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sábado, 14 de octubre de 2023

01192 Los Huevos Rellenos con un Plus

 DE GUINDILLAS


Así como la conserva de pepinillos recolectados en el huerto ha sido un desastre, sólo un tarro ha salido bueno de una docena, la de guindillas frescas ha resultado espectacular.

Hasta que llegue el momento de que acompañen a los guisos y legumbres, formarán parte de los aperitivos dominicales a base de deliciosas gildas o de alguna que otra ocurrencia. Como por ejemplo, la que en esta ocasión traigo a colación. Se trata de los tradicionales y populares huevos rellenos con atún, una de mis muchas pasiones alimenticias y de la que ya he dejado constancia en este caleidoscopio vital (ver entrada 00759), pero con el añadido de un plus, el que le da la guindilla. Al ya de por sí magnífico sabor del huevo relleno, la guindilla le aporta, además de su peculiar sabor, el del vinagre en su justa medida.

En un principio, pensé que igual no era buena idea. No obstante, era cuestión de probar un huevo relleno con un trocito de guindilla y si no agradaba, allí quedaba la cosa. Una vez catado, la combinación me pareció digna de tener en cuenta y seguí repartiendo trocitos de guindilla en conserva por el resto de los huevos rellenos. Además, si a alguno de los comensales no le parecía bien la propuesta, resultaba tan sencillo como apartar discretamente la guindilla del huevo.

Particularmente, la guindilla fresca me encanta y me parece un excelente invitado en muchos platos. Y este es uno de ellos. 




viernes, 23 de junio de 2017

00497 Los Huevos Rellenos

UN TOQUE DE ALEGRÍA EN LA MESA


Hubo un tiempo en el que los huevos rellenos eran la solución en cualquier envite. Eran la viva imagen de la fiesta. Huevos rellenos sin excesivas complicaciones; los de atún y mayonesa, de bechamel, de pimiento rojo o de paté, eran los más habituales sobre los limpios manteles. Y si no estaban rellenos, se les pinchaba algún salado y colorista sabor.

Hago aquí un punto y aparte porque me acaban de venir a la memoria los "huevos señoritos" que ya hacía mi padre y después mi madre cuando en su recuerdo quería darle a la mesa un toque de alegría. Un día los traeré por este caleidoscopio vital.

Retomo el primer párrafo. Hubo un tiempo en el que las barras de bares y tascas ofrecían huevos duros rellenos o sin rellenar como tapa habitual. Incluso recuerdo algún que otro bar que disponían sobre platos o fuentes, huevos duros sin pelar. Les quitabas la cáscara y simplemente con un poco de sal hacían las veces de humilde tapa.

Las adversas informaciones sobre el huevo y la incorporación de nuevas tendencias y prácticas gastronómicas irían haciendo desaparecer de nuestros acostumbrados hábitos culinarios al ahora denostado huevo duro.

A mí me encantan los huevos rellenos y son bien recibidos cuando alguien tiene la genial idea de servirlos a la mesa o hacer de ellos una de sus especialidades. Los que ilustran esta entrada los he recuperado de una comida en casa de mi amiga Chus hará hace un par de años. Estaban deliciosos y sabrosos. No se trataba de huevos rellenos al uso, más bien el huevo duro formaba parte de un todo. Pero a la vista, parecían rellenos. Sobre una rebanada de pan tostado, Chus colocó unas tiras de pimiento rojo, una lámina de huevo duro, una anchoa ahumada y sobre todo ello, una buena y equilibrada mayonesa. No era el huevo relleno al uso, pero mis dos mordiscos no encontraron mucha diferencia a no ser por el pan tostado.

Hace tiempo que no hago huevos rellenos de los de entonces. Mañana es sábado, mañana puede ser un gran día para recuperar ese sabor de huevo duro relleno de...