Creo recordar que por alguna entrada de este caleidoscopio vital ya he dejado escrito otro particular reto en el que ando inmerso y que no es otro que lograr visitar todos los pueblos y núcleos de la provincia de Huesca. A esta alturas, debo sumar ya la mitad, más o menos.
Hoy traigo hasta aquí el pequeño municipio de Lascuarre, en la comarca de la Ribagorza, en la parte baja del Valle del Isábena. Fue una visita rápida, excesivamente apresurada para mi gusto, pero no por ello dejé de percibir su encanto. El transitar por sus calles y callejas resultó grato y sugerente, mientras la mirada se recreaba entre la siempre atractiva arquitectura popular. Los detalles saltaban a la vista: curiosos llamadores, ventanas enmarcadas por sillares, escudos de armas y pasos bajo arcos que nos llevan a tiempos medievales. Algunos de sus edificios todavía hablan de su pasado de esplendor, de cuando a mediados del siglo XIX la población superaba los 900 habitantes. Un siglo más tarde, la despoblación, como en tantos otros municipios rurales, pasaría factura, para dejar la población actual en torno a los ciento cincuenta vecinos.