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sábado, 8 de abril de 2017

00465 La Cocina Socorrida

CUANDO EL TIEMPO APREMIA


Hay días en los que el tiempo va por delante de ti y por más que corres no hay forma de alcanzarlo. Además, si vives en tierra de "capazos callejeros", la misión se hace del todo imposible. Hoy es de esos días en los que se ha juntado todo. El tiempo llevaba puestas las zapatillas de correr y los "capazos" se han ido cediendo el relevo de manera inesperada. Ha hecho un día formidable, de los cogidos con ganas, y parece que nos hemos puesto todos de acuerdo para salir a la calle. Cuando amanecen estos días cualquier excusa es buena para caminar por el asfalto.

El caso es que acabo de llegar a casa y en apenas quince minutos mi unidad familiar querrá comer. No he preparado absolutamente nada. Me gustan los retos. De primero, una
ensalada César. Les encanta. Nos encanta. Y de segundo, merluza. Quería haberla hecho en salsa verde pero carecía de tiempo, así que he recurrido al Lekue, más conocido en casa como el "sarcófago". ¡Qué grandes y sencillos momentos me ha regalado!

Sobre el fondo del "sarcófago" una cebolla cortada a láminas junto con unas gotas de aceite y sal. Cinco minutos al microondas. En otras ocasiones, incluso unos pimientos verdes cortados longitudinalmente. A continuación, la merluza sobre la cama de cebolla,  con unas gotas de aceite, ajos picados, sal y pimienta. Diez minutos más de microondas. Ya está. Suave, ligera y sabrosa elaboración. Prueba superada. Quince minutos. La comida está en la mesa gracias a la cocina socorrida en estado puro.


sábado, 1 de abril de 2017

00460 Los Huevos Nido

CON ANCHOAS

Una conversación telefónica de recuerdos y besos en la distancia me ha regresado al cuaderno de los "Sabores de mi madre". Mi interlocutora se disponía a comprar unos panecillos para poner en práctica una receta que había visto elaborar recientemente en un canal de cocina. No le he prestado mucho atención a sus ingredientes. Mis pensamientos se han escaqueado para traerme del reposado recuerdo unos "huevos nido" que hacía mi madre de tiempo en tiempo en tiempo, de capricho en capricho.

No los había vuelto a probar desde aquellos entonces. En el preciado cuaderno apenas media docena de líneas en las que se explica su elaboración. "Huevos nido con anchoas. Un panecillo de corteza fina. Uno o dos huevos y dos o tres lomos de anchoas de lata en aceite por panecillo. Se abre el panecillo por la parte superior y se le quita la miga. A continuación se introduce dentro del panecillo la yema o yemas de huevo sin la clara y sobre ellas, las anchoas. Batimos las claras a punto de nieve con un poco de sal y cubrimos el panecillo. Introducimos el panecillo en el horno pre calentado a unos 150 grados y lo sacamos cuando veamos que la clara montada comienza a dorarse. Servir caliente".

Esto es todo con su sencillez y la untuosidad de una yema que sin permiso impregna el panecillo con su vivo color al primer corte. El sabor de la anchoa hará el resto.

No los había vuelto a probar desde aquellos ya lejanos entonces. Una vez más, un aletargado sabor ha reactivado la maquinaria de los recuerdos con apuntes de necesitada felicidad.