miércoles, 30 de abril de 2025

01664 Paisajes Escritos 11

 BAJO SU QUIETUD SOLITARIA


Límites y espacios. Siegas azules. Todo lo preside y lo juzga. Él es el que nos contempla desde su verde silencio, bajo su quietud solitaria.

Óleo sobre lienzo de Fernando Herce.
Texto de Antonio Herce
Exposición: Paisajes Escritos. Huesca, junio de 2015



01663 Un Cielo Llamado Fantasía

IMAGEN EFÍMERA


Hoy miro al cielo, pero no para interpretar ni imaginar como acostumbro. Alzo la vista atrapado por una imagen efímera, llena de fuerza, misteriosa. En apenas cinco segundos, la apariencia ha cambiado por completo. El aspecto es similar, no así sus colores. La imagen inicial, flamígera y calórica, ha dado paso a otra más apagada y lúgubre, pero no por ello menos bella y fascinante. Es una lección de vida. Todo puede cambiar en un chasquido de dedos. Pero no, hoy no quiero mirar al cielo para interpretar, ni imaginar, como acostumbro. Hoy solo quiero disfrutar con un cielo llamado fantasía.



01662 Descansa la Tarde

 CUÁNTA DICHA


Descansa la tarde sobre un mar de plata y oro.
Amarrado al muelle,
donde las miradas se maquillan de asombro,
una barca se mece entre el suave oleaje,
mientras sueña con un horizonte
que parece pintado.

Cuánta dicha,
pensó una mirada.

Cuánta armonía
musitó el sol, cercana la despedida.





martes, 29 de abril de 2025

01661 Paisajes Escritos 10

 EXCESIVO


Quietud, dulzura y dureza. Pasión con fuerza. Como el altoaragonés y su territorio. Excesivo.

Óleo sobre lienzo de Fernando Herce.
Texto de Antonio Herce
Exposición: Paisajes Escritos. Huesca, junio de 2015




01660 Untar Pan

 LA APOTEOSIS DEL SABOR


Untar el pan en las salsas es algo que me produce un grato placer. Desde siempre, desde que era niño. Me parece el colofón de un buen plato, la guinda del pastel, la apoteosis del sabor. Bien es cierto que en la actualidad he aprendido a contenerme, cosas de la edad, y no son pocos los guisos que se han quedado sin la casi obligatoria untadita de pan.

Lo de untar o mojar pan en las salsas viene de viejo, de tradición. Anda que no he escuchado veces tanto a mi abuela como a mi madre aquello de “coge un poco de pan para ayudarte”. Recordando esta sentencia, pienso que más que una mera recomendación para que el bocado en cuestión subiera a la cuchara o al tenedor, era una incitación a que mojaras el pan en cualquiera de las salsas de sus memorables guisos. No podía ser de otra manera. Y además, era una certera forma de llenar el estómago.

No obstante, es una mera impresión, y como tal, puede que esté equivocado. En las propuestas culinarias actuales, las salsas brillan por su ausencia y si están, son una mera anécdota. Casi se agradece, pues así se evitan tentaciones. ¡Ay, untar pan! ¡Qué tiempos aquellos! Panaderías familiares y de referencias. Panes artesanos, de dos o tres moños, con gruesa corteza y sabrosa miga compacta.

Por cierto, Julio Camba, periodista, escritor y humorista gallego, en su obra “La Casa de Lúculo” o “El arte de comer” (1929) señala “No deje usted nunca de sopear por un falso concepto de la corrección; lo verdaderamente incorrecto es devolver a la cocina sin haberla probado, una de esas salsas que honran a una casa”. No seré yo quien diga lo contrario.

 


viernes, 25 de abril de 2025

01659 "Empeño por Conducir"

 COSAS DE HUMPHRY


De Humphry tengo un buen número de fotografías con momentos entrañables. De todas ellas, esta que traigo hasta este caleidoscopio vital, es mi favorita. No es la mejor fotografía, pero es la que cada vez que la observo, además de sacarme una sonrisa, me recuerda que a Humphry solo le falta hablar. Ya lo intenta. En ocasiones, cuando intuyo que está contrariado o molesto por algo, emite unos sonidos, una especie de balbuceo, que me gustaría saber interpretar. Con frecuencia, se queda mirándome fijamente a los ojos, sin pestañear. Lo que daría por saber qué pasa en ese instante por su cabeza. En casa es un bendito. No así en la calle, que saca el "macarra" que lleva dentro. Sus treinta kilos de peso, de momento, me han originado una lesión en el hombro derecho y el izquierdo comienza ya a dolerme. Mi relación con él es buena, aunque reconozco que hay días que me resulta insoportable. Aunque pienso que no es una cuestión suya, sino de mi capacidad de aguante. No sé. No entiendo de canes. Solo sé que es un buen perro y que me ha regalado momentos fantásticos como el de la imagen y su "empeño por conducir".

P.D. Para los que buscan tres pies al gato, en este caso al perro, el coche estaba perfectamente estacionado, con el motor apagado, sin las llaves de arranque puestas, con el freno de mano puesto y Humphry, sobre las rodillas de una sobrina con carnet de conducir.

jueves, 24 de abril de 2025

01658 Las Hortensias

 CARA Y CRUZ


Es curioso comprobar, cómo los temores adquiridos de pequeño y de no tan pequeño, consciente o inconscientemente, te acompañan el resto de tus días. He aquí, un ejemplo.

La hortensia, con sus coloristas pompones, es una flor que me encanta, además de traerme gratísimos recuerdos vacacionales cuando la contemplo. Me gustan las plantas y las flores en general. Siempre me han acompañado. Pero con todo lo que me gusta la hortensia, nunca la he tenido en casa. El motivo, una superstición heredada de mi madre. Precisamente, no hace muchas fechas, hablando con mi hermana Gemma, quien también es una amante de la jardinería, sobre ciertos cuidados de la plantas, salió a colación la hortensia. Como a mí, le encanta. Pero como yo, tampoco la ha tenido en casa. El motivo, la misma influencia que un servidor, a través de nuestra madre. Hecho que también recordamos. Y es que mi madre, quien también mostraba querencia por esta flor y que tampoco la tuvo en casa, decía que en el domicilio dónde había una hortensia "se padecía un cáncer". Y con esas que nos quedamos. 

No sé de dónde se sacó tamaña sentencia, pero el caso es que nos quedamos con la copla. Supongo que sería porque conocería alguna coincidencia de gente allegada y le colgó el San Benito a la hermosa planta. Recuerdo que para un cumpleaños de mi suegra, y enterado de que le encantaba esta planta, le regalé una preciosa maceta, no sin cierto heredado temor. Lo reconozco. Todavía recuerdo la cara que puso cuando me vio entrar en su casa con la maceta y los hermosos ejemplares de flor que portaba. La tuvo durante algunos años y bien orgullosa que la mostraba a todo aquel que iba a visitarle. Por cierto, de esto hace igual una treintena de año. Y mi suegra, a la que adoro, goza de una espléndida salud a sus 94 años de edad.

Tras la conversación con mi hermana y el recuerdo de mi madre en torno a las traídas hortensias, busqué en la red de redes por si encontraba luz al asunto. Lo cierto es que busqué con poca fe. Nunca llegué a creer en el maleficio de esta hermosa flor, aunque siempre practiqué el por si acaso. Reconozco que, muy a pesar mío, soy algo supersticioso. No mucho, pero algún brote tengo.

Efectivamente, no encontré aproximación alguna al respecto. Pero si referencias curiosas. Por ejemplo, la hortensia es símbolo de belleza y abundancia debido a la forma de sus flores. En Asía, regalar hortensias rosas están relacionadas con el amor, igual que un ramo de rosas rojas. También me encontré con una leyenda que sostiene que, si hay hortensias en la casa, las mujeres solteras no se casarán nunca. Y que quienes estén casadas y las planten en sus hogares, corren el riesgo de que la relación no vaya bien. Tampoco para el Feng Shui, antigua filosofía china que busca el equilibrio energético en un espacio para mejorar el bienestar de quienes lo habitan, esta planta sale bien parada, ya que simboliza soledad, fracaso y aislamiento. Para otras culturas, las hortensias son símbolo de gratitud, de gracia, belleza y abundancia, debido a la cantidad exuberante de flores. Hay también quien las consideran como una de las siete plantas que atraen a la mala suerte.

En resumen, que después de todo lo leído, y que tiene su gracia, llegué a la conclusión de que ya era hora de abrir las puertas de casa a las hortensias y de disfrutarlas no solo en los jardines o parterres de los apartamentos en los que hemos pasado nuestras vacaciones en familia durante tantos años. ¡Que ya tenemos una edad!