martes, 19 de septiembre de 2017

00529 La Ensaimada de Mallorca

Y LA OTRA, TAMBIÉN


Por la puerta de casa ha entrado una gran ensaimada, en su blanca caja de cartón, recuerdo de Mallorca. Ni sé los lustros que hace que no sabía de su sabor. Igual cuarenta años, de cuando estuve con mi madre en esa preciosa isla visitando a un hermano que cumplía allí su servicio militar obligatorio. Puede que en alguna ocasión más cercana en el tiempo degustara bocado. Rebusco en mi memoria y algo me quiere decir, aunque no acabo de visualizar el momento. Sí en cambio,  recuerdo esas tres ensaimadas rellenas de cabello de ángel, unidas por un cordel para mejor viaje, que nos trajimos a la península para obsequiar a la familia.

Esta que ha entrado por la puerta de casa no estaba rellena. He echado en falta el almibarado cabello de ángel, pero estaba rica y sobre todo, después de escuchar los avatares hasta comprarla de quien la ha traído. Si estaría buena que ha durado un visto y no visto en la caja. Suave, dulce en su justa medida, tierna y deliciosa.

Mientras la ingería me ha venido a la memoria esa otra ensaimada rellena de nata que en mis tiempos de infancia, como premio a alguna bondad, me obsequiaba mi madre o las adolescentes amigas de mis hermanos en la Granja Anita de Huesca. Recuerdo que eran unas ensaimadas de las de relamer. Nada de comer a bocados. Primero había que relamer la generosa blanca nata que sobresalía de entre las tripas de la dorada y horneada masa. Y su olor, un penetrante olor a leche azucarada que en ocasiones, al paso de alguna heladería o pastelería, reconozco como si el recuerdo que narro hubiera pasado  hace un rato. Esas sí que ya no las he vuelto a probar más. Benditos recuerdos.

Siento curiosidad por conocer el origen de tan afamada ensaimada de Mallorca y esto es lo que leo: "Las primeras referencias escritas de este popular postre se encuentran en documentos del siglo XVII. Fue toda una revolución encontrar indicios de ensaimadas en ese periodo histórico, ya que el destino común de la harina de trigo era el pan y no los postres".

La primera vez que se encuentra escrita la palabra ensaimada es en un "receptari" compuesto por 139 recetas del fraile Jaume Martí Oliver. También aparece en el libro del Archiduque Luis Salvador sobre las tradiciones mallorquinas "Las Baleares por la palabra y el grabado". En esta obra se describe la ensaimada como "una pasta típicamente mallorquina, que acostumbran a tomar las clases media y alta en el desayuno o merienda o como postre en el almuerzo".

La auténtica ensaimada mallorquina cuenta desde el año 1996 con la Denominación específica y desde 2003, con la Indicación Geográfica Protegida.








00528 Cuando la Luz se Abre Paso

INESPERADO HUÉSPED


Hubo un tiempo, hace muchos calendarios ya, que me inquietaba. Su visión me producía escalofríos y sin saber por qué, conseguía, sin yo ser consciente, que me recogiera como un ovillo. Pero con todo, el fenómeno natural, lejos de que me resultara indiferente, ejercía sobre mí una atracción especial. A pesar de la inquietud y del escalofrío que me atenazaban, mis ojos siempre buscaban un hueco entre mis dedos para contemplar tan magnífico espectáculo. Supongo que en mi zozobra algo tendrían que ver algunos libros de esa época infantil y la presencia ilustrada de  un enorme ojo que desde el cielo todo lo vigilaba y controlaba.

Ahora, cuando la luz se abre paso entre grises y un cielo apesadumbrado, no puedo dejar de sonreír  a aquel niño asustado ante tamaña demostración de fuerza vital y cálidas sensaciones. Más allá de la espesura de los días hay luz. Solo se precisa esperar, permanecer esperanzado a la llegada de su presencia. Llegará sin previo aviso, como el inesperado huésped que llama a tu puerta por sorpresa y lo ocupa todo solo con su trazada figura.

Ya no temo a la luz desparramada caída desde ese cielo que no alcanzo. Ya solo me sobrecogen los días sin esperanza.






viernes, 8 de septiembre de 2017

00527 Las Terrinas

DE INTENSO Y PROLONGADO SABOR


Nunca en mi vida he elaborado una terrina. Solo sé de ellas que me encantan y que cada vez que tengo la oportunidad de probar alguna, sea cual sea el contenido de su elaboración, me acuerdo de una que hacía mi madre de liebre. La recuerdo como algo excepcional, como excepcional era que la prepara. Dependía de si los cazadores que por aquel entonces había en casa, tenían la fortuna de regresar del campo con alguna de esas piezas. Desconozco cómo la hacía. Solo recuerdo que sobre la alicatada cocina siempre había un pequeño recetario de cocina de caza cuyas enseñanzas seguía al pie de la letra. Recetario que junto con otros de diversa índole y materias, conservo como oro en paño. Algún día los enseñaré por aquí. Me parecen unas auténticas joyas que me apetece compartir.

El resultado de la terrina me parece muy sugerente y sabroso, aunque como en todo, hay elaboraciones, por su contenido, que me satisfacen más que otras. Su intenso y prolongado sabor, presentación y esporádica degustación la hacen más atractiva a mis sentidos, si cabe.

Cuentan que el origen de la terrina se remonta a los banquetes del Imperio Romano donde era habitual realizar combinaciones de alimentos como la terrina de queso, higos y castañas. A partir de allí, la terrina fue evolucionando de acuerdo con los gustos y variedad de alimentos de cada lugar. El término terrina da nombre tanto al recipiente en sí como a las preparaciones que se elaboran en su interior. Las más clásicas suelen realizarse a base de paté de carne, -cerdo, ave o caza-, si bien, hoy en día, las podemos encontrar con pescados, mariscos, verduras e incluso frutas, cuajadas gracias al uso de gelatina. Hago observar que los puristas,  este tipo de terrinas,  no las consideran como tales.

Así, en líneas generales, la terrina es un recipiente, generalmente rectangular, de barro, cerámica o hierro esmaltado, dentro del cual se ponen alimentos para su cocción y conservación. Por extensión o costumbre se dio el nombre de terrina a la preparación que va en su interior, generalmente compuesta de carnes picadas, molidas y troceadas con acompañamiento de hierbas y especias.

Las terrinas que ilustran esta entrada fueron adquiridas en Francia, el land de las terrinas. Qué decir cómo estaban.










 .

jueves, 7 de septiembre de 2017

00526 Entre Imágenes

PRINCIPIO Y FIN


Entre imágenes apenas un instante, un fugaz pensamiento dedicado a la vida y a lo que pueda venir o  una mirada esperanzada que se fue tras los surcos labriegos. Todo cambia en la incesante sucesión de amaneceres bajo un cielo de vida. Simiente, fruto y cosecha. Expectación, contemplación, recolección. Y entre imágenes van pasando los días.

Arco iris que no vi, oraciones y plegarias que no escuché, sudores que no vi secar, ansiedades de las que no participé, también están impresas entre imágenes. Lo puedo adivinar. Así ha sido siempre y así lo será. Principio y fin de cualquier espera. Inicio y final de todo ciclo vital.

Miro y no comparo. No hay por qué comparar. No es saludable confrontar. Ni cara ni cruz. Ahora cruz y después cara y lo que sea será. Y entre imágenes los días pasan asidos a cualquier esperanza.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

00525 Cuatro Quesos

DELICIOSA


Si, tal y como ya he dejado constancia, me gusta el queso, y del mismo modo he dejado escrito mi gusto por la pizza, la respuesta es evidente; la pizza que más me gusta es la denominada "Cuatro Quesos". Aunque si bien lo pienso, lo digo por decir, porque la realidad es que me gustan todas. Bien es cierto, que si me paro a pensar, puede que esta variedad haya sido la que más he demandado cuando he tenido la oportunidad de elegir. Además, esta tiene su particular ritual cuando la degusto. Si se trata de otras pizzas, las como tal y como lo hace el común de los mortales. Es decir, partida en triángulos y ñam, ñam. Pero la de "cuatro quesos", no. Tiene su particularidad. La saboreo y disfruto en circunferencia. Es decir, comienzo por el borde de la masa y me dejo el centro para el final, para el último bocado, donde se dan cita y confluyen los sabores de los quesos. Mortal de necesidad. Es una manía. Una manía bien rica. Tengo que decir que la ingiero de esta forma cuando estoy en la intimidad. Cuando estoy con otros comensales pongo en práctica el uso tradicional de los triángulos y les ofrezco a su degustación como marcan los buenos modales.

Mi combinación favorita de quesos para una pizza es la de mozzarella, azul, gouda o provolone y parmesano. Lo que daría ahora por tomarme una pizza de cuatro quesos. Se me está haciendo la boca agua con solo mirar las fotografías que pasan ya a formar parte del archivo de los recuerdos. Pero no, vamos a portarnos bien. Hoy no toca. Solo para días especiales con gente especial. Hoy solo es 6 de septiembre. Pero qué buena está la condenada.

lunes, 4 de septiembre de 2017

00524 Tan Cercano

TE ECHO DE MENOS


Este año no ha tocado. Pero no importa. Guardo tu silencio, tu horizonte y tus brisas de otros años. Te observo inmóvil en la adivinanza del ir y venir de unas olas que parecen querer jugar con mi encuentro. Y te recuerdo callado y feliz en los atardeceres que dibujaban despedidas. Te echo de menos. Es cierto. Pero no importa.

Te imagino lamiendo la arena deseosa de tu abrazo, entregada a tu llegada sin sorpresa. Y sonrío con la espuma, que tejiendo filigranas, se desvanece en un suspiro sin ver su obra acabada. Respiro hondo y concentrado por si llega tu olor, ese olor que en la distancia se torna perfume incontrolado con esencia a sal y tintes verdes y azulados. Hasta puedo oír el acompasado romper del agua que se convierte en sinfonía cuando el mirar se hace vagabundo. Es la historia de siempre, ¿te acuerdas?, tan conocida y placentera.

Este año no ha tocado. Pero no importa. Te siento tan cercano que hasta parece que acabas de borrar mis huellas de una arena no pisada en un amanecer que llegará mañana.

domingo, 3 de septiembre de 2017

00523 Los Rollitos Primavera

CHUN KUN 春卷


Hubo un tiempo en el que la comida china me volvía loco. Me gustaba frecuentar "murallas chinas" y similares. Resultaba accesible a mi deteriorado bolsillo y disfrutaba con sus singulares sabores. De primero o entrantes, dos rollitos primavera. Luego, dependía de la apetencia de mi o mis acompañantes. No tenía predilección alguna. Todo me parecía bien. Eso sí, de primero o como entrante, dos rollitos primavera y su correspondiente salsa de color piruleta.

Con el tiempo comenzaron a circular "leyendas urbanas" en torno a este tipo de establecimientos, que no reproduciré ahora para no echar más leña al fuego, lo que hizo que mi asidua acompañante rechazara la comida asiática. En las últimas décadas, se pueden contar con los dedos de una mano las veces que he comido en un restaurante chino. La última ocasión, en Barcelona, donde mi hermana María Engracia, conocedora de mi debilidad por esta comida, me invitó a comer a un restaurante asiático. ¡Cómo disfruté!

Volviendo a lo que me ocupa, el rollito primavera, la primera vez que supe de su existencia fue, precisamente, en la Ciudad Condal, hace igual cuarenta años. Fue en un bar filipino que abría sus puertas en la calle Padua. Los servían como aperitivo y allí que me iba cuando tenía oportunidad a tomarme un par de rollitos con una cerveza. Me parecían exquisitos. Ahora bien, si tengo que ubicar mi top del rollito, inexcusablemente tengo que poner la chincheta en un restaurante chino, no sé si todavía existirá, al que solía ir en mi estancia en Bilbao y que se encontraba en la calle Elcano. A pesar del tiempo transcurrido, todavía puedo reconocer su sabor y su crujir. Los bordaban.

Ahora me tengo que conformar de tiempo en tiempo con los rollitos primavera que ofrecen los supermercados. Nada que ver con los que traigo del recuerdo, pero que sirven para un apaño.

Tengo curiosidad por conocer el origen de tal elaboración y leo que son "inspiración de la cocina china. Sus orígenes comienzan en el periodo de la dinastía Song que abarcó del 960 a 1279. Estos rollitos se consumían en China durante la celebración del año nuevo lunar o fiesta de la primavera y de allí su nombre, pues esa fecha es la del inicio de la primavera. Se dice que en los principios de la receta los rollitos contenían brotes de bambú fresco, pero con el tiempo se modificó su relleno. Su forma o presentación está inspirada en los gusanos de seda de tanto valor en esta cultura milenaria y con el llegar de la primavera y su celebración nacional, estos delicados animalitos inician su periodo de engorde para dar inicio a la creación de los capullos famosos por la obtención de la seda".

Los rollitos de primavera se suelen elaborar de dos maneras: con una pasta de harina de trigo, en China, o con una pasta a base de harina de arroz, tal y como los hacen en Vietnam o Tailandia. Se extiende la pasta y se pone sobre ella los ingredientes que dependerá fundamentalmente de la región y de la época del año en que se hagan.




martes, 29 de agosto de 2017

00522 Las Margaritas Verdes

COMO UNA FIESTA


En cuanto aparecieron por el pequeño pero aprovechado salón, me pareció que la estancia se agrandaba. No las había visto antes. Llegaron para quedarse para siempre en mi recuerdo. En blanco y verde como una fiesta y flotando sobre el agua en señal de bienvenida. Pregunté por su nombre. "Margaritas ibicencas", me dijeron que las llamaban. He querido saber más sobre ellas, pero nada he averiguado. Así que las he "rebautizado" como margaritas verdes. Al fin y al cabo, qué importa su nombre. Ya aportaron su belleza en un momento de esperanzado encuentro. Para eso están las flores, para significar una fecha o acompañar a un abrazo, una caricia o a un beso. Para eso están las flores, para dejar en la memoria días imborrables de cálido y sentido reconocimiento.

No sé si volveré a verlas alegrando estancias. Las observo ahora en una quieta imagen y me siguen pareciendo bellas, como ese día de esperado encuentro en el que fueron testigos de medio siglo de querencia manifiesta. Qué importa su nombre si con solo mirarlas reconozco una fecha. Para esto están las flores, para recordar instantes de dicha plena.




viernes, 21 de julio de 2017

00521 Hasta el Año que Viene

CON LA ESPERANZA DE UN NUEVO ENCUENTRO


No me gustan las despedidas. Ni siquiera las de las películas. Prefiero los encuentros con abrazos de aire nuevo y renovado.

No sabía cómo comenzar esta entrada antes de archivar otra colección de imágenes de cerezas. No sé cuántas tengo ya y si serán estas las últimas que guarde. Nunca se sabe qué puede pasar de aquí a un año. De aquí a que vuelvan a florecer los cerezos, como  nieve florida, y traigan el diminuto fruto de sabor a campo y crujiente miniatura. Me pasa igual que con el "cambio de armario". Siempre me pregunto si será el último y me despido de las prendas que guardo como si nunca más las volviera a sentir en mi  piel.

Observo las imágenes, tan parecidas año tras año, pero tan distintas en sensaciones y emociones. Estas de las que ahora me despido,  guardan todavía el sabor de una mañana fraterna entre risas y calores al pie de la sierra. Cogidas entre asombros y deseos, y entre cargados cerezos que pedían alivio para tanto peso. Rojo intenso, morena piel de cereza, racimos de néctar que dejaron gratitud en el abrazado encuentro de un nuevo instante esperado.

Me despido de vosotras, pequeñas encarnadas, hasta el año que viene, con la esperanza de un nuevo encuentro, de un nuevo asombro, siempre querido y deseado.

miércoles, 19 de julio de 2017

00520 El Arroz con Leche

POR LO QUE REPRESENTA


Como diría mi suegra: "A ver si nos entendemos". Decir y elevar a la categoría de "me gusta" este tradicional postre, sería faltar a la verdad. Ni me gusta ni me disgusta, si bien es cierto que hubo una época en mi juventud que lo llegué a detestar. Al que le encanta es a mi hermano Manolo. Ya he comentado en alguna ocasión que mi madre, como todas las madres con hijos en la diáspora, cuando alguno de mis hermanos venía a pasar un fin de semana a casa o periodo vacacional, elaboraba los platos que a cada cual más le gustaba, con la intención de satisfacer sus respectivas apetencias gastronómicas.

En el caso de mi hermano Manolo era el arroz con leche. El simple anuncio de su visita significaba una gran fuente de este postre que mi madre elaboraba pacientemente. Si mi hermano acababa durante su estancia la "gran fuente", fenomenal. Pero como esto no sucediera, ¿quién sería el prenda que la finiquitaría, a sabiendas que no acostumbraba a tomar postre y que el arroz con leche ni fú ni fá? Pues eso, el que suscribe. Huelga recordar que en casa no se tiraba absolutamente nada de comida y que había que comer lo que hubiere sí o también.

Pero la cosa no acaba aquí. Recuerdo que de recién casado,  mi querida suegra, la bondad personificada,   cuando comíamos en su casa me agasajaba con un buen plato de arroz con leche. No sé cómo llegó a la conclusión de que era uno de mis postres favoritos. Un buen día dejó de sacarlo a la mesa. Supongo que alguien, yo no, Dios me libre romper ilusiones, le diría que el arroz con leche y yo no hacíamos buenas migas.

Nunca he hecho arroz con leche. No tengo la menor idea de cómo se hace y si me lo llegan a servir me lo como y punto. De hecho, las dos fotografías que ilustran esta entrada son de mi hermano Antonio,  que un día me las envió por was. Es una práctica habitual informarnos sobre los menús que vamos elaborando. Si sumo este postre a mi caleidoscopio vital, es por lo que representa y por los entrañables recuerdos que me trae su sola imagen.

martes, 18 de julio de 2017

00519 Las Patatas con Langostinos

Y BOTARGA



Seguimos en casa experimentando con la botarga. Abandonamos la pasta para buscar otros cimientos y comprobar cómo funcionan las huevas de mújol. Estos días hace calor y apetecen alimentos refrescantes en los que no haya que invertir excesivo tiempo en la cocina. Gloria propone hacer unas patatas con langostinos. La ensaladilla rusa la borda,  al igual que este tipo de elaboraciones en las que las patatas tienen especial protagonismo. Veremos qué tal les va a las patatas la bendita botarga.

Tanto para este tipo de patatas como para la ensaladilla rusa, creo que ya lo comenté en su momento, nos gusta el tubérculo, una vez pelado y cortado a cuadraditos,  cocerlo al vapor. La patata queda más sabrosa y consistente. Pelamos los langostinos,  que compramos ya cocidos,  y los añadimos a las patatas. Preparamos una mayonesa, mitad aceite de oliva y mitad de girasol, y mezclamos bien con las patatas y los langostinos. Hasta aquí, serían las patatas con langostinos tal y como las comemos en casa habitualmente. El "experimento" estriba en añadir a esta elaboración unos 100 gramos de botarga, mezclar de nuevo, tapar con film el recipiente e introducirlo en el frigorífico por espacio de tres horas.

Delicioso y espectacular. Doble sabor a mar y tan refrescante que no puedes sucumbir a la tentación de volver a repetir. Eso sí, plato único, que permanezca el sabor en boca. La botarga ha vuelto a funcionar. De reojo miro la fuente que todavía contiene el preparado y le dirijo un efusivo pensamiento nocturno.


lunes, 17 de julio de 2017

00518 El Niño Que Llevamos Dentro

LA VIDA DESDE OTRA PERSPECTIVA



No me avergüenza sacar al niño que todavía llevo dentro. Sería como si una parte de mí dejara de vivir. Me gusta que ese niño se siga haciendo preguntas y que continúe soñando sin prejuicios desde la confianza. Hay quien considera que sacar al niño que llevamos dentro es un síntoma de inmadurez. Yo, sin entrar en discusión alguna, ya queda dicho que no me gusta discutir, hago observar que simplemente se trata de dar la oportunidad de apreciar la vida desde una perspectiva más abierta.

Sí, me gusta sacar al niño que todavía llevo dentro y recordar las bondades de esa etapa tan llena de espontaneidad y felicidad que nunca deberíamos olvidar. Creo que en ocasiones hasta se hace de urgente necesidad su llamada y reencuentro para dar un respiro a tan áspera realidad.

Me reafirmo en lo dicho viendo estas imágenes que hace escasas semanas capturé para mi colección. Las tomé de un escaparate del que ni siquiera llegué a interesarme por su mercadería interior. Me llamaron la atención el colorido y la fantasía que en mí despertó un palacio hecho de caramelo. A mí, que no doy un paso por lo dulce y menos por el azúcar de sabores. Pero con todo, algo había que me dejó prendado por unos instantes. Lo que hubiese dado por ver mi cara ante tan simpática y dulce obra de arte. Quiero pensar que fue el niño que llevo dentro quien me dijo, "eh! para, quédate aquí, déjame que pasee por el palacio encantado de luces y azúcar". Y yo, simplemente  le hice caso y le sonreí.

domingo, 16 de julio de 2017

00517 Todo Tiene un Por Qué

Y SI NO LO TIENE...


... lo busco hasta encontrarlo. No creo en el azar ni en las casualidades. No tengo motivos para creer otra cosa. Me lo acaban de ratificar estas tres imágenes sueltas que me han aparecido en una de mis múltiples descargas para liberar espacio. No obedecen a nada en particular. Las capté en uno de mis diarios cien kilómetros. Siempre que pasaba por aquí de regreso a casa, me llamaba la atención la solitaria caseta.

La primera vez que me fijé en ella se mostraba sobre un campo ocre y desnudo. Me pareció de una soledad extrema. Con el paso de los días se convirtió en un referente espacial de mi transitar, hasta tal punto que comencé a saludarla como si se tratara de una vieja conocida. Me sentía bien en nuestro breve encuentro. Apenas unos segundos desde que la divisaba y otos pocos más por el retrovisor. Hasta mañana.

No pasaron muchos días desde aquella primera vez, que la tierra comenzó a verdear. Su aspecto solitario ya no me parecía tan extremo. Serían las espigas del incipiente cereal o que ya me había acostumbrado al paisaje, el caso es que me empezó a parecer una imagen entrañable y serena a la que seguía saludando con el mismo entusiasmo.

Cien, doscientos, trescientos, quinientos, mil, dos mil kilómetros, no sé cuántos llevaba recorridos cuando al campo, a los pies de la caseta, comenzaron a aparecer diseminados pequeños puntos rojos como un sarampión. A no mucho tardar, los ababoles se fueron concentrando en torno a la caseta. En algún momento,  hasta me pareció que querían escribir algo sobre el verde tapiz del soleado campo.

Un día estacioné el coche para ver si era cierto. Se trataba de una ilusión, aunque puede que quisieran decir algo. Aproveché para hacer tres fotografías en recuerdo de nuestros primeros tres meses de encuentros. Me pareció entonces un escueto y humilde paraje bello.

Ahora está como cuando la observé por vez primera, sola ella sobre un campo ocre y desnudo a la espera de un  nuevo ciclo de la vida. Y la sigo saludando como hago desde el primer día. Todo tiene un por qué, como esta caseta  amiga.






jueves, 13 de julio de 2017

00516 Hay Días

TUNEANDO LA REALIDAD


Hay días que nada es lo que parece. Te levantas de la cama  y solo pisar el suelo, antes de mirarte al espejo, esa es la novedad, todo parece indicar que te vas a comer el mundo. Con el paso de las horas, si bajas la guardia, es el mundo el que presto te puede dar el primer bocado.

Hay días en los que la luz te lleva en volandas. Te lleva como un soplo, sin saber dónde podrás acabar. Puede que en el banco de un parque, en lo alto de una higuera, al fondo a la izquierda o tuneando la realidad. Nunca se sabe cuando te dejas llevar.

Hay días en los que al contar las horas aparecen rosarios. Nada que alentar, poco que decir, nada que guardar. Pero siempre hay un de repente, un instante, un momento inesperado que alberga la esperanza para un día que parecía perdido. La luz, esa luz que hoy no me ha querido llevar, en su despedida, me ha dejado una imagen de fuego atardecido sobre un edificio ausente. Las ramas de un árbol de desnudo otoñal parecían crepitar sobre el tejado mientras el sol daba un paso al frente.

Tranquilo no pasa nada, sólo es un juego en uno de esos días en lo que nada es lo que parece.

miércoles, 12 de julio de 2017

00515 El Centollo

AL LADO DEL MAR


Nada, que no hay manera. Siempre digo lo mismo. La última vez que lo intento. Como en esta ocasión no salga bien, me retiro. Sigo los pasos que aprendí de mi hermano Antonio cuando lo preparaba y que sabía a Gloria bendita. Me da igual que sea centollo o centolla, como esta última que era hembra, no hay forma de sacarle el infinito sabor a ola y mar con el que tanto he llegado a disfrutar en Bilbao.

En esta ocasión he comprado la centolla ya cocida. Su precio estaba a tiro. He arrancado las patas, abierto el caparazón y retirado las apetitosas huevas. A continuación, me he armado de paciencia y he separado a conciencia la carne. He picado muy menudo un par de huevos duros y una deliciosa cebolla de Fuentes. Lo he mezclado todo y he añadido un chorrito de vino de Jerez. He mezclado bien y la he probado para comprobar cómo estaba de sal. De esto iba servida, pero del sabor de tan grato recuero, andaba algo escasa.

La he sacado a la mesa y no ha quedado ni rastro. Se ha dejado comer, pero sin más. Ni aproximación a mis vitoreadas centollas bilbaínas. Supongo que habrá varios factores determinantes. Para empezar, el producto. Vaya usted a saber qué aguas habrá frecuentado la amiga y cuánto tiempo llevaba cocida. Y fundamental, no es lo mismo tomarte una centolla mirando a la ría bilbaína que el parque de debajo de casa. 

De cualquier manera, me gusta este marisco aunque sea ayudado del recuerdo cuando lo preparo en casa.

martes, 11 de julio de 2017

00514 La Ensalada de Cumpleaños

BURRATA CON RÚCULA


Ya he comentado en alguna ocasión que tengo por costumbre poner nombre propio a determinadas elaboraciones culinarias. Se trata de platos aprendidos de gente querida por mí. También, en ocasiones asocio platos a momentos dichosos que rápidamente toman el nombre de ese acto o celebración de permanente recuerdo. Presento aquí mi última adquisición,  probada por primera vez en un momento feliz; "burrata con rúcula" o "ensalada de cumpleaños".

La probé recientemente en Barcelona en la celebración de un feliz cumpleaños. No, mejor dicho, en un emotivo encuentro para desear todo lo mejor en un futuro a alguien a quien quiero y aprecio muchísimo. Fue mi hermana María Engracia quien nos deleitó con esta ensalada, amén de otras exquisiteces que iré trayendo hasta aquí por lo originales y exquisitas que resultaron ser. Ya he dicho en alguna ocasión que mi hermana, de la que he aprendido un buen número de platos, es una excelente cocinera, al igual que mi hermana Gemma. Disfrutan y nos hacen disfrutar de su respectivas cocinas.

La ensalada en cuestión es muy sencilla. Por si acaso le acabo de pedir la receta. Sobre una fuente se coloca una cama de rúcula y sobre esta, burrata fresca. A modo de aliño, unos tomates secos que se deberán preparar con antelación con ajo y aceite de oliva virgen. Así de sencillo.

Nunca había probado la burrata, que no es otra cosa que un queso fresco italiano. El nombre es poco agraciado, pero no es por casualidad. Mantequilla en italiano es "burro", y "burrata", mantecoso. Leo que la burrata se obtiene añadiendo a la leche fresca el suero producido al dejar agriar parte de la producción del día anterior y cuajo de ternera, cuajando la leche en 20-30 minutos desde su añadido. Tras una serie de procesos,  que no traslado para no cansar, da como resultado un queso blanco, brillante y reluciente, y de un sabor dulce mantecoso.

Visualmente es un plato muy potente en la mesa y de curioso y agradable sabor. Como el recuerdo que siempre guardaré de ese  feliz cumpleaños donde conocí la ensalada de burrata.