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martes, 16 de julio de 2024

01412 La Virgen del Carmen y sus Romerías Marineras

 "STELLA MARIS"


Acabo de darme cuenta que hoy es 16 de julio, día de Nuestra Señora del Carmen, patrona del mar, de los marineros y de la Armada Española. Amante y seguidor como soy de las tradiciones, he recordado que por algunos de mis archivos fotográficos guardo imágenes de romerías en torno a la Virgen del Carmen que he podido presenciar. Las que he seleccionado para ilustrar esta entrada datan del 16 de julio de 2019, y si no estoy en el error, tengo anotado que pertenecen a la romería del Carmen que se celebró en la pequeña y costera localidad almeriense de La Isleta del Moro.

La romería nos cogió por sorpresa en una de las muchas excursiones que hicimos por tierras almerienses. Íbamos hacia el cabo de Gata y paramos a tomar un café en la mencionada localidad, cuando observamos un buen ajetreo de gente y barcas para acompañar a la Virgen del Carmen. Nos tomamos el café con toda celeridad y nos dirigimos hacia un lugar elevado para no perdernos detalle y ver cómo los isleteros sacaban a su pequeña imagen al mar y navegaban junto a ella en su honor.

A mí, que me gusta el mar, tal y como se puede comprobar en este caleidoscopio vital, pero más contemplativo y sin jugarme el tipo como los marineros y pescadores, disfruté de este entrañable y festivo acto, además de unirme a la oración.

Por cierto, la historia de la Virgen del Carmen es un tanto curiosa. Como es obvio, las historias en torno a la figura de la virgen del Carmen son puramente religiosas, y los escritos llevan el origen de esta celebración hasta Israel, concretamente hasta el Monte Carmelo ('Karmel', que significa jardín). En vista de una fuerte sequía, cuentan las escrituras que el profeta Elías prometió a Dios que el rey Ajaab y su pueblo abandonarían al dios Baal para que aquél terminara con la sequía. De este modo, subió en varias ocasiones al Monte Carmelo para ver si su promesa surtía efecto. No sería hasta la séptima vez que subió que vio “una nubecita no más grande que la palma de la mano”. Muchos creyentes se fueron al Monte Carmelo para venerar el lugar. Allí fue donde nació la Orden de los Carmelitas.  

En el siglo XIII, el superior general de los Padres Carmelitas del convento de Cambridge, San Simon Stock, “vio cómo se le aparecía la Virgen del Carmen, con un escapulario que daba el paso al cielo a quien lo portara al morir: la virgen prometió al superior que todo el que muriera con su escapulario jamás iría al infierno”. Ocurriría el 16 de julio de 1251.

“Fue el propio superior San Simon Stock el que llamó a la Virgen 'Stella Maris', "estrella de los mares", lo que propició que el colectivo de marineros se encomendara a esta virgen. No es de extrañar pues, que se convirtiera en patrona de los marineros, pero años después, en 1901, también oficialmente en patrona de la Marina de guerra española y del resto de navegantes del mar”. Con todo, el primer uso fiable del concepto de 'Stella Maris' viene de los escritos de Pascasio Radbertus, en el siglo IX, cuando describía a la Virgen como una guía para seguir en el camino hacia Cristo y "no zozobrar en medio de la tormenta que alza olas en el mar".

Se calcula que hay en torno a 400.000 mujeres que llevan en España el nombre de Carmen, amén de aquellas más de 3.000 Carmelas y las más de 650.000 María del Carmen. Así, que más de un millón de mujeres celebran su santo en este 16 de julio. Muchas felicidades a todas y mi reconocimiento a marinos, marineros y pescadores.  

 









lunes, 3 de junio de 2024

01360 El Traje Ansotano

DE ORIGEN MEDIEVAL


El último domingo de agosto, se celebra en la localidad altoaragonesa de Ansó, el Día del Traje Típico Ansotano; declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Una jornada en la que la atractiva villa pirenaica se convierte en un museo viviente y donde sus vecinos recrean costumbres típicas y tareas cotidianas de otros tiempos, ataviados con sus trajes tradicionales. Unas vestimentas únicas y centenarias, que según he podido leer, María Mendiara Navarro y Jorge Puyo, fallecidos en 1986 y 1992, respectivamente, vistieron de modo habitual a lo largo de sus vidas. En la actualidad su uso se limita a celebraciones y actos culturales.

El traje ansotano, de origen medieval, es uno de los de mayor edad y mejor conservados de toda Europa. Si por algo se caracteriza, además de por su vistosidad, es por sus robustas y coloridas telas, la infinidad de motivos y detalles decorativos, sus laboriosos peinados y la amplia diversidad de modelos, uno para cada momento y necesidad del día a día.

Se dice que “la diversidad de trajes nunca estuvo reñida con la igualdad, que tradicionalmente imperó en la sociedad ansotana. Pobres o ricos lucían vestimentas similares, únicamente diferenciadas por la calidad de ciertos tejidos o las joyas con las que se engalanaban las mujeres, es decir, por aquellos elementos que se importaban del exterior. Por contra, aquellos otros de elaboración autóctona no sabían de diferencias de clases, y su mayor o menor vistosidad dependía de la habilidad de quien los confeccionara”.

Durante mi vida profesional siempre me vi obligado a coger vacaciones en la segunda quincena de agosto. Así, que nunca tuve la oportunidad de asistir a este gran día que se vive en Ansó. No sería hasta que “me jubilaron”, cuando sin pensarlo dos veces, el último día de agosto, allí que me fui. Si ya de por sí esta villa es bella, vivirla con cientos de gentes por sus calles y participar del colorido y del ambiente festivo con el que se impregna la localidad, es una delicia. Llegué temprano para no perderme el más mínimo detalle y abandoné la villa después de comer. Durante mi estancia, pude comprobar en primera persona cuanto había oído y leído sobre este gran día. Y no me decepcionó. La villa bullía, y los ansotanos y ansotanas, niños, adultos y mayores, vestidos con los centenarios trajes no pudieron ser más atentos y amables. No sé cuántas fotografías llegué a disparar. Apetecía todo. Gestos, trajes, detalles… Y a la pregunta de si podía hacerles una fotografía, siempre obtuve un sí, una sonrisa y hasta alguna gentil pose por respuesta.

Pude admirar e incluso tocar, trajes de bautismo, el de periquillo para la confirmación, el de “pa diario d’os críos”, el de la primera comunión de las niñas, el de fiesta de “mullé”, el de trabajo para las labores diarias, el de “saigüelo” de misa de las mujeres, el de novios para la iglesia, de calle y para después de la ceremonia y hasta el de alcalde, exclusivo para la máxima autoridad municipal. Y muchos más. También pude recrearme con la escenificación en distintos lugares de la vida, de algunas costumbres típicas y tareas cotidianas de la vida en familia. Todo esto en un ir y venir, pues todo me llamaba la atención y en todos los sitios quería estar. Fue un día inolvidable. En mi despedida, agradecí a los vecinos de Ansó, el tesón y la dedicación por mantener vivas sus tradiciones y no dejar que caigan en el olvido. En 2024, si no estoy en el error, cumplirán su 53 edición, dedicada a la exaltación del Traje Ansotano.

Muy recomendable, por cierto, la visita al Museo del Traje de Ansó, ubicado en la ermita de Santa Bárbara, en la calle Santa Bárbara, 2.  El museo hace un completo recorrido por las distintas etapas y transiciones de la vida de los ansotanos a través de su indumentaria, ligada a su vida cotidiana y, de forma muy relevante, a los diferentes actos litúrgicos.

Desde este caleidoscopio vital, vaya mi más sincero aplauso.



















martes, 19 de diciembre de 2023

01233 Las Bilbainadas

 NOS VAMOS DE PINTXOS


Llevo toda la mañana decidiendo si incluir a las bilbainadas en el listado de las diez mil cosas que me gustan. Como género musical popular propio de Bizkaia, claro que me gusta. Pero mi historia personal con estas canciones creadas en el “bocho”, me entristece. Finalmente, me he decantado por incluir a las bilbainadas, por los momentos, aunque difíciles, que me hicieron pasar junto a mi hermano Antonio, fallecido en 2019, y quien siempre compartió su corazón entre Bizkaia y el Altoaragón.

Sabía de la existencia de las bilbainadas, no en vano, viví varios años en Bilbao. Pro no sería hasta 2017, en plenas fiestas bilbaínas, cuando tuve la oportunidad, de la mano de Antonio, de conocer el sentir y decir de estas canciones alegres y guasonas, cantadas en pleno Casco Viejo bilbaíno.

Fue Antonio, mientras íbamos de tasca en bar y de bar en tasca siguiendo a las cuadrillas de amigos cantores, quien me introdujo en la historia de esta tradición bilbaína y que está ligada a una de las costumbres más arraigadas de la ciudad; “ir de pintxos”. Aunque su origen hay que buscarlo en la fundación de la Villa de Bilbao, no sería hasta los siglos XIX y XX, cuando la bilbainada se vería influenciada por los ritmos de la habanera, con las vivencias del grupo, la curiosa observación y la ironía. Ya, entre 1920 y 1930 nacerían los primeros grupos de bilbainadas.

Las letras de este género musical Bizkaino hablan de Bilbao y su entorno, con versos sencillos y espontáneos. Desde 1989, la emisora bilbaína Radio Nervión viene convocando un concurso con el fin de revitalizar las bilbainadas.

Solo dos años pude disfrutar con Antonio de este espontáneo, callejero y multitudinario hecho musical. Y cuando digo disfrutar, no es una forma de hablar. Estaba ya enfermo, pero su vitalidad era contagiosa. Tanto, que te hacía olvidar su gravedad. Su siempre espíritu inquieto me llevaba de un lado a otro, sin pausa, con alegría y a la espera de escuchar una de sus bilbainadas favoritas; “Un inglés vino a Bilbao” y cuya letra reza así: “Un inglés vino a Bilbao/A ver la ría y el mar,/Pero al ver las bilbainitas,/Ya no se quiso marchar./Vale más/Una bilbainita/Con su cara bonita,/Con su gracia y su sal,/Con su gracia y su sal,/Que todas/Las americanas,/Con su inmenso caudal,/Con su inmenso caudal,/Con su inmenso caudal.

Entre saludos, aúpas, sonrisas y bilbainadas se nos iba la, para mí, inolvidable mañana. Y lo más importante, veía a mi hermano feliz. Y yo, con él. Precisamente, por esos momentos que pasamos en torno a las bilbainadas, me he decido finalmente incorporarlas a este caleidoscopio vital, aunque me causen dolor su recuerdo.