EN UN TIEMPO SENTIDO Y CON SENTIDO
martes, 28 de abril de 2026
01744 Carta a un Paisaje Amigo
jueves, 16 de abril de 2026
01743 El Ceviche de Berberechos
GIPSY CHEF, ¡QUÉ DESCUBRIMIENTO!
Se trata de un “plato consistente en carne marinada,
-pescado, marisco o ambos-, en aliños cítricos, reconocido por la Unesco como
expresión de la cocina tradicional peruana y patrimonio cultural inmaterial de
la humanidad. Diferentes versiones de este plato forman parte de la cultura
culinaria de diversos países hispanoamericanos litorales del océano Pacífico
como Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras,
México, Nicaragua, Panamá y Perú. En este último país se lo considera además
como plato bandera y patrimonio cultural de la nación”. Sirva lo entrecomillado
como carta de presentación del ceviche, plato desconocido para mí hasta hace
unos pocos meses.
Había oído hablar de este popular plato, pero no fue hasta
un poco antes de las pasadas navidades, cuando tuve la oportunidad de
estrenarme en él. No acostumbro a frecuentar bares y restaurantes como hacía
cuando estaba en activo y tenía necesidad de socializar. Desde que me jubilé,
son otros los objetivos y los destinos que marcan mis días. Esto no quita para
que, cuando se presenta una propicia ocasión, retome el gusto por la hostelería
y todo lo que lleva consigo. Fue el caso de unos amigos y vecinos de barrio que
nos llamaron para “tomar algo” en un gastro bar cercano a casa. Y para allí que
fuimos. Nos dijeron que ellos frecuentaban este establecimiento con relativa
asiduidad y que “tenían tapas y platos muy ricos”. Accedí a la carta, la leí
muy, muy por encima, y llegué a la conclusión de que todo me apetecía. Así, que
me dejé aconsejar por nuestros amigos, conocedores del percal que ofrecía la
casa. Además, yo estoy muy desentrenado. Nos preguntaron si nos gustaba el
ceviche, para a continuación anunciar que allí preparaban uno muy bueno.
Dijimos que sí, sin haberlo probado jamás; una mentirijilla de cortesía. A los
pocos minutos aparecieron en la mesa varios platos, entre ellos, un ceviche de
berberechos. Antes de probarlo, fuimos informados para nuestro desconocimiento,
que se trataba de una adaptación del ceviche peruano, pero con berberechos
naturales. Gloria y yo introducimos nuestros respectivos tenedores
prácticamente a la par, lo degustamos a la par y loamos el plato también a la
par. Nos pareció delicioso.
De camino de regreso a casa, volvimos a coincidir en la
bondad del ceviche de berberechos con el que nos habíamos deleitado e incluso
enumeramos sus posibles ingredientes: berberechos, cebolla morada, aguacate,
zumo de lima o limón, algo ligeramente picante, pimienta y sal. No pasaron
muchos días que pusimos en práctica nuestro parecer, no se nos fuera a olvidar.
Y sí, se pareció mucho al que habíamos probado aquel día. Y sí, este ceviche de
berberechos tampoco tardó mucho en incorporarse por la puerta grande a nuestros
familiares aperitivos.
El primer día que los preparamos, para asegurarnos, nos
dimos una vuelta por la red de redes con el fin de asegurarnos si estábamos en
lo cierto en nuestras apreciaciones gustativas. Prácticamente habíamos dado en
el clavo. Pudimos leer que este ceviche de berberechos lo popularizó el
cocinero televisivo Pablo Albuerne, Gipsy Chef, quien dio a conocer esta
original receta en un vídeo, sentado en un banco frente al mar mientras la
elaboraba con los ingredientes sacados de una mochila. La diferencia entre su ceviche
y el probado por nosotros estriba en que, en el suyo, en el original, se incluyen
cilantro y kikos de maíz tostado. El resto de
ingredientes, los que intuimos en un principio. Finalmente, en el ceviche de
berberechos que elaboramos en casa descartamos deliberadamente el cilantro, pues
hay a quien no le gusta esta planta, y los kikos también, por malas
experiencias con ellos.
A continuación, comparto las recetas de los dos ceviches; el
original de Gipsy Chef y el que cocinamos en casa y que tanto nos encanta.
Ceviche de berberechos de Gipsy Chef:
Ingredientes para una persona: ¼ de cebolla morada, aceite
de oliva, sal, un toque de pimienta, el zumo de una lima, ¼ de aguacate cortado
en taquitos, 1 lata de berberechos, unas gotas de Sriracha, unas hojas de cilantro
y maíz tostado.
Elaboración: Introducir en un bote la cebolla cortada en
juliana, unas gotas de aceite de oliva, una pizca de sal, un toque de pimienta,
el zumo de una lima, un cuarto de aguacate cortado a taquitos, una lata de
berberechos con un poco de su propio jugo, unas gotas de Sriracha y unas hojas de
cilantro cortadas. Tapar el bote y agitar repetidas veces hasta mezclar todos
los ingredientes. Servir y finalizar con un poco de maíz tostado troceado.
Nuestro ceviche de berberechos:
Ingredientes para 4 personas: 2 latas de berberechos, media
cebolla morada, 1 aguacate cortado a taquitos, el zumo de 2 limas, unas gotas
de aceite de oliva virgen extra, un poco de sal, un poco de pimienta y unas gotas
de Sriracha o de Tabasco.
Elaboración: Picar la cebolla en juliana y el aguacate en
taquitos, e introducir en un bote. Añadir el zumo de dos limas e incorporar un
chorrito de aceite de oliva, una pizca de sal, un poco de pimienta y unas gotas
de Sriracha o de Tabasco. Finalmente, incorporar las latas de berberechos con
un poco de su propio jugo. Tapar el bote y agitar varias veces hasta ver bien mezclados
todos los ingredientes. Abrir el bote y servir en raciones individuales.
P.D. Siempre me sabe a poco.
sábado, 11 de abril de 2026
01742 Las Alubias Blancas con Pimientos
SIEMPRE LAS LEGUMBRES
viernes, 10 de abril de 2026
01741 Un Desvarío
PAISAJE SOÑADO
lunes, 6 de abril de 2026
01740 Un Variado de Tomates
¡POR FAVOR!
Una de mis cenas favoritas cuando los tomates maduran en mi
huerto, es sacar a la mesa una variada selección de estos frutos, aliñados
simplemente con un buen aceite de oliva virgen y sal, e incluso en esporádicas
ocasiones, aderezados con ajo cortado muy fino. Siempre que me enfrento a este
platazo, me acuerdo de mi querido Antonio Arazo, reconocido cocinero oscense,
que, cuando yo apenas conocía media docena de variedades de tomate, nos deleitó
en una cena con amigos, con una degustación de hasta 25 tipos de tomates. Me
pareció algo fascinante y difícil de olvidar.
Con estos mimbres nacen suculentas comidas y cenas, no como
las de mi amigo Antonio Arazo y sus 25 variedades, pero creo que a este paso en
un par de años podré emularlas. Tiempo al tiempo.
No obstante, me he quedado perplejo con un dato que acabo de
leer y que no la tengo todas conmigo de que sea cierto. “Existen más de 10.000
variedades de tomates en el mundo, clasificadas por forma, color (rojo,
amarillo, negro, verde) y uso culinario, desde los diminutos cherry hasta los
grandes tomates de ensalada”. Si es así, anda que no me quedan tomates por
probar. Imposible, al igual que escribir sobre diez mil cosas que me gustan; objetivo de este blog.
viernes, 3 de abril de 2026
01739 Las Gulas Rebozadas
SORPRENDENTE E INESPERADO
En casa nos encantan las gulas. Siempre hay en el
frigorífico un par de paquetes para algún “por si acaso”. Son un buen recurso y
nos han sacado de no pocos apuros. Acostumbramos a tomarlas en ensaladas, con
huevos fritos, en revueltos o con los tradicionales ajos fritos y sus
correspondientes cayenas. En esta ocasión, las recojo en un cocinado
sorprendente, inesperado e inimaginable; rebozadas. Todo un rico
descubrimiento. Un aperitivo rápido de preparar, crujiente y delicioso.
Fue Gloria la que me sorprendió, de forma inesperada, con esta
inimaginable propuesta a la hora del aperitivo. Es una mujer inquieta, despierta
y muy interesada por el conocimiento, sea cual sea la materia, y la gastronomía
no es una excepción. Ya he comentado en alguna ocasión que se maneja de manera
sobresaliente entre fogones, lo que implica que probemos platos memorables.
De entrada, el plato me llamó la atención. Nunca pensé que
las gulas se pudieran rebozar. Y eso, que yo soy de los que rebozaría y
empanaría todo. Antes de probar el primer bocado, Gloria nos informó acerca del
proceder de la tapa. Aparentemente, tenían un aspecto magnífico. Solo quedaba
probarlas. Cogí el primer haz de gulas rebozadas, lo unté ligeramente en el
alioli, me lo llevé a la boca y… ¡Qué bueno! Un bocado crujiente, sabroso y
sutil. A partir de aquí, fueron cayendo como el que come pipas. No sé a quien
se le ocurrió esta idea, pero vaya desde aquí mi aplauso. Mis felicitaciones a
Gloria se las di en directo.
Ingredientes: 250 gramos de gulas, harina de trigo o de
garbanzo y aceite de oliva virgen extra.
Elaboración: Enharinar un pequeño puñado de gulas y freír en
pequeñas tandas en aceite muy caliente durante unos 2 minutos, hasta obtener un
color dorado. Sacar del fuego y dejar escurrir sobre papel absorbente. Servir
caliente, acompañadas de alioli.
jueves, 2 de abril de 2026
01738 Los Caracoles a la Llauna
TAN IGUALES, TAN DISTINTOS
Regresan los caracoles hasta este caleidoscopio vital, y lo
hacen de la manera que quizás más me gusten; a la llauna. Se trata de una forma
tradicional de cocinar caracoles en una bandeja de hierro, muy típica en
Valencia y Cataluña. Llauna proviene de la bandeja metálica donde se hornean.
Básicamente se busca una cocción que conserve los jugos del caracol y una capa
externa ligeramente crujiente cuando se gratinan.
Recuerdo perfectamente la primera vez que los probé de esta
guisa. Me parecieron deliciosos. Fue en la ya desaparecida Casa Barrau,
en la localidad altoaragonesa de Binéfar, a escasos kilómetros de Lleida,
el reino del caracol, del cargol o caragol catalán. De aquello han pasado más
de una treintena de años, y lo recuerdo como todo un descubrimiento, de tal
manera que siempre que tengo oportunidad de deleitarme con este plato, no me lo
pienso dos veces. Hasta entonces, los había consumido en guisos o simplemente
cocidos en agua y acompañados de un buen alioli.
Ya he comentado en alguna ocasión, refiriéndome al caracol,
que aquí no hay término medio: o se ama, o se odia; la indiferencia no cabe. De
hecho, según he podido leer, mientras en las zonas mediterráneas el caracol es
muy apreciado, en el resto de Europa está considerado como algo “repugnante”.
Aunque pudiera parecer un plato humilde, -si así fue, fue otrora, no en la
actualidad-, los patricios romanos consideraban al caracol como una auténtica
delicia. Sería precisamente durante el Imperio romano, cuando los caracoles
alcanzarían la mayor de sus consideraciones. En la Edad Media perdió el caracol
buena parte de su prestigio, si alguno le quedaba. Ya en el siglo XVII, para
acabar de rematar, Alonso de Covarrubias, en su Tesoro de la Lengua Castellana,
advierte sobre este gasterópodo, “su carne es dura de digestión, y de ruin y
grosero mantenimiento para gentes delicadas”. Será en el siglo XIX, cuando
Antonin Carâreme los introducirá en las nobles mesas, al ofrecérselos al zar
Alejandro I a la bourguignonne, un icono de la cocina francesa.
En la actualidad, Cataluña y Chipre abanderan el consumo de
caracoles en todo el mundo. Precisamente, en la localidad catalana de Lleida se
viene celebrando desde 1980 L’Aplec del Caragol, un encuentro festivo y
gastronómico en torno a la cocina de este pequeño animal. La cita anual se
organiza para finales del mes de mayo, en un intenso fin de semana, con la
participación de 124 peñas, 16.850 peñistas, 200.000 visitantes y una previsión
de consumo de 14 toneladas de caracoles. L’Aplec se inicia el viernes por la
tarde y se prolonga durante el sábado y domingo con verbenas, conciertos,
música, castellers, concursos y un sinfín de actividades. El caracol se cocina
de múltiples formas: a la gormanda, -plato tradicional de la cocina catalana,
especialmente popular en Lleida, que consiste en caracoles cocinados en cazuela
de barro con un sofrito de ajo, guindilla, harina, perejil, y a menudo beicon o
jamón, resultando en una salsa espesa y picante-, a la cazuela… pero la más
popular es a la llauna, a la “lata”, en una plancha metálica plana con asas. “Los
caracoles dejunats, en ayunas, se colocan sobre una lata de uno en uno y boca
arriba, y la lata sobre las brasas. Una vez cocinados, se extraen del caparazón
con un palillo largo, y se mojan con alioli, una salsa hecha a mano en el
mortero con aceite y ajo o a la vinagreta.
“Los caracoles ‘a la llauna’ son una tradición, una fiesta y
un símbolo de la gastronomía de las Terres de Lleida. Esta receta te guiará
para preparar este delicioso plato, al horno o a la brasa, que evoca el
espíritu de las fiestas populares. Simplicidad y cocción directa para disfrutar
con calma y buena compañía”.
Ingredientes para 4 personas (como entrante o picoteo): 1
kilo o 1,5 kilos de caracoles (preferiblemente de la variedad sapenco, ya
purgados), sal gorda (para la base de la ‘llauna’), sal fina, pimienta
negra molida, aceite de oliva virgen extra, opcional para aliñar (hacia
el final de la cocción), 1 cabeza de ajos, un buen manojo de perejil fresco,
un poco de guindilla o pimentón picante (si gustan picantes), un chorrito
de coñac o brandy (opcional).
Utensilios necesarios: una ‘llauna’ especial para
caracoles o una bandeja de horno metálica, pinzas largas (si se hacen a la
brasa), mortero.
Tiempo de preparación: Preparación previa (purga): los
caracoles deben estar purgados (en ayuno) al menos una semana antes. Limpieza
(opcional): 5-10 minutos. Cocción: 15-25 minutos. Dificultad: baja-media
(la principal dificultad radica en el manejo de los caracoles y el punto de
cocción).
Pasos a seguir: Primero, asegúrate de que los caracoles
estén bien purgados. La limpieza externa es opcional: algunos prefieren
cocinarlos directamente para conservar toda su ‘baba’, mientras que otros los
pasan por un poco de agua para quitar tierra o impurezas del caparazón, sin
sumergirlos del todo. Prepara la ‘llauna’. Si no es una ‘llauna’ especial con
concavidades, cubre el fondo de la bandeja metálica con una capa generosa de
sal gorda. Esto ayudará a estabilizar los caracoles y a distribuir el calor. Coloca
los caracoles sobre la sal gorda (o en las concavidades de la ‘llauna’), con la
abertura hacia arriba y bien juntos, para que no se vuelquen durante la
cocción. Aliña los caracoles. Espolvoréalos generosamente con sal fina y
pimienta negra molida. Riégalos con un buen chorro de aceite de oliva virgen
extra.
Cocción: Al horno: precalienta el horno a 200-220°C con
calor arriba y abajo (y si tiene grill, actívalo los últimos minutos).
Introduce la ‘llauna’ en el horno y cuece durante unos 10-15 minutos. A la brasa: coloca
la ‘llauna’ sobre las brasas de un fuego de leña o carbón, a una altura que
proporcione un calor intenso, pero no directo para evitar que se quemen
rápidamente. La cocción será más rápida, unos 8-12 minutos. A media cocción (a
los 7-10 minutos), puedes retirar momentáneamente la ‘llauna’ y, si lo deseas,
añadir un aliño adicional. Una opción clásica es una picada de ajo y perejil
mezclada con un poco más de aceite de oliva y distribuida por encima de los caracoles.
También puedes añadir un chorrito de coñac o guindilla en este momento. Vuelve
a introducir la ‘llauna’ en el horno o a la brasa y continúa la cocción unos
5-10 minutos más, o hasta que los caracoles empiecen a dorarse y su carne esté
cocida y tierna. Sirve los caracoles
inmediatamente, bien calientes, en la misma ‘llauna’ de cocción.
domingo, 29 de marzo de 2026
01737 Las Alcachofas con Jamón
LAS DE TODA LA VIDA
sábado, 28 de marzo de 2026
01736 El Que Algo Quiere
ALGO LE CUESTA
viernes, 27 de marzo de 2026
01735 La Pasta Fresca de Lasaña Frita
UNA GENIAL SORPRESA
Hace días que encuentro el frigorífico un tanto desordenado
y confuso, casi tanto como yo. Así, que he decidido poner un poco de orden y
ver qué "maravillas" me encuentro en tanto desajuste. Sigo
refiriéndome al frigorífico, ya que lo mío no tiene arreglo. Los recipientes de vidrio con restos de comida
están controlados. Los lácteos y sus derivados en perfecto estado de
presentación y amplia caducidad. Frutas y verduras no han ocasionado baja
alguna. Hasta aquí bien. Continúo con algo que ya empieza a preocupar. Me
refiero a esos pequeños paquetes envueltos en papel de aluminio y cuyo
contenido es una absoluta incógnita. Lo que me temía. Medias manzanas, medios
limones, medios plátanos... Respiro hondo y no miro a nadie. Los coloco en
primera línea del frío para que no se vayan sumando más medios de lo que sea y
el resto del personal de casa sepa que existen.
Ahora toca revisar las decenas de botes ya abiertos o sin
abrir que viven en el frigorífico. Digo que viven porque la última vez que puse
orden en este electrodoméstico, los coloqué todos en la misma balda y ya
pueblan todas las existentes. ¡Qué curioso!
Los botes empezados de mermeladas, pimientos en conserva y
encurtidos varios, entre otros, no presentan todavía mal aspecto. Aquellos que
están todavía sin abrir mantienen el margen de fecha para su consumo. También
sin baja alguna y todos los envases colocados de nuevo en una misma balda.
He recordado que, en una de esas incursiones que realizo de
vez en cuando al azar por el maravilloso, amplio y atractivo mundo de las
recetas gastronómicas, me topé con una especialmente curiosa y fácil de aprender;
tanto, que ni siquiera la guardé ni la anoté. Se trataba, precisamente, de una
receta de pasta de lasaña fresca frita. Nunca la había cocinado de esta guisa y
este ha sido el día, porque en esta casa no se tira nada de comida. El
resultado, reconozco que tenía ciertas dudas al respecto, no ha podido ser más
certero y plausible: de aperitivo con una fresca cerveza, crujiente, adictiva
como las pipas… y hasta agotar existencias. ¡Y más que hubiese habido! Una
genial sorpresa que no tardaré en repetir y sin necesidad de poner orden en el
frigorífico.
Ingredientes: láminas de pasta de lasaña fresca, aceite de
girasol, sal y pimentón dulce o picante.
Elaboración: Cortar las láminas de pasta en trozos iguales,
6x2,5 cms aproximadamente. Introducir los trozos en pequeñas cantidades en una
sartén con aceite de girasol bien caliente. Dorarlos ligeramente. Mucho cuidado
con la fritura, pues se doran rápidamente si el aceite está caliente. Sacar de
la sartén y depositar los trozos en un plato con papel absorbente de cocina.
Sazonar y espolvorear pimentón dulce o picante, según el gusto.
jueves, 26 de marzo de 2026
01734 Las Galletas de Mantequilla
DE BUENA VECINDAD
miércoles, 25 de marzo de 2026
01733 De Arbustos y Malezas
ESPERANZA INTRASCENDENTE Y VITAL
Hay días en los que las páginas en blanco de cada amanecer están llenas de tachones. La serenidad, templanza y armonía se acurrucan de cuclillas en un rincón, avergonzadas y asustadas de tanta sinrazón y despropósitos innecesarios. Es entonces el momento de mirar alrededor para despistar al desánimo y buscar un atisbo de esperanza intrascendente y vital.
Hay días en los que hasta la maleza y los arbustos se reciben como un regalo; una bella dádiva con la que borrar los tachones de cada amanecer.
01732 El Pimiento Morrón
POR LA PUERTA GRANDE
No es la primera vez, ni será la última, que llega hasta
este caleidoscopio vital una de mis hortalizas más apreciadas, como es el
pimiento morrón. Me acompaña en mis comidas y cenas todo el año. En temporada,
al natural. Del huerto a la mesa, previo paso por el horno. Y el resto de meses,
en la ya tradicional conserva que elaboramos en casa entre septiembre y octubre.
Este verano la recolección, contra todo pronóstico, resultó ser fantástica y,
además, con unos ejemplares de exhibición. No me lo podía creer. Bien es
cierto, que mi dedicación hacia ellos fue diaria y plena.
En la cocina, los pimientos morrones hacen buenas migas con
un buen número de alimentos que deparan en unos sugerentes, vistosos y apetitosos
platos. Algunos de ellos ya están recogidos en esta carrera sin fin de las diez
mil cosas que me gustan. Pero en esta ocasión no propongo condumio alguno, sino
conocer algunos de los pormenores de esta magnífica y sorprendente hortaliza.
Se merece toda mi atención.
Vaya por delante que es un fruto que pertenece a la familia
de las solanáceas, a la cual pertenecen unas 2.700 plantas. El pimiento morrón
es originario del pimiento picante de América. Los primeros europeos que los
comieron fueron Cristóbal Colón y su tripulación en el año 1493. El descubridor
del Nuevo Mundo trajo semillas de distintas variedades a España, desde donde se
extendió por todo el continente europeo. Con posterioridad se diseminaría por
el Medio Oriente, Ásia, África y norte de América, donde hasta aquel entonces
no se conocía.
Este pimiento tiene forma de hocico o morro, por ello su
popular nombre, aunque también es conocido como hocico de buey o pimiento de
bonete. Se trata del único miembro del género Capsicum que no produce capsaicina;
sustancia que provoca una fuerte sensación de ardor cuando entra en contacto
con las mucosas, lo que denominamos picante. Esta ausencia de capsaicina se debe
a un gen que elimina este compuesto.
Estamos ante un alimento con un elevado contenido en agua,
un 94%, pocos carbohidratos, un 5%, apenas proteínas, un 1%, y una cantidad insignificante
de grasas. Su aporte calórico es de 24 kilocalorías por cada 100 gramos. Además
de ser una fuente importante de vitaminas y minerales, contiene fibra.
No lo tenía previsto, pero después de leer y escribir sobre
el pimiento morrón, mis papilas gustativas me han pedido que me acerque hasta
la despensa y coja un bote de conserva de pimientos. Hay que obedecer. ¿Cómo
los haré? No tengo ni idea, es lo de menos. Camino a la despensa lo decidiré.
martes, 24 de marzo de 2026
01731 Los Ñoquis
CON SALMÓN
jueves, 19 de marzo de 2026
01730 Mi Zona de Confort
CONTRACORRIENTE
sábado, 14 de marzo de 2026
01729 La Cuajada con Miel
BIENVENIDA DE NUEVO
jueves, 12 de marzo de 2026
01728 Las Chiretas Rebozadas
CON O SIN ACOMPAÑAMIENTO
01727 El Silencio Aprendido
COMO ANALGÉSICO
miércoles, 11 de marzo de 2026
01726 El Zumo de Pepino
SANO Y REFRESCANTE
Este verano fue tal la cosecha de pepinos que me regaló el
huerto, que ya no sabía qué hacer con ellos. Cada día cenaba un ejemplar. Mi
entorno más cercano y amigos también dieron buena cuenta de ellos. Pero con
todo, siempre había en el frigorífico más de media docena de pepinos. Y eso que
es una hortaliza que me encanta, pero como todo en esta vida, en su justa medida.
En realidad, la buena cosecha fue de pepinillos que, lejos
de embotarlos, los dejo crecer hasta conseguir unos llamativos frutos. De
hecho, desde que descubrí los pepinillos, su primo hermano el pepino, para mí
ha pasado a ser anecdótico. El pepinillo se me antoja más suave, tierno y nunca
resulta amargo. El caso es que, entre unos y otros, el verano se me pasó entre
ellos.
Al margen del socorrido y siempre bien recibido pepino con
vinagre, aceite y sal, su salida a la mesa se produjo de maneras bien distintas
entre ensaladas y alguna que otra curiosa receta extraída de mis libros de cocina.
Con todo, no dábamos abasto. Su presencia era inagotable.
Ingredientes: 1 pepino, 1 limón, 2 vasos de agua muy fría y
unas hojas de hierbabuena. Opcional, un par de cucharadas de azúcar moreno o un
par de cucharadas de miel.
Elaboración: Pelar el pepino, cortar en pequeños trozos e
introducirlos en la licuadora. Añadir el zumo de un limón, las hojas de hierbabuena
y el agua, además del azúcar o la miel, si así se desea. Beber bien frío.








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