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domingo, 17 de noviembre de 2019

00878 La Tortilla Francesa de Cebolla

BIEN POCHADITA


Sin querer, se ha convertido en todo un clásico de las cenas y de alguna que otra comida en familia. Todo empezó una noche cuando una de mis hijas llegó a casa hambrienta y agotada de estudios y gimnasio. Apenas traspasó el umbral de la puerta de entrada a casa, pronunció su  tradicional "Hola, buenas noches, qué tal".  Casi al unísono le acompañé en su acostumbrado guión: "Estoy cansadísima". Y a renglón seguido, su pregunta de costumbre, "¿qué puedo cenar?", con respuesta también de costumbre, "¿qué te apetece?"

Pensé que por su boca saldría el tradicional bocata de...., pero no. Error. Contra todo pronóstico me pidió que si le podía hacer "una tortilla francesa de cebolla, con mucha cebolla, y bien pochadita".

Creía conocer sus gustos gastronómicos y ciertamente su petición me descolocó. Sabía que le gustaba la cebolla pero no hasta este punto. Su sorprendente petición, intuyo, imagino, vino provocada por la visión de un par de preciosos y deliciosos "cebollones", tipo Fuentes, que había traído hacía unos días del huerto y que dejé en la mesa de la cocina. Imagino e intuyo, conociéndola, que se haría su composición de lugar y que desde que los viera, les habría escrito su destino.

Nunca había hecho una tortilla francesa de estas características, así que abordé su elaboración con la ilusión y el entusiasmo de la primera vez. La gracia de esta tortilla estriba en pochar una buena cebolla en un buen aceite de oliva virgen. Una vez pochada, es conveniente depositar la cebolla en un colador para que desprenda todo el aceite que haya cogido durante el cocinado. Solo restará batir un par de huevos, sazonar la cebolla e incorporar los ingredientes a la sartén para elaborar la susodicha tortilla.

Esa noche no me dio tiempo de preguntarle a mi hija cómo estaba la tortilla. Bastó un plis plas para dejar el plato limpio. No hice pregunta alguna, su mirada, una mirada que bien conozco, lo decía todo.

Hoy he estado en el huerto y he traído a casa un par de cebollones. Intuyo qué cenaremos esta noche.










sábado, 28 de octubre de 2017

00571 La Tortilla Francesa

CON CHORIZO


Clan, clan, clan, clan... Estoy tan cansado y abrumado con todo lo que pasa en mi entorno que no me apetece ni juntar letras, ni leer, ni ver la televisión, ni ordenar fotografías... clan, clan, clan, clan, clan. Estoy tan harto de la insensatez y tan preocupado por mi gente y por quienes sufren como mi gente que no me apetece ni cenar, ni hacer cenas, ni hablar, ni escuchar, ni fantasear.... clan, clan, clan, clan, clan, clan.....

Como cada noche, un familiar sonido entra por la ventana siempre abierta de la cocina. Si careciera de reloj, el clan, clan, clan, clan, clan me orientaría en la noche como el sol así lo hace durante el día a los labradores. Me asomo a la ventana y observo a una vecina batiendo un par de huevos tenedor en mano. Clan, clan, clan, clan... Si me esfuerzo un poco hasta puedo percibir el familiar y entrañable olor doméstico de la tortilla francesa. De ese socorrido alimento que entra por la boca hasta en la desgana y que tan bien socorre en los días de frigoríficos vacíos. Veo a mi vecina bien resuelta en la elaboración de la tortilla. Sin prisa, cuajando el huevo, doblando el cuajo. Perfecta. ¡Cuántas llevará en su vida hechas!

Desaparecen de mi campo visual, la vecina y la tortilla. Y aparezco yo delante de la encimera con otro clan, clan, clan, clan, clan... Me he contagiado a pesar de la falta de gana. Es más, incluso me apetece sumar al ritual un sabor que me haga olvidar el mal sabor de los días. Cualquier cosa casa bien con la yema y la clara batidas. Ya puestos, me apetece un sabor fuerte, de los de matacía, que le de vida a la simple y humilde tortilla. Que le de también color, ese color tan necesario en estos días.