COSA RICA Y FINA
martes, 9 de julio de 2024
01396 El Flan de Leche y Nata
lunes, 8 de julio de 2024
01392 A Ver Si Nos Entendemos
COMO DICE MI QUERIDA SUEGRA
En las últimas semanas le estoy metiendo a mi cuerpo más azúcar,
que en todo lo que llevamos de año. Y es que, entre acontecimientos familiares,
cenas domésticas de amigos y otros saraos, el dulce, al final de la comida o
cena, siempre está presente. Mi hija Jara me lo ha hecho observar. Hace unos días,
no sin cierto retintín, pero sin intención de zaherir, y antes de dar buena
cuenta de una deliciosa porción de tarta de chocolate casera me lanzó un “pues
si no das un paso por el dulce, como te he oído decir muchas veces, que sería
de ti si lo dieras”. De forma serena y haciendo mía una frase de mi querida
suegra, le contesté: “A ver si nos entendemos”. Y volví a repetir por enésima
vez.
Efectivamente, no doy un paso por el dulce, pero si viene a
mí, como en esta y otras tantas ocasiones, no lo rechazo. El dulce me gusta en
su justa medida. Si hay, bien. Pero si no lo veo, tampoco lo necesito. Es más,
aun teniendo en casa chocolate y alguna que otra laminería, tranquilos pueden
estar los “ratones”, que no daré un paso. Y es cierto, que en las últimas
semanas han sido muchas las tentaciones a las que he sucumbido y algunas de
ellas, muy, muy de mi agrado. Y dije toda esta perorata, eterna perorata,
mientras me deleitaba con una riquísima y sencilla tarta de chocolate casera,
de las de toda la vida.
Ingredientes: 200 gramos de galletas maría, 100 gramos de
mantequilla, 250 de chocolate con leche para postres, 1 litro de leche entera,
2 sobres de cuajada en polvo y 50 gramos de azúcar.
Elaboración: Triturar al máximo posible las galletas.
Agregar la mantequilla ligeramente fundida. Mezclar hasta conseguir una masa
homogénea. Cubrir la base de un molde desmoldable de unos 25 centímetros.
Aplastar bien para compactar e introducir en el frigorífico unas tres horas o
hasta que veamos que la masa de galletas y mantequilla está dura. A
continuación, trocear el chocolate y calentar en un cazo junto al litro de leche,
los dos sobres de cuajada y el azúcar durante unos diez o doce minutos. Durante
el tiempo de cocción, remover continuamente. Transcurrido este tiempo, verter
la mezcla sobre la base de galletas y dejar cuajar en el frigorífico durante
unas cuatro horas. Servir fría.
jueves, 27 de junio de 2024
01379 Los Pasteles
UNA DULCE DIVAGACIÓN
Se dice que a nadie le amarga un dulce, y bien cierto es.
Aunque ya he comentado en alguna ocasión, que no doy un paso por los dulces, si
me los ponen en bandeja, disfruto como el que más. Y si esa bandeja contiene
una representación de mis dulces debilidades en forma de pastel, para qué
contar: la felicidad llama a mi estómago y también a mis recuerdos de infancia.
Por cierto, mientras me comía de una sentada, y nada menos
que para cenar, una ensaimada de nata, medio mil hojas de crema y un merengue,
como diría aquel, “pa vernos matao”, me he preguntado el por qué lo dulce está
asociado a la felicidad. Los encuentros familiares acaban con algo dulce. La
vela de cumpleaños se ancla en una dulce tarta. Si quieres ver a alguien feliz,
regálale un dulce. Hay quien se quita las penas tomando algo dulce. Cuando vas
a comer o cenar a casa de alguien, habitualmente te presentas con una botella
de vino y algo dulce. Los domingos, que no falte el dulce… por poner solo
algunos ejemplos.
Independientemente de que nuestros antepasados asociaran el
sabor dulce con alimentos ricos en energía y que nuestro cerebro ha conservado
esta preferencia por lo dulce, -aunque no sea en mi caso, que me inclino más
por lo salado, sin descartar en sonadas ocasiones lo dulce-, explicaría por qué
nos resulta tan atractivo y reconfortante. No en vano, el azúcar favorece la liberación
de endorfinas, la llamada hormona de la felicidad. Cuando consumimos alimentos
dulces, nuestro cerebro libera endorfinas y serotonina, que no son otra cosa
que las sustancias químicas responsables de la sensación de bienestar y
felicidad. Además, en lo dulce hay algo emocional a través de la conexión con
nuestra infancia, al estar vinculado a momentos felices.
Pues nada, hasta aquí puedo leer, que ya no tengo más dulce
que meterme en la boca. Bueno, sí que tengo, la otra mitad del mil hojas, pero
tampoco hay que abusar de la felicidad.
lunes, 20 de mayo de 2024
01348 La Tarta de la Abuela
DE NOMBRE DULCE Y AFABLE
miércoles, 15 de mayo de 2024
01344 El Panadó d'Espinacs
AL FINAL DE UNA ENTRAÑABLE JORNADA EN PILZÁN
Fue el verano pasado en la pequeña localidad altoaragonesa
de Pilzán, cuando probé por primera vez el panadó d´espinacs; una masa similar
a la del pan, rellena de espinacas, piñones y pasas. Acudí con Gloria a pasar
un entrañable día, invitados por los no menos entrañables Ángel y Conchita, y
en compañía de mis amigos Chema y Carmen. Desde que pusimos el pie en Pilzán
estuvimos en un continuo pienso. Primero, un buen almuerzo en la torreta de
nuestros anfitriones. Después, un paseo por el acogedor entorno. Luego, un interesante aperitivo, antes de dar paso a la opípara comida. Y para rematar, con el café,
algunos dulces y el traído panadó.
Conchita comentó al respecto del panadó, que era una elaboración
tradicional de la zona oriental de la provincia. No en vano, se trata de un
plato típico de Lérida, provincia limítrofe con estas tierras altoaragonesas. También
nos hizo saber que los había comprado en una panadería de Benabarre y que,
aunque antiguamente se acostumbraba a consumir exclusivamente en Semana Santa, en
la actualidad se toma durante todo el año.
No lo he vuelto a probar desde aquella ocasión. Al ver las
imágenes, a mí, que me gusta asociar alimentos con momentos y situaciones, lo
he tenido claro. Panadó d´espinacs, es igual al colofón de una entrañable jornada
en Pilzán.
miércoles, 8 de mayo de 2024
01335 Un Regalo para la Vista
COLOR Y DELICADEZA
martes, 2 de enero de 2024
01243 El Pudin de Queso
DULCE Y CREMOSO
Hacía tiempo que no probaba este dulce típico de la cocina
inglesa. Mientras lo degustaba con placer, me recordaba lo poco amigo que fue en
mis días de infancia y juventud. No lo podía ni ver. Al igual que el flan, me
daba auténticas “nauseas”. Si en alguna ocasión, uno u otro, se ponían delante
de mí, por educación, acababa comiéndolos, pero sin disfrute alguno. Es más, y
mira que es difícil, hasta se me hacía bola. Es una exageración, pero sirva el
símil para constatar lo cuesta arriba que se me hacía semejante postre. Con el
tiempo, irían desapareciendo esta y otras manías.
Mi gusto por el pudin de queso me lleva a Bilbao, en mi época universitaria. Una pareja de amigos tenía por costumbre acoger en su casa a estudiantes ingleses. No les cobraban pensión ni alquiler alguno. El único compromiso adquirido era que les hablaran en inglés. La comida corría a cargo del estudiante británico de turno. En mi vida vi “fabricar” en esa casa tanto sándwich de un montón de pisos y de ingredientes con combinaciones casi imposibles. En alguna que otra ocasión, incluso llegaban a cocinar dulces: galletas, pasteles y púdines. Y fue aquí, en casa de mis amigos Ignacio y Macu, donde rompí mi maleficio con este dulce, a través de un pudin de queso que hizo una de las “inquilinas” que llegué a conocer.
En una de mis acostumbradas visitas a cada de Macu e Ignacio, llegué justo en el momento en el que se disponían
a tomar un café/té, acompañado de un pudin de queso. Como he mencionado con
anterioridad, por cortesía, que no por apetencia, lo probé y me encantó. Creo
recordar, que hasta incluso repetí. A partir de ese momento, me hice amigo del
pudin e incluso hubo una temporada que hasta lo cocinaba, con la receta
facilitada por esa inglesa y cuyo nombre ya no alcanzo a recordar.
En un principio, la masa del pudin se envolvía en un paño y
era escalfada al baño María. La bola se servía caliente. Con el paso del
tiempo, los paños serían sustituidos por moldes desmontables. También en sus
inicios, se consideraba un postre de gente sin recursos, ya que era una
elaboración de aprovechamiento, habitualmente el pan. A medida que la clase
media tuvo acceso a ingredientes como los huevos, la leche, las pasas o el
azúcar, el pudin se hizo más sofisticado.
La historia de este postre es incierta. Pero se cree que el
pudín tuvo sus orígenes en Europa durante la Edad Media. Las versiones
anteriores de este dulce eran más densas y parecidas al flan, pero conforme
pasó el tiempo la receta fue cambiando. En la actualidad tiene la consistencia
de un postre suave, hecho a base de leche, crema, azúcar, vainilla o diferentes
sabores.
Ingredientes: 100 gramos de caramelo líquido, 5 huevos, ¼ de
litro de leche entera, 300 gramos de queso crema o queso mascarpone y 90 gramos
de azúcar blanco.
Elaboración: Verter el caramelo líquido sobre un molde
rectangular y extenderlo bien por toda la base. Mezclar en el vaso de la
batidora, los huevos, la leche entera, el queso crema o el mascarpone y el
azúcar. Batir bien hasta que se integre todo. Verter la mezcla en el molde,
evitando que se mezcle con el caramelo líquido. Precalentar el horno a 180
grados centígrados. Cubrir el molde con papel de aluminio y ponerlo en una
bandeja de horno. Calentar agua y verter sobre la bandeja que soporta el molde.
Hornear durante 60 minutos y dejar enfriar dentro del horno. Una vez frío,
retirar el molde del baño María y quitar el papel de aluminio. Introducir el
molde en el frigorífico por espacio de unas 4 o 5 horas, hasta que cuaje por
completo. Transcurrido este tiempo, desmoldar y servir.
martes, 10 de octubre de 2023
01190 Las Peras al Horno con Queso Azul, Miel y Nueces
SIEMPRE APROVECHANDO
domingo, 17 de septiembre de 2023
01186 Higos y Uvas
AL FINAL DEL VERANO
miércoles, 7 de junio de 2023
01131 La Tarta de Queso de Sonia
PARA RECORDAR
jueves, 25 de mayo de 2023
01125 Las Tortas de Aceite
SEVILLANAS
Cuando visito un lugar, pueblo o ciudad, me gusta dejarme
llevar por sus productos típicos. Abrir mis sentidos a nuevos gustos y probar
el resultado de otras formas de cocinar. Salvo alguna contadísima excepción, la
experiencia hasta la fecha es deliciosa y enriquecedora.
Un ejemplo de lo dicho son las tortas de aceite sevillanas. Hasta
que supe de su existencia, había probado otras variedades de origen bien
distinto. Al fin y a la postre, una torta de aceite no es otra cosa que una elaboración
de panadería o repostería, con forma de torta, plana y redonda, que se cubre
con aceite de oliva. Y a partir de aquí, la tradición popular del lugar, introducirá
condimentos e ingredientes que marcarán su distingo con respecto al resto.
Las tortas de aceite sevillanas las conocí hace unos diez
años en mi primera incursión real a la sorprendente Andalucía. Fue en tierras
onubenses, donde pasamos unas familiares vacaciones veraniegas. No recuerdo con
exactitud cómo llegaron al apartamento. Supongo que las veríamos en algún
supermercado, nos harían gracia y acabaríamos comprándolas. De lo que sí me acuerdo
a la perfección, es del grato sabor que me dejó la primera que probé:
crujiente, dulce, suave y anisada. Y que no comí solo una, sino tres. Huelga
decir que, a partir de ese día, las tortas pasaron a convertirse en algo habitual
en nuestra cesta de la compra vacacional. Incluso nos trajimos un par de paquetes
al regreso de las vacaciones.
Ya en casa, ¡Oh, sorpresa!, un día haciendo la compra,
pudimos comprobar que en un supermercado se exhibían en sus estanterías, para
nuestra perdición, estas tortas de aceite. No diré, mentiría, que siempre las
tenemos presentes, pero sí que son motivo de algún capricho que otro. Como anécdota,
en mi último cumpleaños no hubo tarta de celebración, sino tortas de aceite
sevillanas, acompañadas de unas bolas de helado de stracciatella. Otra de mis
múltiples debilidades.
Si te animas a elaborarlas en casa, aquí va la receta.
Ingredientes: 100 gramos de aceite de oliva virgen extra, 15
gramos de anís en grano, 140 gramos de agua, 360 gramos de harina de fuerza, 20
gramos de levadura fresca, 40 ml de anís dulce de licor, 20 gramos de semillas
de sésamo, 60 gramos de azúcar, ralladura de limón, media cucharada de sal y
azúcar para espolvorear.
Elaboración: Poner en un recipiente el aceite, la ralladura
de limón, el anís en grano y calentar al microondas durante 45 segundos, con el
fin de que se caliente el aceite y se infusionen los sabores, pero sin que se
fría el aceite. A continuación, poner en un bol la harina tamizada y disolver
la levadura en un vaso de agua tibia. Una vez disuelta, añadir el licor de
anís, el aceite infusionado con la ralladura de limón y el anís en grano, el
azúcar, la sal y el sésamo. Mezclar todo bien. Hacer un volcán con la harina y
añadir todos los líquidos. Mezclar y amasar. Formar una bola, tapar con un
trapo y dejar fermentar hasta que doble su volumen. Hacer bolas de unos 50
gramos cada una. Aplastar cada bola con la palma de la mano y estirar con un
rodillo hasta dejar la masa lo más fina posible, procurando darle una forma
redondeada. Colocar las tortas sobre bandejas de horno, cubiertas con papel
sulfurizado, y espolvorear cada torta con azúcar. Pre calentar el horno a 220
grados centígrados e introducir las tortas durante 6/7 minutos o hasta que
comiencen a tomar color. Dejar enfriar y consumir.
lunes, 19 de septiembre de 2022
01058 La Tarta de Queso de La Viña
SIN PARANGÓN
Se dice que hay tantas recetas de queso como gustos. Doy fe,
a tenor del buen número de recetas que he ido recopilando a lo largo de los años.
Me encantan las tartas de queso y este caleidoscopio vital sabe de ello.
Las hay en frío, al horno, con base de galleta, sin ella,
con mermelada, a palo seco, compactas, esponjosas… todas ellas deliciosas. Pero
hay una que probé por primera vez hace cuatro años y que me pareció el no va
más de las tartas de queso. De hecho, está considerada por los entendidos en la
materia, como la mejor tarta de España. Se trata de la tarta de queso del Bar Restaurante
La Viña, de San Sebastián. Ubicado en
una de las calles del carismático Casco Viejo donostiarra, La Viña, desde que abriera
sus puertas en 1959, se ha ganado el aprecio del gran público por sus
propuestas gastronómicas basadas en la tradición de la cocina vasca y desde
hace un par de lustros por su tarta de queso.
Curiosamente, esta tarta se sirve en el establecimiento
hostelero desde hace casi tres décadas, pero no fue hasta hace una decena de años
cuando, de la mano de internet, se hizo popular.
Ingredientes para 10/12 personas: 1 Kgr de queso crema, 7
huevos, 400 gramos de azúcar, 1,5 cucharadas de harina y ½ litro de nata líquida.
Elaboración: Mezclar suavemente, evitando que se hagan grumos,
el queso crema y los huevos. Añadir el azúcar y seguir mezclando. Añadir una
cucharada y media de harina, y mezclar. Por último, incorporar la nata líquida
y mezclar suavemente ayudados de una cuchara, sin agitar, hasta formar una masa
homogénea.
Cubrir un molde desmoldable grande con papel sulfurizado o
papel para horno, de forma que las paredes queden bien cubiertas, y verter la
masa resultante de la mezcla. Introducir el molde en el horno precalentado a
210 grados centígrados, a altura media, durante 45 minutos. Vigilar a partir de
los 30 minutos, hasta que la superficie de la tarta quede ligeramente tostada.
Transcurrido este tiempo, sacar la tarta de queseo del horno y dejar reposar
durante tres o cuatro horas. Una vez fría, desmoldar.
Nota: La receta original del restaurante La Viña usa queso
crema, de sabor suave y gran untuosidad.
domingo, 4 de septiembre de 2022
01046 El Bizcocho de Limón
EL DE TODA LA VIDA
domingo, 31 de julio de 2022
01016 El Brownie
DE CHOCOLATE Y NUECES
lunes, 4 de abril de 2022
00960 Los Bollos de Mantequilla
EXQUISITEZ BILBAÍNA
miércoles, 2 de diciembre de 2020
00933 El Yogur Con Membrillo
PEQUEÑA GRAN DELICIA
martes, 25 de septiembre de 2018
00811 La Trenza de Almudévar
No recuerdo con exactitud la primera vez que la probé. Ni dónde ni por qué. Solo sé que me entusiasmó. Me pareció algo espectacular, novedoso y sin igual. Desde aquel ya lejano entonces, la Trenza de Almudévar, y sobre todo la original de los Hermanos Tolosana, ha sido partícipe de un buen número de celebraciones y compañera también de otro buen número de viajes. Digo esto porque en casa, las tradicionales velas de cumpleaños, por ejemplo, ya no salen a la mesa sobre una tarta, sino que lo hacen en función del gusto de quien cumple los años, sobre una Trenza de Almudévar o un Pastel Ruso. En cuanto a lo de convertirse en compañera de viaje, es obvio que donde va triunfa y siempre es bien recibida.
Y ya no digo nada cuando este placer va acompañado por una o dos bolas de helado de vainilla con nueces de Macadamia. De auténtica apoteosis final.