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viernes, 19 de mayo de 2023

01119 El Jamón Pasado por la Sartén

 CHULLA DE JAMÓN


¡Qué cosa más rica! Tanto, que puede que se encuentre entre lo más destacado de mis debilidades gastronómicas. En la actualidad no acostumbra a estar en mi dieta como lo estuvo en mis años mozos. Por eso, cuando se da el caso, disfruto de este manjar lo que no está escrito, como si no hubiese un mañana.

Mentar el jamón pasado por la sartén, es para mí, remontar el vuelo a los días de mi infancia y juventud, en casa de mi abuela Genoveva, en Alcalá de Gurrea. Todavía la puedo recordar llamando a mi tío Segundo para que fuese a la bodega a cortar "unas chullas de jamón para pasarlas por la sartén y que meriende el crío". Esas meriendas eran sublimes, como lo era también, cuando tocaba, el "macarrón" o rebanada de pan de hogaza con un buen chorretón de vino y azúcar. Esto último lo dejaré para otro día. 

Digo merienda, me refiero al jamón pasado por la sartén, por centrarlo en el día. Pero sabiendo mi abuela lo que me gustaba y siempre en el afán por complacerme, me podía encontrar con semejante manjar tanto a la hora de almorzar como para cenar. Era una apuesta segura: el aceite de "casa"; el jamón, de la matacía, también de casa y curado en la bodega, como no, de casa; y el pan, como si fuese de casa, de la panadería de Alcalá. ¡Explosión de júbilo la que me trae el recuerdo!

Por aquellos años, fuera de los dominios de mi abuela, también acostumbraba a pasar por la sartén el jamón. No era lo mismo, pero no dejaba de ser una tentación. A mi madre, aunque no debía catarlo, también le encantaba, y de vez en cuando, muy de vez en cuando, nos dábamos el gustazo. A ella se lo servía con una rodaja de pan de barra. En cambio yo, que estaba en edad de crecer, me "apretaba" unos bocadillos, que para ahora los quisiera. Eso sí, sin olvidar de untar el pan en el aceite sobrante que quedaba en la sartén después de freír el jamón. ¡Qué pasada de bocadillo!

Ahora, de bocadillos ni hablamos, pero sí que en esporádicas ocasiones, me gusta recordar ese inolvidable sabor del jamón pasado por la sartén, su gusto a antiguo y verdad, y su inconfundible olor a cocina querida.



martes, 16 de mayo de 2023

01117 Las Patatas de Fin de Año

 SIN COMPLICACIONES


He comentado en alguna que otra ocasión, mi inclinación a denominar con nombres propios, de referencia o de situación, a determinados platos o elaboraciones gastronómicas. Mi listado en este sentido, empieza a ser amplio.

En esta ocasión, traigo, hasta este caleidoscopio vital, mi último bautizo a unas patatas al microondas, con mayonesa y una anchoa, o lo que es lo mismo, las patatas de Fin de Año. Fue mi aportación a la última cena de 2022.

Desde hace muchos años, en mi familia tenemos por sana costumbre, reunirnos en una casa de turismo rural para despedir el año y darnos los buenos propósitos para el siguiente. Al principio, la versión familiar era reducida, unos doce, y se elaboraba una cena al uso y para la ocasión. Para la comida de Año Nuevo, habitualmente nos íbamos de restaurante.

Con el paso de los años, la familia ha ido creciendo y se han incorporado a la cita otros hermanos. Por resumir, el año pasado nos contábamos en Enciso, La Rioja, muy cerca a la localidad de Herce, en número de treinta. 

Cuando la reunión comenzó a ser multitudinaria, pusimos en práctica la idea de hacer un concurso de tapas. Así, cada adulto tenía la obligación de hacer una tapa para cada uno de los asistentes. ¡Una barbaridad! El día de Año Nuevo todavía seguíamos comiendo tapas.

Los niños ya han crecido y son adultos, con lo que también se han incorporado al tapeo. La única novedad es que ya no hay concurso, fuera presiones. Que cada uno haga para el resto lo que le apetezca. No a todo el mundo le gustas cocinar, pero todos se empeñan en agradar. Lo cierto es que al final, sobre las alargadas mesas se exhiben deliciosos bocados y de calidad. ¡Otra barbaridad! El desayuno del primer día del año,  parte de la comida, y también de la cena, es a base de las tapas sobrantes.

Este año monté una tapa que pudiera gustar tanto a los niños, pocos ya, como al resto del personal y sus rarezas. Pensé en la patata como base, que gusta a todo el mundo. Luego era cuestión de darle un plus. Así que me incliné por la mayonesa y acompañarla de una anchoa. Las patatas están cocidas en el microondas, en unas pequeñas bolsas adquiridas en un popular supermercado. Una vez hechas, tardan unos siete minutos en cocerse, se sacan de la bolsa, se aplastan ligeramente, y se les incorpora una mayonesa casera y una anchoa de lata. Se culmina con unas escamas de sal Maldon, sin pasarse.

Cincuenta hice para la ocasión, y ni una quedó de muestra para el desayuno de Año Nuevo. 

 









viernes, 8 de noviembre de 2019

00874 La Huerta en Tempura

VOLVER A EMPEZAR

Hoy es el día de retomar las diez mil cosas que me gustan. Hacía tiempo que quería reiniciar este caleidoscopio vital, esta misión imposible que dejé en el olvido hace aproximadamente un año, pero nunca encontraba el momento. Siempre había alguna fugaz excusa para no hacerlo.

En estos casi doce meses ha habido de todo en mis días: Nuevos fracasos profesionales, sentidas pérdidas irreparables, crisis personales, decepciones... y entre medio de las zozobras, pequeñas cosas que me han seguido congraciando con la vida y con mi vida. Durante este tiempo, he ido acumulando imágenes para cuando llegara el momento de retomar el proyecto. Viajes, enclaves, paisajes, gastronomía, sensaciones, destinos, situaciones... han sido las principales dianas de mi visor a la espera de palabra.

Aún una vez decidido a que de "hoy no pasa", han vuelto los pretextos. ¿Por dónde empezar? Antes de que se repitiera la situación de otras tantas veces y que sirviera de nueva excusa, he querido cortar por lo sano: Algo que tenga que ver con un pedazo de tierra llamada huerta y que tantas alegrías me ha regalado, que tanto bien me ha hecho su cuidado y donde en los últimos meses he dejado enterradas un buen número de tristezas y penas. Un día le dedicaré su merecido y largo recorrido. 

Precisamente,  hoy ha tocado la recogida de la versión veraniega y con ella los últimos frutos de una generosa temporada. Así que he pensado darme un homenaje por todo lo alto y comer sus delicias en tempura, como si de un festín se tratara. Un cocinado que aunque me entusiasma, no acostumbro a abusar de él, lo que se traduce a que cuando lo elaboro, el disfrute se multiplica por diez. Calabacines, berenjenas, pimientos verdes y piparras han pasado por el fácil preparado de tempura en el que un día me instruyó mi querido Antonio Arazo. Tan sencillo como añadir harina a una cerveza bien fría hasta conseguir una masa ni muy líquida ni muy espesa. Introducir cortados a tiras o en rodajas en la masa los vegetales elegidos y freír en abundante aceite. Servir con unas escamas de sal Maldon por encima. De vicio su sabor, crujir y disfrute. 




sábado, 30 de junio de 2018

00736 El Fondant de Azúcar

POR LO QUE REPRESENTA

No es que me vuelva loco el fondant de azúcar, creo que hasta me sienta mal, pero sí que me gusta por lo que representa. Y no es que yo lo trabaje, para nada. En alguna ocasión ayudé a mi hija Jara en hacer alguna de sus "ocurrencias". La artista de la familia, en esta ocasión es mi sobrina Carmen. Es una auténtica maestra del manejo del fondant de azúcar.

No hay acontecimiento familiar en el que no esté presente una tarta de fondant de Carmen. Que hay una "herzada", es decir, un encuentro de Herces, allí que se presenta Carmen con alguna tarta alusiva para la ocasión. Que hay un encuentro en torno a la longaniza, pues nada, manos a la obra: una tarta de longaniza sobre puré de patata. Por supuesto, de fondant de chocolate. Que hay un cumpleaños que celebrar.... pues Carmen sabe de los gustos y aficiones del homenajeado y tarta que va.

Son auténticas obras de arte. Siempre decimos lo mismo: "Da pena comerte la tarta". Y la respuesta siempre es la misma: "Pues una foto para el recuerdo y dar buena cuenta de la tarta". Dicho y hecho, foto y a disfrutar del momento.

Y así es como tengo una buena colección de fotos de recreaciones de fondant de azúcar elaboradas por mi sobrina Carmen. Ahora las miro y vuelvo a disfrutar de los grandes momentos y de los encuentros que hemos compartido. Sus tartas se han convertido un clásico y los encuentros familiares en una necesidad.

Por eso, el fondant de azúcar, ni fú ni fá, pero pase por la puerta grande de este blog por todo lo que representa.






lunes, 8 de mayo de 2017

00476 De Vez en Cuando

MUNDANOS PLACERES


De vez en cuando aprieto las articulaciones de los nudillos de las manos para averiguar si todavía emiten sonidos y si el dolor se hace todavía soportable. De vez en cuando me imagino en otra piel y sentir su olor más cercano. Por imaginar, imagino que soy feliz y apuesto por saber a cuantos contagio.

De vez en cuando, muy de vez en cuando, hago como que no siento, que soy ajeno, que no sufro ni padezco. Hablo solo aunque esto suponga, por un desacuerdo, meses sin hablarme. De vez en cuando me hago el tonto para no quitar la razón al listo.

De vez en cuando digiero un suspiro para que no lo enfríe el aire. Entorno los ojos y los defiendo de una realidad que ciega. De vez en cuando mezo los sueños entre sábanas floridas, que descansen, que se hagan fuertes ante lo que se avecina.

De vez en cuando, muy, muy de vez en cuando, me regalo una dicha; un plato de embutidos, con  pan con tomate. Sin abusar, despacio, con deleite, saboreando, poco a poco, pacientemente, disfrutando de un venial pecado que purgaré con su ausencia en sucesivos meses.

¡Qué bien sientan los "de vez en cuando", si estos vienen de la mano de mundanos placeres!