domingo, 6 de marzo de 2016

00250 La Iglesia Monasterio de San Pedro de Siresa

MONUMENTO SINGULAR


Durante algunos años fue una imagen cotidiana de mis breves estancias en la vecina Hecho. Destino final de breves paseos, apenas tres kilómetros, acompasados por el run run de un río inquieto y perfumados por el boj que se dejaba acariciar por un sol cercano, el mismo sol que secaba sus diminutas y brillantes hojas tras las tormentas sin previo aviso. Llegar, admirar, recrear y volver de nuevo al lugar de origen.

Pudo incluso ser el escenario donde Gloria y yo contrajéramos nuestro compromiso vital hace 22 años. Por aquel entonces, el estado de rehabilitación de tan magnífica obra nos llevó hasta Roda de Isábena.

Monumento histórico artístico de carácter nacional desde el año 1931, para algunos estudiosos es uno de los monumentos más importantes de Aragón y más singulares y extraños de la arquitectura medieval española. Leo en arteguia.com, portal del románico y arte medieval, que a pesar de los numerosos especialistas que lo han estudiado son muchas las dudas que todavía arroja, en cuanto a sus fases constructivas.

Por este lugar pasaba una calzada romana que comunicaba el interior de la Península con Francia. "Lo primero que llama la atención es encontrarnos un edificio de dimensiones catedralicias, notables sus medidas de largo y ancho, y sobresaliente en altura, en un pueblecito donde lo normal sería encontrarnos con las habituales y encantadoras iglesias o ermitas del románico rural".

"La razón para explicar tan magno edificio hay que buscarla en su origen monástico y en el apoyo regio con que contó. Se sabe que el conde carolingio Aznar Galíndez estableció aquí un monasterio en el año 833 bajo la regla de San Crodegando y que pronto se convertiría en uno de los corazones espirituales de los jóvenes condados aragoneses y también uno de los motores altomedievales que impulsaría el reino de Aragón. De hecho, Alfonso I el Batallador pasó su infancia y fue educado en este monasterio de San Pedro de Siresa".

En el año 922 se convirtió en sede episcopal, pero fue abandonado durante la destrucción de Pamplona por parte de Almanzón. En 1603 pasó a depender de la Diócesis de Jaca y en 1077, Sancho Ramírez lo cedió a una comunidad de monjes agustiniano. En 1145, San Pedro de Siresa pasó a depender realmente de la Catedral de Jaca, motivo por el comenzó un proceso de pérdida de vitalidad e importancia.

Desde su origen, el monasterio ha sufrido varias fases constructivas no exentas de especulaciones y sólo se conserva la iglesia. Lo que ha llegado hasta nuestros días es "un misterioso templo de grandes dimensiones, construido con sillería y desnudo completamente de escultura monumental. Tiene planta de cruz latina, formada por una sola nave y transepto acusado en planta. Tiene la iglesia una cabecera con ábside poligonal al exterior y semicircular al interior. Este ábside se levanta sobre una cripta, al tener que adaptarse a un terreno desigual y más bajo en esta zona".

















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