. La respuesta  de la amable señora fue rápida y contundente: "Para hacer unas riquísimas albóndigas". Y antes de que pudiera volver a preguntar y como si la señora hubiese adivinado mi pensamiento, me trasladó cómo las hacía ella. Tomé buena nota de sus pormenorizadas explicaciones, compré un par de chocos que pesaban casi medio kilo, pedí que los picaran y al día siguiente nos pusimos manos a la obra siguiendo las indicaciones de la atenta señora. Y efectivamente, estaban riquísimas. Delicadas, sabrosas, sorprendentes y, en una sola palabra, espectaculares.

Solo las como cuando voy a Huelva. En Huesca ni se venden chocos ni se pica el pescado. Se podría, digo yo, hacer las albóndigas con sepia y picarla en casa con la ayuda de un robot de cocina. Pero lo cierto es que ni siquiera lo he intentado, aunque en alguna ocasión he estado tentado de hacerlo.

Esta es la receta facilitada por la atenta señora aquel día en el mercado, con algún añadido aprendido con el tiempo.

Ingredientes para la masa de albóndigas: Medio kilo de chocos picados, dos dientes de ajo, un huevo, 150 gramos de miga de pan,  un manojo de perejil y sal Ingredientes para la salsa: Una cebolla, 150 ml de vino blanco, una cucharada de pimienta y sal.

Comenzamos haciendo la masa para las albóndigas. Para ello, al choco picado le añadimos el pan, el huevo, los ajos, el perejil, la pimienta y sal. Mezclamos bien, damos forma a las albóndigas y las rebozamos en harina. A continuación, freímos las albóndigas en aceite de oliva y reservamos.

Para hacer la salsa, comenzamos por pochar la cebolla sin que llegue a dorarse. Cuando la cebolla está pochada, se le añade el vaso de vino,  el pimentón y un poco de pimienta blanca molida (si se desea, se puede también añadir un vaso de caldo de pescado) y dejamos reducir. Incorporamos las albóndigas y dejamos cocer a fuego lento por espacio de unos diez minutos. Listas para servir.


Igual las tenga un tanto idealizadas, pero me parecen espectaculares.









sábado, 11 de agosto de 2018

00774 Las Casas con Chimenea

CASAS CON ENCANTO

Cuando visito alguna localidad del norte de la provincia de Huesca, impulso de pasión, rara es la ocasión que no regreso con alguna imagen de una casa con chimenea, si no son varias de ellas. No sé por qué, pero me atraen de forma decidida. Algo hay en ellas que fijan mi atención. Es uno de mis sueños, de mis muchos sueños, quizás demasiados, que me acompañan sin molestar, sin hacer ruido; tener una casa con chimenea.

Estéticamente me resultan fascinantes y muy atractivas. En ocasiones, con el dedo pulgar, el que todo lo tapa, juego a hacer desaparecer la chimenea de mi campo visual. Aún cuando el edificio de noble piedra pudiera mantener su atractivo, sin la chimenea es como si le faltara el alma a la casa, como si fuese el desatino de un olvido. Nada que ver.

Y es entonces cuando empiezo a imaginar escenas cálidas en una cocina, en un salón o en una bodega. Escenas de alargadas mesas repletas de comensales, de una familia aprendiendo a convivir, de una pareja hablando del porvenir, de alguien solitario que ha encontrado el retiro buscado. Imágenes cálidas de mañanas con olor a pan y noches de pasión bajo una chimenea que todo lo alivia y que nada se guarda.

No sé qué tienen las casas con chimenea que tanto encantan.




miércoles, 8 de agosto de 2018

00773 Las Judías Verdes

JUDIETAS Y VAINAS


Ya tenía ganas de coger las primeras vainas del huerto, aunque de momento su recolección ha sido más bien escasa. Algo no habré hecho bien. No sé si las planté tarde, si notaron mi ausencia durante un par de semanas, si  las habré  regado poco, mucho... el caso es que me he quedado un poco con las ganas. Esperaré a ver qué pasa en la segunda floración.

Los ejotes, porotos verdes, vainicas, judietas o vainas, como también se le denomina a la judía verde, me resultan un bocado delicioso. De sabor y textura especial, sobre todo si son de calidad y cocinadas al vapor. Las disfruto. Y a partir de aquí, de cualquier manera. Solas con aceite, o con una simple picadita de ajo, en menestra, en ensalada, estofadas, con algún que otro alimento bien avenido... Algunas de mis recetas favoritas de judietas verdes están ya recogidas en este caleidoscopio vital.

Y hablando de vital, es la judía verde, tras la leche,  uno de los primeros alimentos que se incorporan a nuestra alimentación. Nuestro primer contacto con el mundo de los vegetales y las legumbres mediante nuestros primeros purés. Y es, como no, protagonista de las primeras peleas en torno al "no me gustan", "que te las comas". También protagonista y buen ayudante en el objetivo de perder peso, como lo es en las imágenes de recuerdos domésticos: Una cocina, las manos de una abuela o una madre y  unas verdes vainas despojadas de una fina hebra antes de ser introducidas en el agua hirviendo. Y como siempre, un olor inconfundible que delataba qué había para comer.

La buena fama generalizada de esta hortaliza por fuera y legumbre por dentro la tiene bien ganada. Las judías verdes tienen pocas calorías, con alto porcentaje de agua y apenas contienen grasa. Cuentan con un notable aporte en fibra y es rica sobre todo en vitamina C, vitaminas del grupo B. Ejercen un efecto muy positivo sobre los niveles de azúcar, regulan el colesterol y es un buen antioxidante, además de ser unas grandes aliadas contra la hipertensión y la eliminación del exceso de líquido en nuestro organismo.

Según la mayoría de los historiadores, las judías verdes proceden del continente americano y se incorporaron a la alimentación europea en el siglo XVI.




martes, 7 de agosto de 2018

00772 La Panceta

A LA BRASA

Que digo yo, que tomarla de vez en cuando no puede sentar mal. Si además está cocinada en unas buenas brasas, no en unas brasas cualesquiera, sino en unas brasas hechas a conciencia, mimadas y reposadas, nada pernicioso puede traer.

Por otro lado, si para que no se encuentre sola y triste la acomodamos sobre una rebanada de pan tostado ligeramente en la misma brasa y frotamos sobre él un ajo y le añadimos un buen aceite de oliva y sal, digo yo que en peores plazas habrá toreado. Y si para rematar la faena, la acompañamos con un buen vaso de vino, bueno dos, que no contaba con el anónimo y cosechero, hasta puede que se encuentre  más feliz y distraída.

Y por añadir algún argumento más, si llega a tu alcance de forma improvisada, en una noche placentera, para dar cumplimiento a un encuentro entre amigos, entre risas, cantos y brindis, cómo puede remorder la conciencia.

Ah, bendita panceta! Con lo rica, buena y apañada que eres. Eso sí, con moderación, para no liarla.