Lo cierto es que no acostumbro a albardar con frecuencia. Se dice que la edad y la salud están reñidas con las frituras y que no son muy aconsejables. Aunque visto desde esta perspectiva, qué es aconsejable y que no sea monótono y aburrido. De vez en cuando me apetece darme un capricho, saborearlo y disfrutarlo. Traer al presente un sabor que, por su inocencia, difícilmente puede ser pernicioso.
jueves, 16 de noviembre de 2017
00583 Enalbardar
ALBARDAR
Siempre que paso por huevo y harina un pescado, y en especial cuando son sardinas o anchoas, me acuerdo siempre de la recordada abuela Sara, la madre de mi cuñada/hermana Ana. Era una especialista en enalbardar. Ella siempre decía albardar y así también lo digo yo, aunque en realidad albardar es envolver un trozo de carne, de ave o de pescado con una loncha de tocino para que resulte jugoso y no se reseque durante la cocción. Parece ser que es más exacto decir enalbardar cuando se quiere hacer referencia a cubrir un alimento que se va a freír con harina, huevo o pan rallado.
Independientemente de sea cual sea la definición más exacta y certera, y máxime en tiempos de un "siempre correcto decir", el caso es que me gusta, me encanta, el pescado albardado, frito con harina y huevo. Cuando así lo hago, todavía me parece escuchar la voz de la abuela Sara diciendo que había ido al mercado y había visto unas sardinas o anchoas muy "propias" para albardar. No sé si serían propias o impropias, el caso es que siempre me resultaron riquísimas, hasta el punto de dejar en mi particular imaginario un imborrable recuerdo del que forman parte un especial olor a cocina hogareña y un grato sabor de producto y paciencia.

Lo cierto es que no acostumbro a albardar con frecuencia. Se dice que la edad y la salud están reñidas con las frituras y que no son muy aconsejables. Aunque visto desde esta perspectiva, qué es aconsejable y que no sea monótono y aburrido. De vez en cuando me apetece darme un capricho, saborearlo y disfrutarlo. Traer al presente un sabor que, por su inocencia, difícilmente puede ser pernicioso.
Lo cierto es que no acostumbro a albardar con frecuencia. Se dice que la edad y la salud están reñidas con las frituras y que no son muy aconsejables. Aunque visto desde esta perspectiva, qué es aconsejable y que no sea monótono y aburrido. De vez en cuando me apetece darme un capricho, saborearlo y disfrutarlo. Traer al presente un sabor que, por su inocencia, difícilmente puede ser pernicioso.
miércoles, 15 de noviembre de 2017
00582 El Pastel Ruso de Foie
DULCE Y SALADO
Hace unos días trasladé a este caleidoscopio vital mi gusto por el "Pastel Ruso". En ese momento, nada me hacía prever que, a no mucho tardar, volvería a la carga con él, pero con un innovador giro, tan fascinante y delicioso como su preparado original.
Se trata de "Ruso al Foie con reducción de Pedro Ximénez", un bocado que nace con premio; el obtenido, a la mejor tapa, en la décima edición del concurso de Tapas 10 de Los Monegros, que organizan la Asociación Provincial de Hostelería de Huesca y el Diario del Altoaragón, y que también se hacía acreedora del premio a la mejor tapa apta para celíacos.
La tapa ganadora del certamen monegrino está basada en el tradicional y siempre loado "Pastel Ruso", con la particularidad de que está relleno de foie. Una creación pensada, meditada y ejercitada en el obrador sariñenense de Pastelería Trallero, un referente de la confitería monegrina.
Cuando lo probé, en su justo punto de temperatura y textura, me pareció algo especial. No pude verme la cara, pero me imagino que el primer bocado que entró en mi boca hizo que se me tornaran los ojos como si entrara en éxtasis. De verdad que no exagero. Me pareció un auténtico espectáculo de sabor y de gratitud gastronómica. Hubiera repetido pero pensé que sería mejor dejarlo así, quedarme con ese grato recuerdo, plenamente satisfactorio y sin abusar de ese fantástico momento.
Hablando posteriormente con Salvador Trallero, artífice de este regalo gastronómico, junto con el resto de su profesional familia, le pregunté si esta atractiva y plácida propuesta "moriría" con el concurso, como suele suceder en este tipo de convocatorias, o bien se sumaría a las ofertas y referencias de la pastelería. Su respuesta fue: "estas próximas navidades lo comenzaremos a comercializar". Así pues, los amigos de lo dulce y salado estamos de enhorabuena y no sé qué me da, que este "Ruso al Foie con reducción de Pedro Ximénez" va a dar mucho que hablar y que será testigo de grandes momentos en familia y reuniones.
Enhorabuena, familia Trallero, por este regalo, fruto de vuestra permanente inquietud.
Se trata de "Ruso al Foie con reducción de Pedro Ximénez", un bocado que nace con premio; el obtenido, a la mejor tapa, en la décima edición del concurso de Tapas 10 de Los Monegros, que organizan la Asociación Provincial de Hostelería de Huesca y el Diario del Altoaragón, y que también se hacía acreedora del premio a la mejor tapa apta para celíacos.
La tapa ganadora del certamen monegrino está basada en el tradicional y siempre loado "Pastel Ruso", con la particularidad de que está relleno de foie. Una creación pensada, meditada y ejercitada en el obrador sariñenense de Pastelería Trallero, un referente de la confitería monegrina.
Hablando posteriormente con Salvador Trallero, artífice de este regalo gastronómico, junto con el resto de su profesional familia, le pregunté si esta atractiva y plácida propuesta "moriría" con el concurso, como suele suceder en este tipo de convocatorias, o bien se sumaría a las ofertas y referencias de la pastelería. Su respuesta fue: "estas próximas navidades lo comenzaremos a comercializar". Así pues, los amigos de lo dulce y salado estamos de enhorabuena y no sé qué me da, que este "Ruso al Foie con reducción de Pedro Ximénez" va a dar mucho que hablar y que será testigo de grandes momentos en familia y reuniones.
Enhorabuena, familia Trallero, por este regalo, fruto de vuestra permanente inquietud.
martes, 14 de noviembre de 2017
00581 Dejar Que el Tiempo Fluya
COMO EL AGUA
Lo que tenga que ser será y lo venidero, ya llegará. Me lo repito en voz alta para que mi sordera vital lo escuche. En otros tiempos, el tiempo no fluía, se desbordaba como río en fuerte e imprevista crecida. Todo se convertía en ansia desmedida, en preferente inmediatez. Pareciera que hubiera que hurtarle días a la vida. Con los años aprendí que a la vida nada se le puede robar y que si te descuidas, es ella quien te roba los días. Es un pulso de antemano perdido.
Miro una fuente. El agua fluye en acompasado sonido hasta llegar a una hipnosis de profundo placer. Fluye y fluye y el tiempo da la impresión de que desaparece, que se ausenta de un espacio en el que se siente huésped. Fluye el agua, sin prisa fluye por los caños de una fuente encontrada. Fluye y fluye el agua ante mi atenta mirada. Y el tiempo, en la antesala de un fluir que no acaba, espera y aguarda una atención acostumbrada. Me repito en voz alta, que el tiempo fluya como el agua, que pase como si no importara nada.
lunes, 13 de noviembre de 2017
00580 Otros Fogones
EL SALMÓN DE MARÍA PILAR
Me gusta tomar nota y recordar platos y elaboraciones que he degustado y apreciado cuando he sido invitado a otras mesas domésticas. De hecho, por algún lugar tengo perdida una libreta en la que iba apuntando recetas de estos amigables encuentros gastronómicos y de larga sobremesa. De algunas me acuerdo a fuerza de repetirlas; hay otras que han caído en el olvido aunque las reconocería si diera con la puñetera libreta desaparecida.

La que ahora traigo hasta aquí es de reciente adopción. Es obra aprendida en casa de mi amiga teatral y vecina María Pilar, quien recientemente nos invitó a su casa para saborear unos deliciosos ibéricos salmantinos. Debió parecerle poca cosa y sobre la mesa, además de los excelsos ibéricos, sumó otras opciones, entre ellas, un salmón ahumado con patatas. Me pareció curioso e interesante.
Tan sencillo, me dijo, como hervir unas patatas ya cortadas a láminas, darles el punto de sal y disponer sobre ellas salmón ahumado, pimentón rojo, dulce o picante, y un buen aceite de oliva. O dicho de otra manera, imitar la confección del pulpo con cachelos, en versión salmón ahumado.
Me resultó muy grato al paladar y muy efectivo. Tal y como ya he comentado en alguna que otra ocasión, soy muy dado a poner nombres propios a algunos platos. Así que es obvio decir, que este, en casa y en mi recuerdo, ha pasado ya a denominarse el "salmón de María Pilar".
La que ahora traigo hasta aquí es de reciente adopción. Es obra aprendida en casa de mi amiga teatral y vecina María Pilar, quien recientemente nos invitó a su casa para saborear unos deliciosos ibéricos salmantinos. Debió parecerle poca cosa y sobre la mesa, además de los excelsos ibéricos, sumó otras opciones, entre ellas, un salmón ahumado con patatas. Me pareció curioso e interesante.
Me resultó muy grato al paladar y muy efectivo. Tal y como ya he comentado en alguna que otra ocasión, soy muy dado a poner nombres propios a algunos platos. Así que es obvio decir, que este, en casa y en mi recuerdo, ha pasado ya a denominarse el "salmón de María Pilar".
viernes, 10 de noviembre de 2017
00579 Los Palosantos
KAKIS
Me acabo de poner como el kiko por dentro y un poco por fuera. Estaban deliciosos. Maduros, dulces y golosos como yo los recordaba. De comer con una cucharilla, de otra forma habría sido imposible hacerlo. La pulpa estaba en su punto, gelatinosa, jugosa y sabrosa. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto comiendo este fruto. Ha habido alguna que otra aproximación, pero como en esta ocasión, me tendría que remontar lejos, muy lejos.
Desde que la conocí, y de esto hace ya varias décadas, siempre me pareció un fruto muy especial. Por su sabor tan peculiar, por su forma atomatada, por su atractivo color... y ahora, pasado el tiempo, por los gratos recuerdos que vienen a mi memoria y que no volveré a relatar pues ya fueron escritos en este blog en algún momento de su andadura.
Para mí siempre han sido kakis, pero si hoy los denomino así, es en honor y gratitud a mi amigo Juan, de Sariñena. Hemos estado un rato conversando sobre varias cuestiones, o mejor dicho, él ha hablado y yo le he prestado atención. Me gusta escuchar la voz de la experiencia pronunciada, eso siempre se nota, desde un trabajado corazón. Ahora mi amigo Juan anda preocupado y molesto por los impuestos de transmisiones patrimoniales. Uno de los muchos grandes debates de la actualidad que nos toca vivir. Ya nos despedíamos que me ha interrogado, ¿te gustan los palosantos? Vaya si me gustan, los adoro. A los pocos minutos se ha presentado con una caja de cartón y una docena de tan por mí, apreciado fruto. "Son de los árboles de mi huerto", me ha dicho con su habitual sonrisa. Nada más verlos he intuido que tenían que estar de diez. Y así ha sido, de los de recordar.
Por cierto, que he estado mirando el por qué de palosantos, y al parecer esta popular denominación tiene que ver con la festividad de "todos los santos", que cae justo durante la mejor temporada de este fruto.
Por cierto, que he estado mirando el por qué de palosantos, y al parecer esta popular denominación tiene que ver con la festividad de "todos los santos", que cae justo durante la mejor temporada de este fruto.
jueves, 9 de noviembre de 2017
00578 El Bacalao Confitado
CON PIMIENTOS
Regresa el bacalao a acompañarme en esta personal y compartida ventana. No diré más de él que no haya dicho en anteriores entradas, salvo ratificar lo que me gusta este pescado. Redundaré mi afición a través de una elaboración que me resulta excepcional: confitado.

Confitar pescado, en este caso bacalao, no es otra cosa que sumergirlo en aceite de oliva a baja temperatura y dejar que se cocine lentamente. Resulta muy jugoso, además de ofrecer al paladar una textura y un sabor extraordinarios. Con el confitado se consigue que el bacalao se cocine sin perder un alto porcentaje de agua que contiene su carne. Por otro lado, el aceite empleado queda en perfectas condiciones al no superar durante el proceso de cocinado una temperatura superior a los 65 grados centígrados.
Dicho lo cual, nos ponemos manos a la obra. Una vez desalado el bacalao o en su defecto, fresco, sumergimos los lomos en un buen aceite de oliva, junto a unas láminas de ajo, evitando que el aceite supere los mencionados 65 grados. Lo más aconsejable para esta operación de vigilancia es disponer de un termómetro de cocina. Si vemos que los ajos empiezan a dorarse antes de que esté hecho el bacalao, procedemos a sacarlos. La operación del confitado dependerá del tamaño de las piezas, pero oscila entre 20 y 30 minutos. Conviene a mitad de cocción dar la vuelta al bacalao. Así de sencillo. En esta ocasión, el bacalao lo he acompañado con unos pimientos rojos y verdes y cebolla cortados muy finos y fritos, también a fuego muy lento.
Una delicia que al ver ahora las imágenes que ilustran esta entrada no puedo impedir que se me salten las lágrimas.
Confitar pescado, en este caso bacalao, no es otra cosa que sumergirlo en aceite de oliva a baja temperatura y dejar que se cocine lentamente. Resulta muy jugoso, además de ofrecer al paladar una textura y un sabor extraordinarios. Con el confitado se consigue que el bacalao se cocine sin perder un alto porcentaje de agua que contiene su carne. Por otro lado, el aceite empleado queda en perfectas condiciones al no superar durante el proceso de cocinado una temperatura superior a los 65 grados centígrados.
Una delicia que al ver ahora las imágenes que ilustran esta entrada no puedo impedir que se me salten las lágrimas.
miércoles, 8 de noviembre de 2017
00577 El Olor del Pimiento Asado
ESENCIA A HOGAR
Hay olores que hablan de juventud, de risas, de fantasías, de amaneceres, de estancias, de felicidad, de viajes..., pero si hay un olor que excita y sacude gratos recuerdos, este es el del pimiento asado. Su aroma cálido e inconfundible me transporta a tardes otoñales de plena y pausada dicha, a viejas cocinas de doméstico ejercicio asaltadas por barcas de frutos morrones nacidos en huerta, apetitosos y gratificantes. Imágenes que regresan impregnadas en un apetecible olor que envuelve y resucita los espacios dormidos.


Recupero el ritual. Lavar el fruto, bandeja de horno y papel de aluminio. Colocar el rojo fruto en perfecta formación. Aprovechar el espacio, que no queden huecos. Enseñar el aceite. Que comience la función. Unos escasos minutos y se comenzará a percibir la esencia soñada de un instante perfecto. El color cambia de pigmento. Dar la vuelta al rojo morrón. "Cuidado, no te vayas a quemar". "Déjame a mí, ningún bueno se quema". Y el olor a antaño, confundido con el calor, sale del horno en busca del respiro atento.
Solo queda desprender la piel al pimiento, desnudarlo y dejarlo en tiras con los dedos húmedos, mientras el pensamiento se exilia a otros tiempos. Y el olor, aliado, cálido y reconfortante, se vuelve a reinventar para convertirse en esencia de hogar.
Solo queda desprender la piel al pimiento, desnudarlo y dejarlo en tiras con los dedos húmedos, mientras el pensamiento se exilia a otros tiempos. Y el olor, aliado, cálido y reconfortante, se vuelve a reinventar para convertirse en esencia de hogar.
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