martes, 10 de noviembre de 2015

00170 Abandonarme a los Paisajes

SIN TIEMPO, SIN EXCUSAS

Sólo abandonarme. Sin urgencias, sin necesidad de aprender lo mirado. Sólo el momento y el instante lo saben. Todo lo demás es indiferente y evitable. Nada se pronuncia.

Me abandono a la luz y al color como el estandarte se abandona al viento. Como si llevaran consigo la llave maestra de todas las bellezas. Todo se impregna de una calma esculpida de agua, roca, pasto y vida. No hay rostros en los que reconocerme ni reproches que hacer a las seductoras miradas. Todo y nada en la quieta estampa como si guardase una advertencia inseparable.

Hoy,  un mar en calma. Mañana,  una ciudad dormida, un río presuroso por conseguir destino, un bosque de hayedos, una calle desierta, quizás mañana toque un paraíso de olvidos.

Abandonarme a los paisajes sin tan siquiera una sola sospecha. Reanudar la dicha para elevar sobre el horizonte insignificantes suspiros sin importancia. Los otros, los de diario, me los trago mientras observo una inmensa expresión poco corriente. Es posible que nada sea cierto. Son asuntos míos. Todo lo demás es real; el agua, el viento, la sierra difusa, el parpadeo de las hojas, la tierra húmeda, el camino sereno. Todo forma parte de una magia incontestable.

Y respiro feliz con una ligera mueca. Soy un alma viviente, frente a frente, abandonada en cualquier paisaje.






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