lunes, 20 de junio de 2016

00314 La Flor de la Mano Tendida

EL DULZOR DE UN AUXILIO


No sé su nombre. Lo he buscado en mi resumida enciclopedia de plantas pero a su editor o expertos en la materia no les debió interesar cuando la confeccionaron. En Internet tampoco he sabido encontrar nada. No hay nada más inútil que buscar sin saber lo que buscas. En esto sí que soy experto. Sólo me queda ir con la fotografía a una floristería. Así lo haré cualquier día de estos. Acudir a quien sabe es lo más práctico.

Nunca la había visto hasta ahora. O si así fue, no me quedé con su fisonomía. Llegó a la terraza de casa esta primavera junto a otros bulbos también sin nombre, pero perfectamente reconocibles conforme fueron asomando su flor. Estas tardaron en salir. Un buen día, entre su follaje, empezaron a brotar unos finos tallos. Tenía curiosidad por saber de qué se trataba. Según se fueron sucediendo los amaneceres, en el final de los tallos aparecieron  acomodados unos pequeños brotes que acabarían siendo unas hermosas y aromáticas flores. Hasta que se abrieron a la vida, y en mi expectación,  se me antojaron como manos abiertas y tendidas. Quizás porque hoy son muy pocas las manos que se abren y acercan, así quise verlas en esta desconocida flor. Parecían sugerírmelo en el secreto lenguaje de las flores.

En días sucesivos me aferré a ellas en ilusionada fantasía. Cómo no hacerlo cuando las ausencias se tornan en  incómodas compañeras de fatigas. Imaginé manos de desinteresado auxilio, cuencos dónde abandonar la pesada carga de los días marchitos. Me acostumbré a su proyecto de vida como quien se acostumbra al pasar de los días.

Y llegó el momento en el que los diminutos capullos se convirtieron en flor. Las manos dijeron adiós para dejar blancas trompetas perfumadas con olor a limpio y frescor. Ya no hay manos, es cierto. Hay dulzor de un auxilio que entendió de un pesar y un dolor.






No hay comentarios:

Publicar un comentario