Solo queda desprender la piel al pimiento, desnudarlo y dejarlo en tiras con los dedos húmedos, mientras el pensamiento se exilia a otros tiempos. Y el olor, aliado, cálido y reconfortante, se vuelve a reinventar para convertirse en esencia de hogar.
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miércoles, 8 de noviembre de 2017
00577 El Olor del Pimiento Asado
ESENCIA A HOGAR
Hay olores que hablan de juventud, de risas, de fantasías, de amaneceres, de estancias, de felicidad, de viajes..., pero si hay un olor que excita y sacude gratos recuerdos, este es el del pimiento asado. Su aroma cálido e inconfundible me transporta a tardes otoñales de plena y pausada dicha, a viejas cocinas de doméstico ejercicio asaltadas por barcas de frutos morrones nacidos en huerta, apetitosos y gratificantes. Imágenes que regresan impregnadas en un apetecible olor que envuelve y resucita los espacios dormidos.


Recupero el ritual. Lavar el fruto, bandeja de horno y papel de aluminio. Colocar el rojo fruto en perfecta formación. Aprovechar el espacio, que no queden huecos. Enseñar el aceite. Que comience la función. Unos escasos minutos y se comenzará a percibir la esencia soñada de un instante perfecto. El color cambia de pigmento. Dar la vuelta al rojo morrón. "Cuidado, no te vayas a quemar". "Déjame a mí, ningún bueno se quema". Y el olor a antaño, confundido con el calor, sale del horno en busca del respiro atento.
Solo queda desprender la piel al pimiento, desnudarlo y dejarlo en tiras con los dedos húmedos, mientras el pensamiento se exilia a otros tiempos. Y el olor, aliado, cálido y reconfortante, se vuelve a reinventar para convertirse en esencia de hogar.
Solo queda desprender la piel al pimiento, desnudarlo y dejarlo en tiras con los dedos húmedos, mientras el pensamiento se exilia a otros tiempos. Y el olor, aliado, cálido y reconfortante, se vuelve a reinventar para convertirse en esencia de hogar.
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