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martes, 14 de noviembre de 2023

01208 El Panettone

 EL DULCE DE LA NAVIDAD ITALIANA


Conocía de su existencia y de su tradición en Italia, pero hasta hace un par de años, no tuve la oportunidad de saborear y de disfrutar de esta delicia. Fue Gloria, quien un día, previo a las navidades, se presentó en casa con un panettone. Lo trajo, por curiosidad, y llegó para quedarse y formar parte también de nuestras tradiciones navideñas. Además, casualidades de la vida, mi hija pequeña, Jara, estuvo con el programa educativo Erasmus en la localidad de Remini, dependiente en materia universitaria de la Universidad de Bolonia. Tan grato recuerdo nos dejó aquel primer dulce que, en su visita a casa por Navidad, le pedimos que nos trajera un panettone. Recientemente, hicimos un viaje familiar a la hermosa isla de Cerdeña y huelga decir, que vinimos con varios ejemplares de este dulce italiano, procedente de Milán.

Dicho todo esto, en honor a la verdad, cuando lo vi en la mesa por primera vez, no me hizo gracia alguna. Olía muy bien, sí, tenía muy buen aspecto, sí, pero eso de que estuviese relleno de pasas y de frutas confitadas, no me invitaba mucho. Me hubiese apetecido más con pepitas de chocolate. No obstante, no sería yo quien le quitara la ilusión a Gloria por tal “hallazgo” en un supermercado en Huesca. Pensé en probarlo, mínima porción, quitándole los “tropezones” que me salieran al paso y misión cumplida. Pero lo cierto, es que me encantó, hasta el punto de repetir y volver a repetir. Me pareció un dulce sensacional, además de original. Tanto nos gustó a todos en casa que, a los pocos días, Gloria compró otro panettone, que duró un abrir y cerrar de ojos.

El panettone es un pan dulce y su masa es muy similar a la del brioche. Aunque en la actualidad se puede encontrar este dulce con variados rellenos, el original lleva pasas y frutas confitadas. Con forma cilíndrica, acaba en su parte superior en una especie de cúpula y alcanza unos 15 centímetros de altura. Acostumbra a servirse acompañado de vinos dulces o de chocolate caliente.

El origen de este dulce navideño italiano es muy incierto y no le faltan leyendas, si bien todo apunta a que nació en Milán. Se cuenta que surgió por accidente. En el siglo XV, durante una comida navideña en la mansión de un duque milanés, al cocinero se le quemó el postre en el horno. Un sirviente, llamado Toni, para arreglar el desaguisado, improvisó un pan dulce con los ingredientes que en ese momento tenía a mano y que no fueron otros que huevos, harina, manteca, cítricos y uvas. Tuvo tanto éxito y fue tan rápida su difusión, que los habitantes de Milán comenzaron a pedirlo en las panaderías como el “pan di Toni” y que más tarde derivaría en la abreviación “panettone”.

Existe otra leyenda más romántica que sitúa el origen del panettone a finales del siglo XV. Un joven aristócrata llamado Ughetto Atellani de Futi, se enamoró de la hija de un pastelero de Milán y para demostrarle su amor decidió hacerse pasar por aprendiz de pastelero e inventó un pan azucarado con forma de cúpula con muchas frutas confitadas y con aroma de limón y naranja. Su invención tuvo tal éxito que los milaneses acudían a la pastelería a pedir el "pan de Toni" (así se llamaba el ayudante), y de ahí algunos aseguran que viene el nombre del actual panettone.

En cuanto a su receta y forma de elaboración, me parece todo un mundo. Nos podemos encontrar con recetas aparentemente fáciles (desconozco su resultado final) y otras algo más complejas y artesanales. Me he pasado la tarde bien entretenida mirando recetas y vídeos de cómo hacer un panettone. Y he llegado a una conclusión: rico es un rato largo, al igual que larga y delicada es su elaboración. Así, que ya anticipo que en la vida haré un panettone. ¡Qué follón! No obstante, dejo un enlace que me ha gustado y nos da una idea de su complejidad   https://www.guiarepsol.com/es/comer/recetas/receta-de-panettone-con-frutas-por-jose-romero/


 

 



   

 




miércoles, 7 de junio de 2023

01131 La Tarta de Queso de Sonia

PARA RECORDAR


A quienes os guste tanto como a mí la tarta de queso, tomad buena nota de esta receta. La he bautizado como "la tarta de queso de Sonia", pues así se llama de quien la aprendí. Quienes seguís este caleidoscopio vital, ya sabéis que tengo por costumbre poner nombre propio a las recetas que he ido aprendiendo de primera mano. Es como tener más presente a esa persona y recordar gratos momentos vividos.

Esta tarta la probé por primera vez el verano pasado en un encuentro familiar en la localidad riojana de San Vicente de la Sonsierra. Algún día hablaré de este entrañable y acogedor lugar. Es un fin de semana intenso donde los haya, repleto de emociones, buena gastronomía y excelentes vinos de la bodega Viña Ane "Monge-Garbati". El menú de la comida del sábado, para una veintena de comensales, se elabora con unas deliciosas judías, difíciles de olvidar, y de las que también un día contaré, que llevan el sello de Lorena, anfitriona de la citada bodega, junto con su marido Eduardo, y la aportación personal, en forma de viandas, de los comensales participantes. Lo que viene siendo un homenaje al buen yantar. 

A los postres, por lo menos yo, llego a duras penas. Pero el año pasado, cuando vi la tarta de queso de Sonia sobre la mesa, puse orden a mis entrañas y a por ella que me lancé. ¡Qué cosa más rica! Otra cosa, tira que te va, pero renunciar a una tarta de queso, ni hablar, y menos a esta, con la pinta que traía. He de confesar que casi me pongo malo. Empecé por un "trocito de nada para probarla", pero si no me llega alguien a llamar la atención.... Yo creo que un cuarto de tarta ya me metí entre pecho y espalda. Sin talento.

Es obvio, que le pedí la receta a Sonia. Me dijo que era muy sencilla de elaborar, pero que no recordaba con exactitud las cantidades. El lunes, Sonia, enviaba a mi wasap lo siguiente y copio literal: "7 huevos, 700 gramos de queso Philadelphia, 700 gramos de nata, 230 gramos de azúcar, 230 gramos de queso fresco y 50 gramos de queso parmesano rallado.

Mezclar todo ayudados de la batidora, precalentar el horno a 180 grados, hornear durante 45 minutos y dejar reposar en la nevera por espacio de 2 horas". 

Al cabo de unos días, seguí las instrucciones enviadas por Sonia, y me salió una tarta, tal cual la había probado en San Vicente de la Sonsierra. Mira que he comido tartas de queso, pero como esta, como la de Sonia, pocas.



martes, 6 de diciembre de 2022

01074 El Turrón de Guirlache

 QUIÉN ME LO IBA A DECIR


Si me llegan a decir hace unos años que el turrón de guirlache formaría parte del listado de las cosas que me gustan, no daría crédito. Ni me gustaba ni me disgustaba. Si en las Navidades salía a la mesa, bien. Y si no, tampoco lo echaba a faltar. Digamos que me era indiferente.

Al contraer matrimonio, mi relación con este tostado dulce dio un giro de ciento ochenta grados. Las primeras Navidades ya casados, decidimos que Nochebuena y Navidad las pasaríamos en casa de mis suegros, y Nochevieja y Año Nuevo, con mi madre. En esa primera Nochebuena con mi nueva familia, tras la cena, salieron a la mesa los tradicionales turrones y entre ellos, el turrón de guirlache. Nada tenía que ver con el que yo conocía, presentado en pequeñas barras y envuelto en papel. Aquel iba desprovisto de "packaging" y cada trozo era de su padre y de su madre. Pasé de él, como había hecho siempre, hasta que fui informado de que había sido elaborado por Pedro, mi suegro. Como hombre cortés que me considero, cogí un trocito pequeño para degustarlo y luego otro, y después otro... hasta que escuché una voz, y no fue la de mi conciencia, que me dijo, "te va a sentar mal".

Desde aquellas Navidades, el turrón de guirlache de mi suegro, contra todo pronóstico, pasó a formar parte de mi imaginario navideño. Pedro ya no está con nosotros, pero sí el turrón que me enseñó a gustar. Ahora somos nosotros quienes lo elaboramos en casa, en su recuerdo.

La palabra guirlache proviene del francés "grillage", y se refiere a algo tostado. Este dulce navideño, típico de Aragón, está  hecho básicamente de almendras y caramelo solidificado, elaborado con miel o azúcar. Su origen se remonta a la Edad Media en la antigua Corona de Aragón, cuando los árabes estaban asentados en esta zona y que con el tiempo se extendería por toda España. Serían los franceses quienes lo popularizarían  en el siglo XIX.  

Para hacer turrón de guirlache hay tantas recetas como personas que las cocinan. Esta es la que en su día aprendí.

Ingredientes: 250 gramos de almendras crudas y peladas, 250 gramos de azúcar, una cucharada de miel y  bolitas de anís.

Elaboración: Tostar ligeramente las almendras en el horno a 200 grados centígrados. Dejar enfriar. Calentar la miel en un cazo a fuego suave y cuando entre en ebullición, añadir el azúcar. Remover continuamente con una cuchara de madera hasta conseguir que el azúcar se haga caramelo. Añadir las almendras poco a poco con el fin de que no se corte la ebullición. Mezclar bien y retirar del fuego. Extender las almendras sobre una superficie lisa y aplanar ayudados de un rodillo. Espolvorear las bolitas de anís y dejar enfriar. Cortar al gusto.







 










domingo, 31 de julio de 2022

01016 El Brownie

 DE CHOCOLATE Y NUECES


Fue mi hija Jara la culpable de mi afición a este dulce estadounidense. Sabía de su existencia, pero no de su catadura hasta que un día, Jara, aficionada a la repostería, me sorprendió con uno elaborado con sus propias manos. Me fascinó, y no porque estuviera preparado por mi hija, que también, sino porque me pareció delicioso. Un crujiente bizcocho escondía en su interior un esponjoso mar de chocolate y nueces. No diré que se me saltaron las lágrimas, pero casi. Sí, en cambio, me emocioné, aunque esto tampoco es muy significativo. Me emociono con el aleteo de una simple mariposa. Aquel brownie, mi primer brownie, estaba francamente delicioso. De los que no se olvidan.

Desde aquel día han pasado por mi paladar varias decenas de ellos, algunos más afortunados que otros. No es pasión de padre, pero Jara le cogió el tranquillo al Brownie desde el primer día y siempre que lo elabora es un acierto. Otros que he podido probar fuera de casa, algunos de sus autores todavía están buscando la receta. Mi particular exquisitez es cuando acompaño al brownie con helado de vainilla, naranja o mandarina. ¡Para desmayarte!

Como digo, el brownie es un bizcocho de origen americano, compacto, dulce y de color marrón (de ahí su nombre de brownie; brown, marrón en inglés). Existen en la actualidad muchos tipos de brownies, si bien yo solo puedo dar cuenta del tradicional americano; el brownie de chocolate con nueces.

A continuación comparto la receta que Jara sigue al pie de la letra para elaborar tan delicioso dulce.

Ingredientes: 200 gramos de chocolate negro, 110 gramos de mantequilla, 4 huevos, 120 gramos de azúcar, 85 gramos de harina y 150 gramos de nueces desmenuzadas.

Elaboración: Disponemos en un bol el chocolate y la mantequilla e introducimos en el microondas a temperatura media hasta que se derrita. (También podemos derretir sendos ingredientes al baño maría). Una vez derretidos, mezclamos bien. A continuación, en otro bol, ponemos los cuatro huevos y el azúcar. Mezclamos y vamos añadiendo la harina mientras seguimos mezclando. Agregamos el chocolate y la mantequilla que hemos derretido y continuamos mezclando. Finalmente, incorporamos las nueces y si se desea, acompañamos con unas pepitas de chocolate.

En un recipiente para horno untado con mantequilla, incorporamos la mezcla e introducimos al horno durante unos 35 minutos a 180 grados centígrados. Dejar enfriar y servir. Se aconseja ir pinchando el bizcocho con un palillo de cocina para comprobar su cocción y evitar así que no se pase de cocción pues nos puede quedar como un "mazacote". 

El origen de este dulce, para variar, fue, al parecer, fruto de la casualidad. En 1897 un cocinero olvidó añadir levadura a un bizcocho de chocolate. El resultado fue un bizcocho de poca altura al que le dio el nombre de Brownie (marrón).







viernes, 18 de mayo de 2018

00693 La Quesada

PASIEGA

Ya he comentado en alguna ocasión que no acostumbro a tomar postre tras la comida al igual que he dejado escrito que no soy muy de dulces. Pero, ay amigos, como se me pongan por delante tartas de queso, quesos, algún postre casero o una quesada pasiega... rompo mi costumbre.

Nunca la he elaborado a pesar de que dicen que es muy sencilla su preparación. Será una manía, pero hay determinados alimentos que me gusta tomarlos en su lugar de origen, en su entorno y en su paisaje. Y la quesada pasiega es uno de ellos. La que ilustra esta imagen la tomé en un restaurante en las cercanía de Escalente. Después de una opípara comida, mi intención era ir directamente al café americano, pero escuché la palabra "quesada" y no tardé ni un suspiro en cambiar de opinión. Y allí que me metí entre pecho y espalda una deliciosa quesada pasiega casera acompañada de una mousse de limón, a la que tampoco le hice asco alguno. La quesada estaba deliciosa, suave y cremosa. Hacía tiempo que no la comía con lo que mis parabienes se multiplicaron por dos. Me pareció una forma magistral con la que poner fin a una singular comida. Hubiera repetido, sí, lo reconozco, pero rechacé el pensamiento nada más idearlo. Templanza, Fernando, templanza, me dije.¡Qué cosa más deliciosa!

La quesada pasiega es uno de los postres típicos de la gastronomía cántabra, nacido en los valles pasiegos. Está hecho a base de leche de vaca cuajada, mantequilla, harina de trigo, huevos y azúcar. Se suele aromatizar con ralladura de limón e incluso con canela.




sábado, 8 de julio de 2017

00511 El Chocolate

PERO CON LECHE


He estado dudando si incluirlo en las cosas que me gustan. Alguna vez que ha salido la cuestión a relucir, de la boca de alguien a quien sí le gusta de verdad el chocolate, acaba decidiendo por mí, que no me gusta. Y en parte, quienes así me lo hacen indicar, tienen razón. A quienes les gusta de verdad el chocolate, buscan aquel que contenga mayor porcentaje de cacao. Todo lo contrario a lo que yo hago. Cuanto menos cacao, mejor. Vamos, que el chocolate negro ni ver. Sí, en cambio, me gusta su fuerte y penetrante olor.

Yo soy más de los chocolates con sabores, crunchs... y en mi top ten particular de las tabletas; el Nestlé de envoltorio rojo de toda la vida y el Milkibar de chocolate blanco. Ya, cuando mis interlocutores oyen lo que acabo de escribir, es cuando deciden que a mí no me gusta el chocolate y que no sé lo que me pierdo, ya que además, es muy beneficioso para la salud. Que si es un alimento rico en antioxidantes, rico en flanovoides. Que si los nutrientes presentes en el chocolate ayudan a la formación de bacterias buenas en el organismo. Que si el chocolate protege la piel del sol y la previene de quemaduras solares. Que si favorece la concentración y la memoria (ahora entiendo el por qué de mi falta de concentración y de mi deteriorada memoria). Que si ayuda a prevenir el estrés y mejora el estado de ánimo. Que si los antixoidantes que contiene el chocolate contribuye a mantenernos jóvenes..... Y es cierto, pero yo no puedo con el chocolate tan puro.

Donde disfruto es en la fábrica de chocolates Lindt, en Olorón. Allí me vuelvo loco, y eso que como ya he mencionado en numerosas ocasiones, no doy un paso por lo dulce. Pero ese día, me transformo con la cantidad de propuestas chocolateras que aquí encuentro. Una vez satisfechas mis apetencias, será raro hasta mi siguiente visita, que vuelva a catar el chocolate, salvo por algún capricho imprevisto.

Sí, de acuerdo, no puedo decir que me guste el chocolate. Tengo que decir que me gusta el chocolate con leche y en su justa medida. La verdad, es que me daba pena que estas fotografías no formaran parte de mi caleidoscopio vital.







miércoles, 21 de octubre de 2015

00149 La Mermelada de Moras

OBLIGADA EN OTOÑO

No hace mucho trasladé aquí mi gusto por las moras silvestres al que acompañé con algún que otro recuerdo al hilo de la exposición de motivos. Igual tenía que haber acabado en ese entonces con la suma de esta otra debilidad como es la mermelada de moras. Estuve tentado, pero pensé que los dos gustos por separado podían tener personalidad propia. De cualquier manera, una acción, la de recolectar moras, lleva a la otra, a la de elaborar su mermelada.

La experta en su elaboración es Gloria. Yo estoy para los avíos, la intendencia,  los trabajos manuales, la fotografía y para dar el visto bueno al resultado final. Dicho así, de seguido, parece que hago cosa. Pero no, quien verdaderamente se lo trabaja es Gloria. Limpiar una a una las moras y desprenderles el rabillo, que los hay, elaborar de principio a fin la mermelada y hacer provisión de tarros, gomas y tela... Eso sí, a mí me toca la escritura de las etiquetas.

Es otoño y la vida doméstica invita. La luz natural todavía entra por la ventana de la cocina. Cuando la mermelada se embote se habrá hecho ya la tarde noche. No sé cuanto tiempo habrá transcurrido desde que comenzara a limpiar la primera mora. Tampoco importa mucho. Es entretenido,  distendido. Mientras tanto hablamos,  guardamos silencio o simplemente miramos el color cambiante de las moras antes de mudar de forma. La cuchara de madera da vuelta y más vueltas hasta sacar brillo a la mezcla de fruto y azúcar. Es sencillo. Sólo es tiempo. Es otoño. Y la vida doméstica invita.

Ingredientes: 500 gramos de moras silvestres y 250 gramos de azúcar moreno de caña.

Elaboración: Lavar las moras y una vez limpias se introducen en una olla con el azúcar. Remover a fuego medio bajo. Cuando veamos que se ha formado la textura deseada, sacamos la mermelada del fuego y la pasamos por la batidora. Una vez esterilizados los tarros, vertemos dentro la mermelada y los disponemos al baño maría.

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