Mostrando entradas con la etiqueta Ermita. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ermita. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de noviembre de 2019

00886 Ermita Santuario de Nuestra Señora de Casbas

UN DELEITE


Mi afán por conocer el mayor número de lugares y escenarios de la sorprendente y atractiva provincia de Huesca, me llevó hace ya algunos años hasta la ermita santuario de Nuestra Señora de Casbas de Ayerbe. Regresaba de visitar la localidad de Biscarrués. Recuerdo una tarde esplendida de una incipiente primavera en la que mi ánimo no quería encontrar el camino de regreso a casa. Había oído hablar de esta ermita en numerosas ocasiones, siempre con profusión de halagos, y leído de sus multitudinarias romerías. Así, que ese era el día de conocerla. No había prisa y pasaba por delante de ella.

El edificio se encontraba en plena rehabilitación. Precisamente, había leído por esos días un artículo en el que se anunciaba el inicio de las obras consistentes en la consolidación de la cimentación, así como reparaciones en bóveda, cubierta y campanario. Ese día me deleité en pasear por su entorno y realizar unas cuantas fotografías. El lugar me pareció muy sugerente y atractivo. Aún con las obras, la visita me resultó interesante.

En cuanto llegué a casa me dispuse a buscar información. Leí que en su "origen fue una capilla de origen románico y que en la actualidad es un edificio barroco del siglo XVII". El santuario consta de dos construcciones; el edificio de dependencias, con vivienda del santero y estancias para los romeros, y la propia ermita.

"En su interior destaca la profusa y barroca decoración pictórica de muros y bóvedas, que ofrece un programa de inconografía mariana completa, abundantes motivos vegetales, así como elementos ilusionistas de arquitecturas fingidas y trampantojos. Las pinturas, de gran colorido a base de colores primarios, se pueden datar de comienzos del siglo XVIII y están realizadas con una técnica en seco".

La existencia del santuario de la Virgen de Casbas y su cofradía está documentada al menos desde 1342, y hubo dos templos que precedieron al actual. El primero, de origen medieval, del que apenas se conocen datos. Fue sustituido por una nueva iglesia, mandada construir en 1640 por Juan Fernández Peralta. Tras su construcción, se procedió a su decoración interior. La realización del retablo, obra del escultor de Ayerbe, Jerónimo del Río, está documentada entre 1619 y 1630.

El edificio de dependencias fue muy reformado a finales del siglo XIX o principios del XX. A lo largo del siglo pasado el conjunto ha sufrido numerosas obras de reforma y acondicionamiento: Construcción de la escalinata, restauración del pórtico y mejoras en el edificio de las dependencias.

En abril de 2014, el Gobierno de Aragón declara de bien de interés cultural, BIC, en la categoría de monumento, la ermita santuario de Nuestra Señora de Casbas, sita en Losanglis, término municipal de Ayerbe.

Al cabo de un tiempo amaneció uno de esos días en los que se hace necesario romper con la monotonía. No recuerdo el motivo, el caso es que me vino a la mente,  como un flash,  la ermita de Nuestra Señora de Casbas y su fascinante entorno, con espacio para merendero incluido. Y allí que me fui con la cámara fotográfica, un libro y una libreta por si me venía alguna ocurrencia.

Las obras de rehabilitación habían concluido y la ermita lucía en todo su esplendor. Los campos circundantes se presentaban en un verde intenso que hacían el paraje todavía más fascinante. Quise entrar en la ermita pero estaba cerrada, así que me senté en uno de los bancos y me dispuse a leer. No habría pasado ni una decena de páginas que llegó un venerable matrimonio para sentarse en un banco próximo. Tras los buenos días de cortesía, la pareja sacó de una bolsa su almuerzo y yo proseguí con mi lectura.

Me dio la impresión de que mis vecinos de banco eran de la zona. No tardé mucho en entablar conversación. Comencé por decirles que el lugar me parecía una maravilla y que había sido todo un descubrimiento. "¿Ha vito la ermita por dentro?", me preguntó mi interlocutor. "No, no he tenido todavía oportunidad. Cuando he venido estaba en obras o cerrada". "Pues le falta por conocer lo mejor. Se la conoce como la Capilla Sixtina del Altoaragón", me indicó. A lo que yo le contesté que solo había visto fotografías y que me pareció algo digno de admirar".

Me hizo saber que estaba abierta todos los sábados del año y que durante el verano, a través del programa de "Puertas Abiertas" que promueve la Comarca de la Hoya de Huesca, podía visitarse de martes a domingo. Además, me informó, que según la tradición, la imagen de la Virgen fue traída desde la localidad francesa de Casbas, y que la romería se celebra el primer domingo de junio, en acción de gracias por una lluvia que acabó con una larga sequía el 1 de junio de 1640 y a la que acuden vecinos de Ayerbe, Biscarrués, Fontellas, Losanglis, Erés y Piedramorrera. "Si puede venir, no se arrepentirá", concluyó.

Anotado quedó en la libreta.












domingo, 13 de mayo de 2018

00686 La Ermita de Jara

UNA VEZ AL AÑO

Mis dos hijas tienen nombre de ermitas de Huesca; Loreto y Jara. La primera de las ermitas la suelo visitar con relativa frecuencia, no así la segunda, que solo acudo el segundo domingo de pentecostés, que es cuando la Cofradía de Nuestra Señora Virgen de Jara celebra su tradicional romería hasta este lugar.

Tras la guerra civil, de la primitiva ermita de Jara solo quedó en pie un arco. Una ruina cuya silueta, durante muchos años,  parecía querer dar la bienvenida a casa. Nunca por aquel entonces accedí hasta ella. Para mí no pasaba de ser un elemento más del aprendido paisaje.

En junio de 2006 y tras diez años de larga reconstrucción, la ermita volvía a contar con techumbre y paredes. Las primeras obras se centraron en reforzar la cimentación y la construcción de dos arcos. Tras un parón, un Taller de Empleo del Ayuntamiento de Huesca acabó el cubrimiento del cuerpo del templo. La última fase se completó con el cubrimiento de los pies de la ermita, además de cerrar el atrio con la instalación de una verja de hierro procedente del antiguo matadero municipal. Una reconstrucción en la que tuvo mucho que ver el que fuera prior de esta cofradía, el añorado Daniel Calasanz.

Aunque solo sea el día de la romería, me gusta subir a la ermita de Jara con mi hija, hacerle la tradicional fotografía junto a la virgen y ver cómo van pasando los años. Y cómo no, musitar una oración mientras le dirijo unas palabras a la virgen, que a esta la tengo poco cansada.

sábado, 5 de mayo de 2018

00677 La Ermita del Toral

FIESTA DEL ORGULLO PASIEGO


Las ermitas son otra de mis debilidades. Me identifico mucho con ellas. Habitualmente ubicadas en preciosos parajes. Solas, humildes, casi olvidadas salvo el día señalado de celebración y romería. Lugar de oración y recogimiento donde poder hacer acopio de paz y silencio.

La última la encontré al regreso fallido del puerto de las Estacas. Un edificio sencillo a orillas del río Miera. Construida a finales del siglo XVIII o principios del XIX. De planta rectangular, con una esbelta torre remata en cúpula a los pies. Los muros son de piedra caliza, con mampostería y sillería en esquinales y vanos. Tras décadas de abandono ha sido recientemente restaurada.

Cerrada a cal y canto, no pude entrar a orar y pedir todo lo que tengo que pedir en los últimos tiempos. Me limité a observar y rogar a través de los muros que guardan el silencio y el acompasado discurrir del Miera entre piedras y pequeños remolinos. La visita fue breve, pero algo me dijo que me fuera tranquilo.

Aquí, en la ermita del Toral, se viene celebrando en los últimos años la "Fiesta del Orgullo Pasiego" para preservar las costumbres y tradiciones del valle. Vecinos de San Roque de Riomiera, de la Vega del Pas y de San Pedro del Romeral se reúnen acompañados de la música del pito, el tambor y las panderetas para mantener vivas las costumbres pasiegas. Relinchos, ordeños y como espectáculo, uno de los deportes autóctonos más impresionantes del valle: el salto pasiego, con el que antiguamente los ganaderos salvaban los obstáculos de los caminos y prados por medio de una vara flexible de avellano de más de dos metros de longitud. Y como en toda fiesta, no falta la gastronomía: chorizada, sobaos, quesadas y quesucos de las leches de las villas pasiegas.